Diciembre-2005

¡Otra Asia es posible!

Michael Amaladoss

Instituto para el Diálogo con las Culturas y las Religiones, Chennai, India.

Asia tiene la mitad de la población del mundo. Excepto en algunos de sus países, como Japón, Taiwán, Hong Kong, Singapur y Corea del Sur, forma parte del tercer mundo. Abarca muchos pueblos pobres, y la brecha entre los ricos y los pobres está creciendo. En su afán por alcanzar a las economías más ricas, los países asiáticos se están comprometiendo con un desarrollo tecnológico no planificado que conduce a la destrucción ecológica. A las multinacionales se les permite explotar los recursos humanos y materiales de Asia. El trabajo mal pagado de las mujeres y hasta de los niños es utilizado para bajar los costos de producción. La fuga de cerebros y el trabajo de los emigrantes están reduciendo sus recursos humanos. El turismo sexual –que afecta a mujeres y niños- es estimulado, o tolerado, como fuente de ingresos.

El proceso de mundialización está concentrando el poder económico y político, con el respaldo del poder militar de Norteamérica y Europa, convirtiendo a Asia en un inmenso mercado abierto a sus mercancías y en una fuente de trabajo barato. En la mayor parte de los países la población está creciendo. La concurrencia en torno a los limitados recursos disponibles está creando muchas tensiones entre varios grupos, mantenidos unidos hasta ahora por la religión, la etnicidad, la nacionalidad o la lengua. Hay conflictos permanentes de baja intensidad en muchos países. La panorámica parece oscura, y, en efecto, el futuro parece deprimente.

Pero hay muchos signos positivos de toma de conciencia del pueblo, que contrabalancean este cuadro negativo. Podemos afirmar confiadamente que otra Asia es posible. ¿Cuáles son los factores que nos animan a mirar así al futuro?
El más importante es la riqueza que Asia tiene en recursos humanos. En cuanto a la edad, Asia es un continente muy joven, comparado con la población envejecida de Europa y América. Tiene un gran ejército de gente joven. Este pueblo está enraizado y sostenido por culturas asiáticas milenarias, encabezadas por China e India. Estas culturas han sido capaces de resistir el impacto de las culturas europeas durante el periodo colonial, y de crecer por medio de una creativa interacción. También han sido capaces de integrar la ciencia y la tecnología modernas sin dañar sus valores básicos. No hay problema de secularización en Asia.
Se suele decir que el conocimiento es poder. El conocimiento hoy hace uso de los medios electrónicos. Es la tecnología de la información. En todo el mundo se sabe que la juventud asiática tiene una gran afinidad con esas formas de tecnología y conocimiento. Estos jóvenes jugarán un importante papel en el desarrollo del mundo del futuro. La tecnología de la información va a transformar la vida del pueblo asiático. Le va a ayudar a saltar de golpe varios estadios de desarrollo por los que Europa tuvo que pasar.

El pueblo asiático está también haciéndose políticamente consciente. En cada país, los grupos sometidos están haciéndose conscientes de sus derechos y se afirman a sí mismos por medio de toda clase de movimientos sociopolíticos. Aunque todavía hay algunos gobiernos violentos en algunos países, dictaduras militares sólo las hay en unos pocos países, como Burma y Tibet. La democracia está afirmándose, a paso lento pero seguro, en muchos países. El poder del pueblo se está haciendo visible por todas partes. Los indonesios derrocaron a su presidente en una revolución sin sangre. Timor Este consiguió su independencia. Una reafirmación semejante de la democracia ha tenido lugar en Taiwan y Corea del Sur. India sigue siendo la democracia más grande del mundo, con más de un millardo (mil millones) de personas.
Es curioso que la mayor parte de los países asiáticos son multiculturales y multirreligiosos. A pesar de tensiones ocasionales, han conseguido vivir juntos y crear comunidad. En Filipinas, Sri Lanka, India, Burma e Indonesia, las negociaciones de paz han sustituido a conflictos activos e incluso violentos. Esas negociaciones representan el reconocimiento de la identidad diversa de los grupos y de su autonomía dentro de una federación política. De esta manera, pueblos diversos son capaces de participar en la toma de decisiones y determinar su propio futuro.

También se ha dado un despertar en el campo de la ecología. La gente está más sensible al rol que la Tierra juega en la vida del ser humano y del cosmos. Los pobres y los grupos tribales en las áreas selváticas se han hecho conscientes de la destrucción creciente del ambiente y están resistiendo al avance de la tecnología. Se han dado también protestas contra el desplazamiento de la población y la destrucción de su hábitat cultural. Hubo un caso famoso en el norte de la India, donde las mujeres abrazaban los árboles del bosque para evitar que fueran cortados, aunque algunos de los taladores empleados eran sus propios maridos. En el sur de la India la población ha encontrado caminos alternativos a la contención de los ríos mediante sistemas de riego equilibrados. Los pescadores se han organizado para luchar contra la pesca de arrastre que destruyen los bancos de pesca y privan al pueblo pescador de su medio de vida. La gente de Filipinas ha sido capaz de detener la destrucción de las selvas con la producción de bienes agrícolas en fincas para el mercado de exportación. Estos movimientos populares han sido capaces de obligar a los gobiernos a proteger sus intereses en el equilibrio ecológico del universo. Y es significativo que muchos de estos movimientos son no violentos, según el ejemplo de Mahatma Gandhi.

Los valores centrales del pueblo están enraizados en la religión. Asia es la cuna de las religiones del mundo: hinduismo, confucianismo, budismo, cristianismo e islam. Todas estas religiones están resurgiendo y han adquirido una nueva configuración en el contexto del impacto de la modernidad. El secularismo es el resultado de la lucha entre el Estado y la Iglesia en Europa. Ese conflicto no se da en Asia, y por eso Asia no está secularizada como Europa. Aunque las religiones de Asia puedan parecer como volcadas a la otra vida, la verdad es que no descuidan la consecución de la plenitud de la vida aquí y ahora. Sistemas de meditación como el yoga y el zen promueven la paz interior y la armonía en medio de un mundo agitado. Estos sistemas se están haciendo más y más populares. La medicina alternativa promueve la salud holísticamente. La medicina tradicional de la India y de China están basadas en hierbas y en las energías del propio cuerpo. Prácticas como la acupuntura estimulan el cuerpo a sanarse por sí mismo. La energía que fluye del cuerpo ha sido estudiada experimentalmente y es canalizada por sistemas como la curación Reiki y Pranic. Concentración mental, energía psicofísica y hierbas naturales forman una poderosa combinación para promover una salud integral.
Aunque hay ciertas corrientes de fundamentalismo religioso y movimientos que usan las religiones como fuerzas políticas, las religiones asiáticas son mayormente amantes de la paz. En realidad, el fundamentalismo es una reacción a la opresión económica, política y cultural de los grupos dominantes mundiales.

En la Asia del futuro las mujeres llegarán a su autonomía. Es cierto que las culturas asiáticas han oprimido a las mujeres de varias maneras en el pasado. Pero en los últimos años la necesidad económica ha llevado a la mujer a la plaza pública a buscar trabajo. Esto les ha dado a ellas una nueva independencia y autoestima, así como una creciente presencia en la política. En India, por ejemplo, hay un movimiento a favor del otorgamiento del 33% de la representación del Parlamento a las mujeres. Nuevas áreas como la tecnología de la información son accesibles a las mujeres en cuanto que no exigen fuerza bruta, sino inteligencia. De hecho, en Asia hemos tenido mujeres primer ministro en Pakistán, India y Bangladesh. Hay mujeres presidentes en Sri Lanka y Filipinas.

Una de las razones del retraso de Asia es la dominación colonial de siglos pasados. Su nueva independencia ciertamente significa una nueva oportunidad. Un Asia diferente es ciertamente posible porque Asia tiene culturas que ofrecen otra visión del mundo y un sistema de valores diferente a la cultura dominante euroamericana, que es un sistema orientado hacia el consumo y la competencia, perjudicial para el cuerpo y para la tierra. Las culturas asiáticas son positivas, e integradoras del cuerpo y de la naturaleza. Mientras las culturas euroamericanas son individualistas, las culturas asiáticas con comunitarias. Son sensibles al «otro». La inteligencia emocional es parte de su sistema, y ellas son igualmente fuertes en racionalidad. La armonía ha sido su objetivo. Están enraizadas en la religión. Los asiáticos están volviéndose poco a poco conscientes de sus riquezas. Si pudieran desarrollar sus recursos, podrían satisfacer las necesidades de todos equitativamente. La juventud de su población garantiza que el futuro del mundo es suyo.
Como ha demostrado la reciente guerra contra Irak, el colonialismo, político y económico no ha acabado todavía. Pero la arrogancia de las fuerzas colonialistas será su destrucción. Esa es la oportunidad de los asiáticos para mostrar al mundo que tienen realmente un modo de vida alternativo: ¡otra Asia es posible!