Febrero-2006

Otra América Latina es posible

Claudia KOROL

Otra América Latina es posible, podría ser una consigna que recupere una aspiración, un sueño, una utopía; pero también puede ser el título de un programa de acción que no iniciamos hoy, que está en marcha, y que parte del reconocimiento de nosotros mismos, de nuestra cultura, de nuestra identidad, de nuestras potencialidades, de nuestra historia, de nuestras creaciones.

Desde la raíz
América Latina es como tal, como “latina”, resultado de una sucesión de invasiones y genocidios que instauraron a sangre y fuego el capitalismo, entendido no sólo como proyecto económico, sino como cultura de dominación. Al hacerse “latina”, negó su ser “inka”, “mapuche”, “maya”, “kuna”, “misquita”, “coya”, “tojolabal”, “tehuelche”, es decir: “multicultural”, como los hijos de esta tierra.
Reconocer este sello de nacimiento, obliga a pensar que una América Latina que sea otra, requiere mirar más abajo de la tierra que pisamos, hasta visualizar las raíces que pretendieron suprimir. Mirar los ríos de sangre que riegan nuestra identidad. Escuchar las diferentes formas de nombrar el maíz, el sol, la luna, el amor. Recuperar el lugar de las culturas resistentes, que aún continúan peleando por su existencia, como parte fundante de esta América.
Me refiero como primer paso, al respeto por las lenguas, por las historias, por las cosmovisiones de los pueblos originarios; y un paso más allá, establecer el diálogo necesario para un encuentro de nuestros pueblos, que no implique sometimiento, subordinación, sino la posibilidad de establecer los desafíos comunes a todos los oprimidos del Continente.

La unidad antiimperialista de Nuestra América
Un programa posible para otra América Latina, requiere comprender que el proyecto neoliberal pretende que avancemos en un tipo de fragmentación que nos presenta como una suma de regiones económicas (MERCOSUR, Región Andina, etc), que serían todas a su vez tuteladas por los Estados Unidos, en los marcos del ALCA.
Frente a ese programa que nos fragmenta, urge rescatar colectivamente el sueño martiano de Nuestra América, el programa bolivariano que decía que Patria es América, el proyecto continental de Guevara.
América Latina es un Continente con historia, con memoria. Las lecciones que nacen de las gestas emancipatorias de Bolívar, de San Martín, de Artigas, de Sandino, de Farabundo Martí, de José Martí, no son parte de un pasado a glorificar, sino de un presente a construir: la unidad de América Latina. Unidad como proyecto antiimperialista, que a su vez reconozca la diversidad de historias, de experiencias y de identidades que la habitan. Que sepa tocar la clave de lo nacional, como parte de una sinfonía continental.
Unidad que requiere identificar al imperialismo norteamericano -concepto que han querido poner en desuso, pero que la brutalidad de la dominación y de la política guerrera de sus gobiernos reinstalan una y otra vez-, como enemigo de la humanidad. No se trata de una consigna. Se trata de conocer los elementos con los que se ejerce la dominación: el FMI, el Banco Mundial, la militarización, el proyecto del TLC, el Plan Colombia, el Plan Puebla Panamá, el bloqueo a Cuba, y cuando les es necesario, la guerra y la invasión.
Es imprescindible tomar conciencia de la barbarie civilizatoria a la que empujan a toda la humanidad las políticas imperialistas, y establecer un plan de acción común de los pueblos de América Latina contra la guerra, el militarismo, el ALCA, y las distintas formas de dominación político-cultural en curso. Un plan latinoamericano de resistencia, que tienda también lazos hacia los latinoamericanos y tercermundistas que habitan “en las entrañas del monstruo”, y hacia todas las fuerzas políticas y sociales que emergen en el mundo, desafiando la lógica de una globalización que se hace sobre la base del exterminio de pueblos completos.
La unidad de América Latina puede ser, en esta perspectiva, un proyecto de integración político, económico, social, cultural, construido desde los movimientos populares en lucha, que permita resistir las políticas imperialistas con mayor eficacia, e integrarnos con identidad y proyecto en una perspectiva de globalización de las esperanzas.

Creer posible lo necesario. Realizar lo posible
¿Es posible, en tiempos de fragmentación, construir una propuesta de este tipo? No sólo entiendo que existen condiciones subjetivas para avanzar en esta dirección, sino que hay esfuerzos que ya se están realizando. No es un dato menor el hecho de que el Foro Social Mundial haya realizado ya su tercer encuentro en este Continente. Esto no es una casualidad, sino que es producto de las acumulaciones de resistencias y de búsquedas comunes realizadas. En este Continente existen diversas articulaciones políticas, sociales y culturales de los movimientos populares. Fortalecer estos espacios con acciones comunes que construyan identidad, resistencias y alternativas, alrededor de ejes temáticos que nos unifican, es un camino hacia nuestro mutuo reconocimiento, y en la forja de una posibilidad de propuesta mayor y más desafiante.
En 1973, el golpe de estado de Chile inauguró un tiempo de reflujo de los movimientos populares en América Latina. El terrorismo de Estado en cada país, financiado y asesorado por las políticas norteamericanas, realizó un verdadero genocidio, sólo comparable con el exterminio que abrió paso a la “conquista” de América, a fin de instaurar de manera homogénea el “nuevo orden mundial” del neoliberalismo.
Pero esta etapa comienza a revertirse. A pesar de que Estados Unidos incrementa su agresividad y su ofensiva en el terreno militar, es evidente que las políticas neoliberales han llevado a nuestros pueblos a un estado de desesperación y cansancio, que se revierte en crisis de gobernabilidad, y en la oportunidad de ensayar propuestas alternativas. Podemos analizar, en esta perpectiva, la potencialidad de los movimientos populares que inauguraron el enfrentamiento al TLC desde los confines de la Selva Lacandona, de los que llevaron a Lula al gobierno en Brasil, de quienes sostienen una perspectiva socialista en Cuba, o de los que derrotaron el golpe imperialista contra Chávez en Venezuela. Podemos sentir esta fuerza en las batallas que libra el movimiento popular en Bolivia, en Ecuador, en Argentina, en Colombia, en Centro América. Es responsabilidad y un desafío para estos movimientos, sostener el rumbo del proyecto alternativo, a partir de la intensa movilización y el crecimiento de sus fuerzas en la base social, agredida y golpeada por décadas de neoliberalismo.
Decía Che Guevara que las condiciones subjetivas son la conciencia de que el cambio no sólo es necesario, sino que es posible. Hoy lo que los pueblos empiezan a percibir, precisamente, es que es posible generar, autónomamente, un proyecto popular. Existe un nuevo espacio en la subjetividad de los movimientos populares, que permite comenzar a realizar estas posibilidades.

La batalla cultural
El reconocimiento de este hecho requirió superar la derrota producida por las dictaduras, y también ejercer caminos de reconstrucción de los movimientos populares, de ejercicio de su autonomía, de recreación de un pensamiento revolucionario, que no fuera tributario de las miradas eurocéntricas o de las imposiciones que surgen de la hegemonía conservadora mundial, sino que, recogiendo las diferentes vertientes teóricas y culturales del Continente, fuera elaborando un camino propio, que integrara de manera sistemática las experiencias producidas en la resistencia cultural, política y social a todas las formas de explotación y dominación.
Un desafío para que otra América Latina sea posible, es aportar a la creación de una cultura latinoamericana cuyos valores, ideas, pensamientos, símbolos, sean opuestos a los de la cultura que sostiene y reproduce la dominación capitalista. La sistematización de las experiencias de los movimientos populares, como camino para el desarrollo del pensamiento crítico, revolucionario, para la creación teórica colectiva, para la forja de los movimientos populares como intelectuales colectivos, para la formación política e ideológica de una nueva generación de intelectuales orgánicos, es parte de los desafíos a asumir, en los que la educación popular puede auxiliarnos, en diálogo con el pensamiento social, con las culturas originarias, con los aportes que provienen del feminismo, y de otras búsquedas emancipatorias.

Creando poder popular
Estos nuevos pensamientos y prácticas, irán forjando de manera colectiva los proyectos de poder popular, de creación de autonomía, de acumulación de experiencias de confrontación con los opresores. Aprendiendo a ocupar las tierras para hacerlas trabajar, como hace el MST del Brasil, aprendiendo a ocupar las empresas para hacerlas producir sin patrones, como los trabajadores de fábricas recuperadas en Argentina, aprendiendo a ocupar las conciencias y los sentimientos con sueños que merezcan ser vividos y no con propagandas que estimulan el consumismo y la alienación, como hacen los zapatistas, aprendiendo a transformar la memoria en fuego ardiente, como las Madres de la Plaza de Mayo, aprendiendo la pelea de la dignidad contra el dinero, que realiza cotidianamente el pueblo cubano. Espacios de poder popular, que multiplican la experiencia en la que se ensaya, como en un gigantesco laboratorio, la posibilidad de una nueva sociedad.

Una comunicación alternativa y popular
Otra batalla esencial, es la disputa de la información y de la comunicación entre los movimientos populares y la creación de sentidos e ideas que disputen con el sentido común conservador. Las articulaciones existentes, redes de medios de comunicación, la utilización eficaz de las posibilidades que ofrece Internet, las agencias informativas de los movimientos populares, las redes de comunicación de las organizaciones campesinas, o de los movimientos de mujeres, son una dimensión de esta pelea. Simultáneamente, es necesaria la denuncia de la manipulación informativa que realizan los grandes medios de comunicación de masas. El control de los grandes monopolios de la comunicación (hay proyectos en marcha existentes en esa dirección), los esfuerzos en dirección a la democratización de la comunicación, son aspectos estratégicos para la multiplicación de miradas que se acerquen a la realidad de lucha de los movimientos populares.

La articulación de un proyecto que enfrente a todas las formas de opresión
Las batallas anticapitalistas necesitan reunir las demandas económicas y sociales por el trabajo, la vivienda, la tierra, la educación, la salud, con las batallas contra todas las opresiones. Es necesario que las demandas de género, que la lucha contra las discriminaciones por la opción sexual, religiosa, por razones étnicas, que las denuncias de los ecologistas, sean parte -y no secundaria- de un programa que permita unir en un bloque político social a quienes sufren diferentes opresiones, y al mismo tiempo ir creando en los movimientos populares nuevas relaciones, construidas sobre la base del humanismo, del respeto, de la ternura, de la solidaridad. Relaciones que comiencen a anticipar, en nuestras experiencias de poder popular, de forja de autonomía y autoconciencia, el tipo de sociedad por el cual luchamos.

La opción por el socialismo
La opción por el socialismo parece ser la perspectiva necesaria a construir como proyecto civilizatorio, en el imaginario de millones de víctimas del capitalismo que fueron considerados descartables por el sistema de opresión. La opción por el socialismo no puede ser, en ningún caso, la repetición de modelos o dogmas; sino constituir en la perspectiva mariateguiana, creación heroica de los pueblos; o desde la mirada de la teología de la liberación, la realización de la opción por los pobres.

Socialismo. Opción por los oprimidos. Experiencia emancipatoria. Creación de hombres nuevos y mujeres nuevas. Memoria de los caídos que fertiliza nuestra creación.

Opción por el socialismo, no como consigna, sino como pedagogía de liberación. En palabras de Paulo Freire, maestro del siglo 21, pedagogía de la indignación, de la rabia, de la autonomía y de la esperanza. Pedagogía que multiplica pasiones y enciende el deseo. Opción de lucha no sólo contra la explotación, sino contra la alienación. Pedagogía que invita a luchar con alegría, con imaginación, con convicciones. Pedagogía que en estos tiempos nos invita a endurecernos, sin perder la ternura jamás, como nos pedía el Che, aquel Guevara que nos sonríe desde la tierra boliviana fertilizada con su sangre, floreciendo en rebeldías por el Continente, que dice, que anuncia, que cree, que otra América Latina es posible.