Mayo-2001

 

LOS DOCUMENTOS DE SANTA FE,

o estrategias estadounidenses contra América Latina

 

 

Desde 1980, cualquiera que intentase conocer la realidad latinoamericana, que  quisiera analizar su situación o preveer su futuro inmediato, estaba obligado a leerse el Documento de Santa Fe vigente. Siempre fue la manera más fidedigna de saber los planes de Estados Unidos sobre América Latina. Las medidas allí anunciadas se convertían en un verdadero programa, más tarde ejecutado al pie de la letra. SE TRATA, por tanto, DE UNOS MATERIALES IMPRESCINDIBLES para cualquier analista la realidad latinoamericana y, por ello, pretendemos dar alguna breve explicación sobre ellos.

 

Cada Documento de Santa Fe venía a tener una vigencia de  4 ó 6 años. En mayo de 1980 se hizo "Santa Fe I" dirigido a Ronald Reagan. A finales de 2000 vio la luz "Santa Fe IV" para el presidente Bush.

 

¿Por qué el nombre de "Santa Fe"? Porque así se llama el Grupo de Santa Fe (en referencia a la capital del estado de Nuevo México), que junto con la Heritage Foundation elaboran  estos documentos sobre las relaciones de EE.UU. con América Latina. Marcan las líneas de acción que luego suelen ampliarse durante los gobiernos correspondientes.

 

El reciente  "Santa Fe IV" ha sido titulado "Latinoamérica hoy" y editado por James P Lucier, quien señala que "los diplomáticos y expertos que crearon la imagen de la política de Reagan para América Latina en 1980 han elaborado los temas que la política estadounidense seguramente encare en los próximos cuatro años".

 

¿Quiénes son los eminentes personajes que integran ese Grupo de Santa Fe? El ramillete no tiene desperdicio:

El principal redactor-asesor es Roger W Fontaine (ligado a Richard Allen, asesor jefe de Reagan para América Latina), a quien se le suman el ultraconservador Lewis Arthur Tambs (de gran influencia sobre Bush padre y editor de "Santa Fe I"), Gordon Sumner, David C Jordan, Francis Bouchez, así como el general John K Singlaub (excomandante de las tropas estadounidenses en Corea del Sur y definidamente neonazi) y la viril Jeanne Kirkpatrick, delegada del gobierno de Reagan en la ONU.

 

Algunas perlas de Santa Fe IV:

Como si de un sorteo se tratase, los dirigentes de los distintos países latinoamericanos tendrán que asomarse silenciosamente y comprobrar si figuran en la lista de "desgraciados". Si en el Documento aparecen señalados por el dedo, seguramente después lo serán por las armas u otro tipo de presiones.

 

MILITARISMO

El documento, de nítido pensamiento y análisis republicano, censura acremente a los presidentes demócratas James Carter y William J Clinton. Al primero por haber devuelto el canal a la soberanía panameña y al segundo porque "puso a Sudamérica en el estante trasero".

El tema militar aparece en primer plano a lo largo del documento. El primer punto de Santa Fe IV, referido a la seguridad nacional del país, reivindica el "papel del cuerpo militar estadounidense (...) en la educación y entrenamiento de los militares de nuestros vecinos hemisféricos". Alude a las escuelas de contrainsurgencia de las bases del Canal de Panamá, donde se formó el grueso de los dictadores militares del continente (en ellas se consideraba al propio pueblo como enemigo, en lugar de plantear las tácticas clásicas en defensa de la agresión externa).

El documento destaca la vigencia del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (Tratado de Quitandinha, Brasil, 1948), impuesto por Estados Unidos a los países latinoamericanos en los comienzos de la Guerra Fría y que estaba basado en el  Plan Truman de militarización continental.

Afirma que el Comando Estadounidense del Sur (southcom) "todavía es una institución viable", lamentando que sus cuarteles generales, instalados en las bases del canal, hayan sido trasladados a Miami, de lo cual culpa a Clinton y retrospectivamente a Carter por la firma del tratado de 1977 con Torrijos. Según el documento, "estos son los bloques básicos para la defensa del hemisferio".

La integración del gabinete de Bush y sus primeros pasos reflejan esa impronta militarista:

·         El vicepresidente Richard Cheney fue secretario de Defensa de Bush padre durante la invasión a Panamá en 1989 y la Guerra del Golfo en 1991.

·         El actual secretario de Estado, general Colin Powell fue jefe de Estado Mayor del ejército en la Guerra del Golfo.

·         El secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, ya desempeñó dicho cargo bajo la presidencia de Gerald Ford entre 1975 y 1977.

·         Bush inició su gestión visitando las bases militares, anunciando más gastos para la defensa y fundamentalmente que llevará adelante el proyecto de "escudo espacial" o "guerra de las galaxias", sin que parezca importarle que viola el tratado de ABM de 1972 y que, resultado inevitable, relanzará la carrera armamentista mundial.

·         La consejera de seguridad nacional Condoleezza Rice declaró, a la manera de los viejos tiempos, que Rusia es "una amenaza para Occidente" y se dijo "favorable a la intervención militar de Estados Unidos en el caso de un peligro confirmado o potencial para nuestros aliados".

Para perfeccionar esa maquinaria de destrucción probada dos años atrás en territorio yugoslavo, la OTAN realizará maniobras navales en el Caribe bajo el mando de Estados Unidos con participación de Canadá, Dinamarca, Alemania, Holanda, España y Gran Bretaña. Estas se suman a las que Estados Unidos persiste en realizar en la isla de Vieques a pesar de la protesta generalizada de los puertorriqueños.

 

INTERVENCIÓN EN COLOMBIA

Algo ha cambiado en estos años. Las baterías apuntan a Colombia, ubicándola en el rubro de la lucha antidroga. Colombia y las farc ocupan en Santa Fe IV un lugar preeminente, como en Santa Fe I ocuparon Nicaragua y su revolución sandinista, o la guerrilla del fmln salvadoreño y desde luego Cuba, que se mantiene como un riesgo permanente.

Para justificar el nuevo blanco colombiano señalan que en 1998 se distribuyeron en las ciudades de Estados Unidos 165 toneladas de cocaína, cantidad que en 2001 alcanzará las 250 toneladas por lo menos.

El documento critica que "el gobierno de Colombia, en vez de establecer una guerra incondicional, ha elegido mantener conversaciones de paz". Luego le reprocha al presidente Andrés Pastrana (primer huésped de Bush en Washington, después de haberse reunido con Fox en Guanajuato) que no vincule las farc al narcotráfico. Sorprende que el presidente Pastrana plantee que 'no hay evidencia de que las farc estén en el tráfico de drogas' y que 'las farc siempre se han mostrado interesadas en erradicar la ilegalidad'".

Santa Fe IV condena incluso al exjefe de la agencia antidrogas DEA, general Barry McCaffrey, porque relativizó la relación entre guerrilla y narcotráfico. Y prefiere, en cambio, valerse de la opinión de otro alto funcionario de la DEA, según la cual "si Estados Unidos fuera serio en la lucha contra las drogas proveería de los recursos y fondos necesarios para la lucha, usando métodos especiales que están disponibles para el gobierno".

La conclusión es categórica: "Estados Unidos debe poner punto final a una prolongada guerra viciosa". Algunos analistas -como Emilio J Corbière, en la revista argentina Noticias- sostienen que la única lectura posible del "punto final" es una intervención militar directa en Colombia.

Mejor dicho: el incremento de la intervención, que ya se verifica a través de 200 asesores militares, la utilización de aviones y helicópteros para el espionaje y la fumigación indiscriminada, la activación de la base militar de Tres Esquinas, de la de Manta en Ecuador, de las de Aruba y Curação (donde se efectuarán las maniobras caribeñas de la OTAN), todo lo cual experimentará una previsible intensificación con los 1.300 millones de dólares del Plan Colombia, destinados casi exclusivamente al armamentismo.

 

LAS BASES DEL CANAL

Hay amargura, también nostalgia, en la referencia (en los dos capítulos iniciales) a la pérdida de las bases en el Canal de Panamá, y se sugieren medidas para volver a la anterior situación, desandando el camino recorrido por Carter y Clinton. Dice el informe:

"En el Canal de Panamá, Estados Unidos ha pagado vastas sumas para mantener el punto más estratégico del continente. (...) Los hechos son preocupantes. Los puertos en las terminales Atlántico y Pacífico del canal han sido puestos en las manos de Hutchison Whampoa Ltd, que tiene lazos muy fuertes con Beijing".

Añade que los izquierdistas, los liberales y sus aliados en el Departamento de Estado (sic) "han tenido éxito en asegurar que Estados Unidos no tenga presencia militar en Panamá", y lograron que las bases del TIAR, del Comando Sur y de la Frontera de Defensa Interamericana (JADB) fueran trasladadas de Panamá a Miami, a pesar de su papel fundamental en la llamada "seguridad hemisférica". Siendo el canal un elemento geoestratégico para la seguridad nacional de Estados Unidos (punto dos del resumen del primer capítulo), el informe concluye: "Sin una intervención fuerte del próximo presidente de Estados Unidos, esta política verá el final de todas estas modalidades y otras que la sostienen en bases regionales".

Estos puntos de vista son una constante de los documentos. Santa Fe I, por ejemplo, proponía “incumplir los tratados Torrijos-Carter y colocar el canal bajo el control de la Junta Interamericana de Defensa (JID), así como enfilaba su artillería contra el gobierno de Panamá, contra Norman Manley en Jamaica, Maurice Bishop en Granada (invadida poco después), Forbes Burnham en Guyana, y proponía "lanzar una guerra de liberación contra (Fidel) Castro".

 

LA DOCTRINA MONROE

El editor James P Lucier señala en la introducción que todo el documento se basa en la doctrina enunciada en 1823 por el presidente James Monroe, "América para los americanos". Formulación que la política exterior de ese país ha permitido traducirla como "América para los norteamericanos", fundamento geopolítico de más de un siglo y medio de intervenciones armadas al sur del Río Grande.

En 1912, el secretario de Estado Eliahu Root afirmaba que "hacia 1950 la frontera de Estados Unidos abarcaría el continente entero". Guillermo Toriello, ministro de Relaciones Exteriores guatemalteco que enfrentó al secretario de Estado John Foster Dulles en la X Conferencia Interamericana de Caracas en 1954 demostró que dicha doctrina es una mera declaración unilateral de Estados Unidos. Que carece de generalidad y reciprocidad, que invade la jurisdicción soberana de las repúblicas americanas y que nunca logró el consentimiento de éstas. No obstante se la usa como justificación para dominar al Continente. Y se sigue utilizando, según revela Santa Fe IV, contra Colombia y Panamá.

El informe arremete también contra Venezuela y su presidente Hugo Chávez, vilipendiado como amigo de Fidel Castro y de las farc, por haber revitalizado la OPEP y porque se le atribuye la aspiración de "reunir la gran Colombia -Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador-, sin duda como una república socialista". Y también contra los defensores de derechos humanos que enfrentaron las "guerras sucias" en Chile y Argentina, los Sin Tierra de Brasil, los luchadores por el agua en Cochabamba, los chilenos que eligieron un presidente socialista, "los indios ecuatorianos que obligaron a dimitir a un presidente globalizante". Y por cierto -no podían faltar-, contra Cuba y Fidel Castro.