Octubre-2008

 

Crisis, ¿para quién…?

 

Todo el mundo habla de la crisis, todos los medios la presentan como su tema estrella. Los ricos siempre son estrella, sus triunfos y fracasos siempre son estelares.

El espectáculo está siendo maravilloso, como se dice en la sección de “neoliberalismo” de esta web.

Un grupo privilegiado de la humanidad sufrió un revés en sus negocios, y todos los países y habitantes del planeta entraron en crisis. Un grupo de privilegiados, de grandes potentados económicos y financieros, locos por conquistar más y más dinero, más y más poder, con todos los medios legales o ilegales a su alcance, limpios o sucios, normalizados o criminales, como dice Saramago.

Todos los gobiernos se han apresurado a inyectar dinero público (hasta TRES BILLONES de euros) para ayudar a esos bancos y entidades financieras privadas.

No se habla de otra cosa.

Es manifiesta la complicidad de los gobiernos, la complicidad de los medios, la complicidad de Organismos e Instituciones (Unión Europea, Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial,…) ¿Quién les demandará por cómplices?

¿Podrán ser juzgados y condenados los responsables directos del terremoto que está sacudiendo nuestras casas, la vida de nuestras familias, o nuestro trabajo?

 

Curiosa coincidencia: El 16 de Octubre se celebró el Día Mundial de la Alimentación. Sin ruido y sin ninguna ostentación, el hambre está matando a casi mil millones de personas en el mundo.

Paradójicamente aquí no hay complicidades de los medios, ni de los gobiernos…

Veinte millones de niños menores de cinco años sufren desnutrición severa y están condenados a morir prematuramente.

Resulta vergonzoso, si tenemos en cuenta lo dicho más arriba, que el coste aproximado para tratar a estos millones de pequeños con desnutrición grave no superaría los 3.000 millones de euros. Una cantidad absolutamente ridícula comparada con el dinero público inyectado a las entidades financieras.

Tan ridículo como que nos digan que para combatir la falta de alimentos en el mundo se necesita la cantidad de 22.000 millones de euros anuales. Los países occidentales, por ejemplo, subsidian cada año a sus sectores agrícolas con 275.000 millones de euros. O el coste anual en armamento supera los 876.000 millones de euros.

Un auténtico escándalo: Los mismos gobiernos occidentales que salvan bancos (cuyos directivos  únicamente se ocuparon de amasar enormes fortunas) están prohibiendo comer a millones de personas (aunque la alimentación adecuada esté considerada oficialmente un derecho).

Que nadie eche mano de la fácil salida de acusarnos de demagogia. Conteste primero: ¿Es verdad o no que la Ayuda Oficial al Desarrollo se ha reducido? ¿Con qué fines se levantan muros y alambradas en las fronteras, para evitar la movilidad de los capitales, de los negocios, de las mercancías, o sólo de los pobres? ¿A quién va dirigida la europea ‘Directiva de la Vergüenza’, a regular empresas y capitales extranjeros, o sólo a los inmigrantes pobres cuando no se necesitan? ¿Qué es, entonces, lo que prima: el dinero o los derechos humanos?

 

Algunos detalles:

* El presidente de la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), Jacques Diouf, ha acusado a los líderes mundiales de ignorar las advertencias lanzadas por su agencia. En su opinión, lo que verdaderamente hace falta es voluntad política y medios. «Los países más pobres son las principales víctimas del cambio climático; los fenómenos meteorológicos extremos afectarán a los pequeños productores agrícolas y forestales, ganaderos y pescadores con las consiguientes repercusiones negativas para acceder a los alimentos».    

         * Solomon Desta, director de la escuela de primaria de Bashiro, dice que los colegios de Etiopía se están quedando sin estudiantes por culpa del hambre y la desnutrición. Los niveles extremos de inseguridad alimentaria han persistido en el sur y el sureste de Etiopía a causa de la falta de lluvia, las enfermedades del ganado, los conflictos, la inadecuada asistencia humanitaria y el fuerte incremento de los precios de los alimentos.    

«Estas circunstancias ponen a los padres en una situación desesperada. Para las familias pobres, los costes básicos del material escolar son ahora completamente desorbitados. Todo el dinero debe ir a encontrar comida. En muchos casos, los niños no comen lo suficiente como para hacer el camino a la escuela y tampoco pueden concentrarse», destaca la ONG Save the Children. 

El distrito de Wollayta, en la localidad de Sodo (a 330 kilómetros al sur de Addis Abeba), es una de esas zonas castigadas por las inclemencias del tiempo. Afronta la peor sequía desde 1984. Ese año, la tierra se secó completamente y alrededor de un millón de personas murieron de hambre.

* El ex relator de la ONU Ziegler tilda el hambre de «crimen de la humanidad». Imagínense a esos miles de africanos amenazados de muerte por el hambre que se enteran gracias a su pequeña radio de que los estadounidenses y europeos prefieren salvar sus bancos. Un niño que fallece de hambre es un asesinato.

«Para obtener 50 litros de bioetanol, necesarios para que reposte un coche estadounidense, hay que quemar 358 kilos de maíz, lo que haría vivir a un niño mexicano durante un año».

         * Según la organización Save The Children, diez millones de niños menores de cinco años mueren al año en el mundo, principalmente por las altos índices de desnutrición que padecen los países más pobres, y también por enfermedades prevenibles. El 90% de estas muertes son producidas por la malaria, el sarampión, el SIDA, la diarrea y la neumonía. Estas enfermedades son prevenibles con vacunas o material médico de bajo costo.       
Alonso añade que para los laboratorios y organizaciones médicas privadas es más rentable seguir fabricando medicamentos para la población de los países ricos, que investigar y elaborar las vacunas y sueros que podrían salvar millones de vidas en los países pobres, aún a costos muy económicos.

Las crisis parecen amontonarse: crisis energética, crisis alimentaria, crisis económica y financiera, crisis climática,…

Todas tienen algo en común: todas son provocadas por unos sectores sociales, siempre los mismos, y todas afectan especialmente a otros sectores sociales, siempre los mismos.

Parece que las crisis sólo son crisis para los pobres, para los indefensos.

Todo en nuestro mundo se ha globalizado: la tecnología, la economía, el transporte, las telecomunicaciones, la contaminación,…todo menos el bienestar. Sólo eso queda pendiente de globalizar: los derechos humanos.

 

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