Enero-2002

 

SIN NECESIDAD DE SER FROFETAS

 

Hace meses, muchos meses, que numerosas voces lo estábamos anunciando.

Que el Plan Colombia no era un Plan de Paz, sino un Plan de Guerra y de violencia.

Que el Plan Colombia estaba planificado contra las organizaciones populares y grupos guerrilleros e insurgentes, y no contra los narcotraficantes.

Que el Imperio USA ha elegido la vía bélica y armamentista para salir de su recesión económica y, por otra parte, para afianzarse aún más como Imperio global: Irak, Afganistán, Oriente Medio, Plan Colombia, Centroamérica, Cono Sur,... Y no es tan solo porque la guerra aumente directamente los negocios armamentísticos (los más importantes en EE.UU.) y la tecnología bélica, sino también porque el Imperio elige y dirige las guerras en países ajenos y a cambio obtiene el control y dominio de inmensas zonas y riquezas de su interés.

Que no es ahora que se declara y mucho menos comienza la Guerra en Colombia. Hace 40 años que están en guerra, una guerra no reconocida y mantenida bajo el manto interesado del silencio.

Que el Imperio tiene también el monopolio de las comunicaciones: A través de sus medios, nos pone a la humanidad en estado de alerta y preocupación por las situaciones de sufrimiento que las guerras originan en los pueblos, mientras el Imperio se dedica tranquilamente a arrasar y aniquilar todo aquello que obstaculiza el logro de sus intereses económicos y políticos: petróleo, oleoductos, gas natural, pasos transoceánicos, control de la Amazonía, movimientos populares de oposición,...

Que en nuestro mundo existen unos poderes reales que hacen y deshacen a su antojo y, por otro lado y en segunda fila, unos poderes ficticios, unos figurantes, toda una pantomima con la que entretenernos ideológicamente a los ciudadanos. ¿Qué pintan realmente la ONU, los Gobiernos nacionales, las Elecciones, las Democracias formales,...? Toda una serie de poderes aparentes con los que justifican sus fechorías los poderes reales, el Imperio.

Que hoy no se necesita mayor cosa para ser objeto de la ira oficial, para ser declarado enemigo público y destinado a la muerte: Basta con ser declarado e incluido como terrorista en las listas particulares de EE.UU.

Muchas voces lo vienen anunciando y denunciando desde hace tiempo. Voces de personas que no necesitan ejercer el profetismo, sino que mantienen su capacidad de usar los ojos para ver, los oídos para escuchar y el corazón para sentir.

Añadimos algunos datos servidos por Juan Gelman que ilustran el comentario anterior:

Anne Patterson (embajadora estadounidense en Bogotá) decía el 28 de Octubre: “Mi gobierno asistirá a Colombia para vigilar los oleoductos –casualmente propiedad de empresas de EE.UU.-, apoyar las investigaciones militares y civiles en este ámbito, y entrenar y equipar a grupos de élite pertinentes”.

Bob Graham (presidente del Comité de Inteligencia del Senado) subrayó: “Que el país andino –Colombia- es uno de los teatros importantes de la batalla mundial contra el terrorismo”

En junio pasado, el Informe de la RAND Corporation entregado a la Fuerza Aérea de EE.UU. aconsejaba: “Washington debe involucrarse más en la guerra colombiana...los lazos escuadrones de la muerte/ejército de Colombia son “naturales” (sólidos),...”

El jefe de los paramilitares colombianos, Carlos Castaño, a quien se atribuyen cientos de asesinatos, y sin embargo bien reconocido por EE.UU., confirmaba en la propia CNN que “el 70% de los ingresos de su tropa proviene del narcotráfico”.

En diciembre/2000 el Banco Mundial concluía su informe “Violencia en Colombia”: “Cualquier inversión privada en el país dependerá en el futuro del aniquilamiento de las FARC y demás grupos guerrilleros”.

Sólo algún dato más. En Colombia hay intereses petroleros que defender, como los de Bush-hijo en la Harken Energy Inc. de Texas, o los del ex vicepresidente Al Gore en la Occidental Petroleum, consorcio que se precia de ser el séptimo  proveedor del crudo a EE.UU.

El Plan Colombia se alarga tanto como los intereses económicos estadounidenses y abarcará a Perú, Ecuador, Brasil, Venezuela,... por lo que no es raro que el Center for Public Integrity de Washington haya investigado y encontrado que “centenares de militares, espías y civiles contratados estadounidenses se hallan sobre el terreno en Colombia y países vecinos”.

d.t.