Enero-2007

 

AÑO NUEVO, PROBLEMAS VIEJOS…

 

Los problemas existen, los problemas se conocen y son solucionables, pero no se quieren solucionar. Ya lo decía Einstein: “Si esperas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. Pues seguimos haciendo lo mismo. Nos hemos vestido con el traje lingüístico de la “democracia, la libertad, la paz, los derechos humanos,…”, pero de ahí no pasamos, seguimos con las mismas, y en la práctica prevalecen los propios intereses. Así que los que más tienen y más pueden son quienes marcan los destinos y los niveles de vida de todos los demás.

 

Es escandalosa la concentración de los recursos humanos en manos de unos pocos. La mayor violencia existente es la de la pobreza y la falta de oportunidades. El escándalo de la pobreza: en este año que termina hemos constatado que desgraciadamente los llamados “Objetivos de Desarrollo del Milernio”, fijados para el año 2015, se declaran imposibles de alcanzar. Ésta es, sin duda, la peor noticia del año: ni la reducción de la pobreza, ni la atención primaria de la salud, ni el acceso al agua potable han avanzado del modo que se esperaba, a pesar de la modestia de los objetivos.

Resulta inaceptable que los países ricos sigan tratando de imponer sus intereses egoístas en las negociaciones de la OMC, a través de unas ventajas comerciales inaceptables que perjudican gravemente a los miles de millones de personas que viven en la pobreza. Son centenares de miles las víctimas mortales por hambre.

 

En  Palestina, en Irak se sigue derramando sangre de inocentes a manos de unas tropas de ocupación extranjeras que no han tenido el menor reparo en arrasar ciudades enteras o que utilizan la humillación y la tortura como armas de guerra en pleno siglo XXI. Cien personas mueren violentamente cada día en Irak.

Más de 20 guerras continúan generando hambre y sufrimiento en el resto del planeta. Guerras todas ellas invisibles, no mediáticas, inexistentes a ojos de la humanidad: Argelia, Burundi, Costa de Marfil, Nigeria, República Democrática del Congo, Somalia, Darfur, Uganda, Colombia, Afganistán, Filipinas, India, Indonesia, Nepal, Sri Lanka, Tailandia, Chechenia,…En Sudán, decenas de miles de personas han muerto desde 2003 y más de dos millones se han visto desplazadas por la fuerza de sus hogares.

Millones de personas se vieron obligadas a huir de la violencia o fueron víctimas de constantes violaciones de los derechos humanos ante la parsimonia internacional.

La parálisis de la comunidad internacional ha permitido y permite que esto siga sucediendo.

 

El genocidio silencioso del SIDA volvió a cobrarse la vida de más de ocho mil personas cada día, en su mayoría en el continente africano. Más de tres millones al finalizar el año. Existieron nuevamente pomposas declaraciones, iniciativas sin respaldo financiero y, sobre todo, la alarmante actitud de una industria farmacéutica reticente a abandonar sus privilegios y deseosa de hacer negocio con la desdicha y el descalabro humano. Retienen las patentes que abaratarían los medicamentos antirretrovirales, existentes en todo occidente, que se convierten en una quimera para pueblos como el de Zimbabwe, Malawi o Swazailandia, donde el 40% de la población se muere de SIDA ante la codicia y la maldad de unos pocos.

 

Continuamos llamando naturales a desastres no tan naturales: Inundaciones, huracanes, olas de calor y de frío, terremotos,... De nuevo los más empobrecidos fueron las principales víctimas de unos fenómenos que, lejos de ser fruto únicamente de la fatalidad, tienen sus raíces en las alteraciones que los seres humanos estamos provocando en el planeta, o en la extrema vulnerabilidad de unos países que no gozan de la capacidad necesaria para hacer frente a la adversidad. Las imágenes que ofrece la televisión resultan conmovedoras y ahí queda todo...

En el mismo sentido la sequía que cada año arrasa cosechas en el continente africano y que está dando toques de atención en muchos países del planeta…

 

La “paz de Bush se sigue imponiendo a la paz ciudadana: El proyecto imperial de Bush sigue apostando por el discurso de la polarización y el miedo, por la estrategia del rearme, por la potenciación de la seguridad a costa de limitar libertades y derechos, por el desprecio al Derecho Internacional y nacional…

Las Naciones Unidas son incapaces de llevar a cabo otro discurso de paz y de desarrollo, por falta de recursos que sufre la organización, por la inexistente voluntad de las potencias que la rigen y, en definitiva, por la deformación genética que la convierte en inoperante hasta que sea objeto de una profunda y desinteresada reforma.

 

Con incredulidad y cierto desprecio se valoran las iniciativas de cambio: los Foros Sociales Mundiales, Movimientos contra la Globalización capitalista, cambios de gobiernos en Latinoamérica menos incondicionales de Estados Unidos, la consolidación del G-20 o países no alienados, movimientos de resistencia en zonas de conflicto como Palestina o Irak, movimientos contra la guerra, o contra la falta de vivienda, o contra la deuda externa,…

 

El panorama es viejo. Esto que está escrito aquí también son palabras, aunque tengan el matiz de denuncia. No obstante, el panorama descrito nos afecta irremediablemente. Aunque haya gente que lea estas noticias como si fueran deportivas o meteorológicas…

Sabemos que las causas de muchos de estos males son estructurales y que, por tanto, la responsabilidad de ellos recae mucho más sobre quienes tienen en sus manos la gestión de la convivencia en el planeta y que, con excesiva frecuencia, sólo piensan en su propio poder y en sus intereses grupales.

Pero esa insolidaridad de los poderosos se ve acolchada por la insensibilidad de la ciudadanía. Aquí no se salva nadie, unos por consumidores y otros por consumidos. Esa es quizás la gran arma de lucha del futuro: nuestra condición de consumidores.

Es verdad que actualmente la sociedad de consumo nos consume y, además, pagamos.

Pero de la debilidad puede brotar la fuerza: es posible que caigamos en la cuenta de que no por consumir más disfrutamos más y vivimos más; es posible que se valore la austeridad como un ejercicio y una virtud del futuro y como una solución para la humanidad; es posible que la fuerza de la unión de consumidores pueda menoscabar el poder del Mercado; es posible que descubramos el fenómeno de la idiotez social, para ciertos idiotas, su mayor ilusión es morirse ricos; ES POSIBLE OTRO MUNDO Y OTRAS RELACIONES SOCIALES.

Reconocemos que el que juega con fuego acaba por quemarse…y estamos jugando con fuego.

Nuestro mayor ánimo y los mejores deseos para este año 2007:

“Viejo es el viento y aún sigue soplando”

 

d.t.

 

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Algunos datos tomados de Papeles CiJ .176