Diciembre-2007

 

¿ES POSIBLE LA DEMOCRACIA EN EL MUNDO?
EL REPARTO DEL MUNDO Y LA ETERNA LUCHA DE CLASES MUNDIAL
 

WIM DIERCKXSENS


En la batalla neoliberal por el reparto del mercado mundial, una parte creciente del mismo fue absorbido por las transnacionales a costa de mercados nacionales y locales, sobre todo en la periferia. La participación de las 200 mayores empresas transnacionales en el Producto Mundial Bruto (PMB) era del 17% en 1965. Treinta años después, el conjunto de las transnacionales había acaparado más del 50% del PMB, es decir, tres veces su participación 30 años antes (Beinstein, 1999:60). Al concentrarse los ingresos, tiende a reducirse la demanda global, ya que los más ricos consumen un porcentaje menor de su ingreso que el que consumen los más pobres. Sin embargo, mientras el quintil de la población mundial con ingresos mayores consuma casi exclusivamente productos transnacionales y los quintiles inferiores tiendan a consumir más productos locales, la concentración del ingreso tiende a beneficiar a las transnacionales.

En medio de la creciente miseria de las mayorías, aumenta la demanda de productos transnacionales, a menudo de carácter suntuario, y prospera el gran capital. Durante los años 80 y sobre todo en los 90, las bolsas de valores subieron sin cesar en medio de la miseria cada vez más generalizada. Se apostaba sumas cada vez más gigantescas con créditos cada vez más riesgosos. Dichas inversiones no ampliaron la base productiva; inflaron los precios de las acciones, sin contraparte de riqueza real. Las acciones tendieron a subir en forma geométrica, al tiempo que la base real de la economía crecía cada vez más lentamente. El resultado es una creciente masa de dinero virtual sin respaldo en la economía real.

A principios del nuevo milenio amenaza una recesión mundial. Hacia finales del año 2001, los países centrales entran simultáneamente en recesión. Un crecimiento económico negativo contrae la demanda de productos transnacionales y, por ende, peligran las ganancias transnacionales. Como resultado, el precio de las acciones tiende a caer y la bolsa de valores entra en crisis. Entre abril de 2000 y el 10 de setiembre de 2001, las acciones bursátiles cayeron -como promedio mundial- en un 31%. El 11 de setiembre, entonces, no fue responsable de la crisis bursátil (Tablada y Dierckxsens, 2004:167-168).

El atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001 fue utilizado para atribuir los malos resultados económicos al terrorismo. La guerra contra el terrorismo, en esencia, revela una modalidad coercitiva para profundizar el reparto del mercado mundial existente. Es una geopolítica del terror que ya no parte del libre juego del mercado. Si no existe lugar en este mundo para todos (los capitales), unos (Occidente y sobre todo EEUU) consideran que tienen más derechos a estar en este mundo que otros (Oriente en general y el Islam en primer lugar). Legitimar la política de exclusión sobre la base de la supuesta amenaza a Occidente del Islam, con la justificación ideológica de que se trata de civilizaciones y religiones fundamentalistas inferiores y peligrosas, implica el paso de la exclusión a la eliminación metódica. El resultado es que la geopolítica se aparta de la democracia formal y tiende a un etnocidio con carácter neofascista.

El terrorismo oficial fomenta el terrorismo de los dominados y tiende a justificarse con su creación. El terrorismo oficial así busca legitimarse. De esta forma se crea un círculo vicioso de terror. Se engendra un mundo donde nadie se siente seguro, ni en la periferia ni en los propios centros de poder. El terrorismo oficial constituye así la verdadera amenaza para la humanidad y no el terrorismo de abajo. En medio de este terror, tarde o temprano se presenta la amenaza de una guerra mundial con el uso de armas de destrucción masiva. En medio de la amenaza de un holocausto, nacerá la conciencia que en este «sálvese quien pueda» nadie estará a salvo. La solidaridad con el “otro”... termina siendo el supuesto necesario para mi propia salvación. Nace la ética solidaria.

Inevitable derrumbe del poder hegemónico de EEUU

El poder hegemónico de EEUU en el mundo se sostiene sobre dos pilares: el dólar como moneda internacional, y el Pentágono. EEUU posee la moneda de reserva y de la moneda de intercambio mundial, debido a su fortaleza económica del pasado. Hoy en día EEUU vive de la renta que brinde esa posición hegemónica, pero la misma está siendo minada por el carácter improductivo y parasitario de una economía con un carácter rentista. En la medida en que la fortaleza económica de un imperio se debilita, la historia de la humanidad nos enseña que el último recurso es recurrir a la fuerza. Un gasto militar en ascenso basado en una base económica en declive no puede ser sostenido. Al poseer la moneda universal, EEUU podrá sostener el gasto militar durante un tiempo a puro crédito. Pero, un país que vive cada vez más del crédito, ya no logra imponer su criterio a sus acreedores. Al perder hegemonía en lo económico, el imperio suele recurrir a la fuerza y, a veces, contra sus acreedores. Una hegemonía basada en la economía de guerra pero sostenida a puro crédito de sus enemigos conduce al colapso.

La recesión mundial que se anunciaba a partir de la crisis bursátil de 2000 y 2001 pudo ser amortiguada mediante la intervención económica, con una baja general de las tasas de interés. En el mundo entero y sobre todo en EEUU se observaba una baja permanente en las tasas de interés a partir de 2001 hasta junio de 2004. La idea era mantener la demanda efectiva de los productos transnacionales. El resultado fue una ola especulativa en el mercado de bienes raíces y un aumento sustancial en el consumo privado. EEUU, con un 5% de la población mundial, consume el 30% del PMB. La deuda de los hogares estadounidenses es equivalente al PIB del país. La deuda pública y privada acumulada de EEUU en 2004 sumaba 38 billones de dólares: casi el PIB mundial.

Para EEUU resulta estratégico preservar el dólar como moneda de reserva y como moneda internacional. Hasta noviembre de 2000 se mantuvieron esos privilegios. En esa fecha Irak cambió sus reservas de dólares a euros, y negociaba el petróleo en euros en vez de dólares. Era posible que otros países de la OPEP siguiesen la iniciativa, lo que implicaría una «caída libre» del dólar. En ese contexto EEUU inicia la «guerra preventiva» contra Irak para atemorizar al mundo entero de enfrentarse al dólar.

Los costos de la guerra ascendieron mucho más de lo previsto. EEUU no tuvo otra alternativa que financiar parte importante de la guerra con una creciente deuda pública. La mitad de esta deuda pública la financia el exterior y la mitad de esa mitad los países asiáticos. La otra mitad se financia internamente y de ella casi la mitad con fondos del seguro social en bancarrota. La ascendente deuda pública de EEUU compromete al dólar como moneda de reserva. Al depreciarse, las reservas internacionales de los países pierden valor, sobre todo de aquellos que poseen muchas reservas internacionales en dólares, como China. El déficit en la balanza comercial de EEUU con China aumenta sin cesar y China, en vez de repatriar los dólares aumenta sus reservas en dólares en EEUU para evitar una contracción en la demanda. Esta política puede posponer el desplome del dólar pero implicará una caída futura aún más profunda. Es una bomba de tiempo. EEUU, junto con Japón, mantiene actualmente a China bajo amenaza de guerra para evitar que cambie esos dólares por euros. De esta forma el imperio aumenta el totalitarismo a fin de posponer la caída libre del dólar, sin poder evitarlo.

Inevitable transición a un mundo multipolar

La multipolaridad es hoy una realidad emergente. Es evidente la expansión de Europa y China frente a EEUU. China ha comenzado a desplazar a EEUU en la organización de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC); está desplazando a Japón en Irán en inversiones petroleras y está emergiendo como el principal socio comercial de algunas de las mayores economías latinoamericanas. China firmó con Brasil en 2004 importantes acuerdos de inversión y comercio, y con Argentina, Venezuela, Bolivia, Chile y Cuba. Venezuela acordó con China darle amplio acceso a su petróleo. China e India han llegado en 2005 a un acuerdo comercial con la explícita pretensión de cambiar el actual orden mundial a partir de dos economías pujantes con más de un tercio de la población mundial. EEUU logra cada vez menos imponer su voluntad en el mundo. Su hegemonía está en plena crisis.

Todo lo anterior genera la expectativa muy angustiosa, mundialmente compartida, de que EEUU recurrirá a la guerra total como último recurso. Efectivamente, se espera desde hace tiempo una ampliación del actual escenario bélico en esta guerra global por el mercado. EEUU amenaza atacar a Irán con el uso de armas nucleares. Las consecuencias podrían ser mucho más inmediatas de lo que fue el caso en Irak: los iraníes están armados con misiles rusos y tienen capacidad de cerrar el estrecho de Hormutz y cortar el tráfico petrolero durante meses. El conflicto podría involucrar a más potencias y amenazaría una guerra mundial. En cuestión de días el petróleo se pondría por las nubes y el dólar se desplomaría. Una recesión mundial del comercio sería inevitable.

A nivel mundial, no vivimos una democracia, sino una lucha internacional por el reparto de la tarta, que no es una lucha democrática. De hecho, EEUU sigue siendo la fuerza más poderosa, pero agonizante en su hegemonía económica. Es posible y probable que EEUU amplíe sus acciones violentas. Un conflicto nuclear con Irán no sólo conlleva la crisis de la economía estadounidense, sino la de toda la economía mundial. Sin embargo, la causa puede ser proyectada al terrorismo externo y no a causas internas. La crisis será mundial y profunda, e implicará probablemente el colapso no sólo del neoliberalismo sino del propio capitalismo. Ante la crisis del neoliberalismo y el terrorismo oficial, una nueva correlación de fuerzas se está produciendo; y estamos en el momento del cambio. Por todos lados aparecen movimientos sociales reivindicando democracias participativas y una economía que reafirma la vida. Los militantes por la democracia integral nunca deben dejar de analizar los factores más hondos de la (actual falta de) democracia mundial.

 

WIM DIERCKXSENS

San José, Costa Rica