Mayo-2002

 

 

 

 

Venezuela: Olor a conspiración

 

 

Venezuela tiene su mal dentro y la espada encima como todos los países productores de petróleo en la actualidad. Todos ellos están en el punto de mira del arma imperial. Para Venezuela, el título de ser el tercer o cuarto productor de petróleo en el mundo supone más riesgo y peligro, que orgullo y satisfacción.

 

En los Estados Unidos no gustó nunca el nacionalismo protector de Chávez. No gustó sus medidas para controlar la producción de petróleo y mucho menos el recorte de ganancias a las multinacionales (Phillips Petroleum y Exxon Mobil) eternamente beneficiadas. No gustó que cuestionara el bombardeo sobre Afganistán, llamándolo “combatir el terrorismo con terrorismo”. No gustó sus buenas relaciones comerciales con Cuba, ni su simpatía con los grupos rebeldes de Colombia. Por si quedaba alguna duda, los préstamos norteamericanos para el desarrollo han sido congelados y Meter Romero, del Departamento de Estado, ha acusado al gobierno de Chávez de apoyar al terrorismo en Colombia, Bolivia y Ecuador. Todo Esto nos hace pensar que corren malos vientos para el gobierno venezolano.

 

El 12 de Abril, todas las primeras páginas de los Medios de comunicación de masas se ocuparon de la noticia y curiosamente con grandes coincidencias: “El descontento popular fuerza la renuncia del presidente Chávez”, “Pedro Carmona, líder patronal, dirigirá un Gobierno de transición”, “al menos 16 muertos y más de cien heridos en los violentos disturbios que han precedido al pronunciamiento militar”, “Estallido de júbilo en las calles al conocerse la renuncia del Presidente”, “La caída de Chávez produce alivio en EEUU y en la UE y abarata el petróleo”,  “Manifestaciones favorables del ministro Piqué y de la Casa Blanca”, “La patronal española muestra su agrado por el nombramiento de Pedro Carmona como presidente”, “Tanto PP como PSOE coincidieron en criticar el autoritarismo de Chávez”,  etc. Por España, por Estados Unidos y por algún lugar más se daba el visto bueno.

Pero bajo la coincidencia de los titulares de prensa se advertía toda una mezcla de motivaciones, de protagonistas y hasta de contradicciones: se habló de descontento popular (precisamente contra  un presidente reelegido dos veces por el 60% de los votos), se habló de rebeldía de las Fuerzas Armadas (que aseguraban la renuncia de Chávez y su detención, pero una renuncia que nunca existió ni firmó), se nombró inmediatamente como Jefe del Gobierno al Presidente de la Asociación de empresarios Pedro Carmona (el tercer hombre más rico de Venezuela y el 50 más rico de América Latina, en lugar de asumir el poder constitucionalmente el Parlamento electo de la Nación como estaba establecido), se habló de 30 asesinados y más de 350 heridos por francotiradores chavistas (pero descubrieron que Alfredo Pena, alcalde mayor de Caracas y jefe de la notoriamente represiva y corrupta Policía Metropolitana (PM), aportó a los francotiradores, quienes, vestidos de civil, dispararon desde las azoteas cercanas al Palacio a la población civil, particularmente a los simpatizantes del gobierno), los militares leían comunicados en los medios de comunicación pidiendo perdón por no haber podido evitar los muertos y negando que esto fuera un golpe de Estado, pues se trataba de restablecer la democracia (pero de un plumazo, en un solo decreto,  el señor Carmona acabó con el estado de derecho, disolvió las instituciones democráticas, revocó todas las leyes aprobadas del país, cambió el nombre de la República, ordenó allanamientos y detenciones de parlamentarios y magistrados, se cargó  todos los poderes del estado y gran parte de los mandos de las Fuerzas Armadas), se dijo que más de 300.000 civiles obligaron a dimitir al presidente Chávez, tras tres días de huelga general (pero los manifestantes fueron precisamente los opositores  del presidente, que secundaron la huelga organizada por el propio Pedro Carmona y el dirigente sindical Carlos Ortega), el almirante Ramírez leía un comunicado en la CNN hablando de “riesgo social en el país” y de “situación antidemocrática” (nada decía de que Chávez ha bajado la inflación del 40 al 12%, que ha generado un crecimiento del 4%, que ha bajado los medicamentos hasta un 40%, o que ha incrementado la inscripción en escuelas primarias en un millón de estudiantes),... DEMASIADAS EVIDENCIAS PARA  NO RECONOCER QUE SE TRATA DE UN AUTÉNTICO GOLPE DE ESTADO.

Hay más evidencias que, incluso, rozan con el ridículo:

El plan maestro para el derrocamiento del presidente venezolano, Hugo Chavez, made in USA y comandado in situ por Carlos Ortega, lider del sindicalismo patronal de la Central de Trabajadores de Venezuela (CTV), y Pedro Carmona, presidente de la cúpula empresarial Fedecámaras, fue publicado cinco semanas antes en uno de los epicentros de la conspiración anti-gubernamental, el diario El Nacional.
Julio García Mora, ideólogo y confidente de la cabala, reveló la parte interna (venezolana) de la mecánica del golpe de Estado.                                            La parte externa, es decir, la participación de la Casa Blanca, de Miami, de los paramilitares colombianos, de la central sindical estadounidense AFL-CIO, del gobierno español, de fundaciones de la derecha internacional y de los medios de “comunicación” internacionales, quedaron en la oscuridad.                                 En cuanto al engranaje civil venezolano destinado a remover al presidente, García Mora postuló que la unidad entre la CTV, Fedecámaras y la Iglesia era “la única manera de salir” del gobierno de Chavez.                                                          La operación definitiva en esa estrategia estuvo a cargo de Ortega y Carmona. Bajo el falso rubro de huelga general tendieron una doble emboscada. Incapaz de paralizar al país, como habían prometido, convocaron con una intensa campana mediática a una manifestación de solidaridad con el paro de algunos ejecutivos de la empresa estatal Petróleos de Venezuela S.A. (PdVSA) que fue autorizada para llegar al barrio caraqueño de Chuao. Pero de ahí fue desviada hacia la sede del gobierno, el Palacio de Miraflores, con la obvia intención de producir enfrentamientos y muertos que ante el fracaso de su “huelga general” pudieran generar el golpe militar, pregonado tantas veces por otro conspirador clave externo, el socialdemócrata (AD) Carlos Andrés Perez.

Los medios, entre ellos la estación televisiva Globovisión y los diarios El Nacional y El Universal propiciaron los multiplicadores propagandísticos para la asonada y las cadenas mediáticas transnacionales garantizaron la divulgación mundial de las mentiras.  La mentira de que Hugo Chávez dio la orden de disparar esta siendo divulgada por los confabulados militares y mediáticos con tal finalidad, al igual que la falsedad de que renunció a la presidencia, cuando, de hecho, fue detenido por un grupo de generales desleales” (H. Dieterich) . También la prensa nacional española (ABC, EL PAIS, EL MUNDO,...) multiplicaron sus acusaciones y vituperios contra Chávez, sin hacer referencias al golpe de Estado (¿Qué entenderán estos medios por democracia y qué será para ellos un procedimiento de acuerdo con las Leyes?).  

En principio, dos conclusiones,

independientemente de la calidad de Hugo Chávez como presidente:

 

1. “No entregar los recursos ni la soberanía nacional sigue siendo la sentencia de muerte para cualquier gobierno latinoamericano.”

2. El señor Carmona ocupó el poder mediante un procedimiento anticonstitucional, ilegítimo, inmoral y violatorio del derecho internacional, y pretendía instalar una auténtica dictadura de extrema derecha. Por lo tanto, nadie, ningún gobierno, ningún organismo internacional, ningún ser humano con principios democráticos, puede ni aprobar un golpe de estado, ni mucho menos reconocer a un gobierno golpista.

FALTABA LA APOTEOSIS FINAL

A las 3 de la mañana del 14 de abril, el presidente constitucional de Venezuela, Hugo Chávez, retornó al Palacio de Miraflores, donde fue recibido por decenas de miles de personas que se congregaron a lo largo del sábado en rechazo al régimen golpista que encabezó durante poco más de 24 horas Pedro Carmona. Previamente, decenas de miles de venezolanos tomaron las calles de esta capital y diversas carreteras para exigir el retorno del presidente constitucional Hugo Chávez, un día después que Pedro Carmona se proclamase presidente de Venezuela ante el arzobispo caraqueño, Luis Ignacio Velasco; el empresario Luis Enrique Vall; el político democristiano José Curiel, y algunos gobernadores como el de Zulia, Manuel Rosales, y el sindicalista Alfredo Ramos.

Las televisoras y las estaciones de radio, que en los últimos meses denunciaron la falta de libertad de expresión del gobierno del presidente Chávez, no dieron cuenta de las movilizaciones en favor del retorno de la democracia, y en su mayoría dedicaron la programación a trasmitir telenovelas y programas de entretenimiento.

El equilibrio de las fuerzas se invirtió después del mediodía al consolidarse la rebelión de militares leales a Chávez en Maracay, al mando del comandante Isaías Baduel, a quien se sumaron los generales Julio José Montoya, Luis Acevedo Quintero y el capitán retirado William Fariqas. En la base de Maracay, Baduel tiene a su mando a unos 2 mil soldados y en la base se aloja la escuadra de los cazas F-16 de la fuerza aérea venezolana. El fiscal general de las fuerzas armadas nacionales, coronel Ricardo Reyes, leal al presidente Chávez, aseguró horas después que "17 de las 23 guarniciones del país están con nosotros".

El empresario anunció su renuncia luego de que la Asamblea Nacional designara presidente interino al vicepresidente constitucional, Diosdado Cabello. Diez minutos después de su dimisión, Carmona fue arrestado, junto con todos sus ministros y su estado mayor, por fuerzas leales a Hugo Chávez, y se les trasladó al Fuerte Tiuna.

PARECE INCREÍBLE, PERO ALGUIEN HA DICHO QUE EL PUEBLO VENEZOLANO ES QUIEN DECIDE QUIÉN SE QUEDA Y QUIÉN SE VA. Puede parecer increíble en estos tiempos.

Cuántos deben sentirse ridículos a estas horas: Gobiernos, Medios de comunicación, Instituciones, Organizaciones internacionales,... ¡Cuánta mentira!...

d.t.