Noviembre-2003

 

Otro frente abierto: Levantamiento del pueblo boliviano

 

En esta ocasión es el pueblo boliviano quien requiere toda nuestra atención. Los testimonios han sido numerosos y tremendamente coincidentes en el fondo de sus planteamientos. El pueblo boliviano ha sido capaz de rebelarse contra el gobierno y su oligarquía liberal. Un pueblo explotado y burlado durante decenas de años se ha levantado. ¡Ojo!, porque es otro frente más, luchando por su dignidad, que se abre en Latinoamérica.

 

Los excluidos: indígenas, afrodescendientes, pobres en general, campesinos indios y mestizos, desempleados, obreros exprimidos, estudiantes sin futuro, profesionales sin oportunidades y clases medias –todos pauperizados por las políticas neoliberales-  no se identifican ya con esa estructura.

En Bolivia, país de apenas 8,5 millones de habitantes, un puñado de ricachones acaparan las riquezas y el poder político desde hace doscientos años, mientras que el 60% de los habitantes viven bajo el umbral de la pobreza. Los indios, que son la mayoría, siguen discriminados, la mortalidad infantil alcanza tasas indecentes, el paro es endémico, el analfabetismo prevalece y el 51% de la población todavía no dispone de electricidad.

Las mieles prometidas por las llevadas y traídas transiciones a la democracia han resultado el acíbar más amargo para la inmensa mayoría, a quien los gobernantes no consultan para suprimir los derechos sociales y laborales que habían conquistado en históricas luchas y tampoco para enajenar alegremente a favor del capital transnacional los recursos públicos y la soberanía. Los derechos políticos "democráticos" han devenido en una mera formalidad, que se reduce casi siempre a la opción de depositar el voto por seres ajenos, cuyos intereses y discurso están cada vez más lejos del pueblo que dicen representar.

Bolivia es uno de los países más pobres de América Latina a pesar de sus generosos recursos naturales, donde se manifiestan con inaudito desparpajo todas las fechorías, lacras y exacerbadas desigualdades que acompañan a las políticas neoliberales. Allí una exigua minoría opulenta oprime y niega el derecho a vivir con arreglo a su cultura ancestral y tradiciones a aymaras y quechuas, que forma la mayor parte de la población. Las empresas públicas creadas por la revolución de 1952, que eran orgullo nacional, fueron privatizadas a precio de remate mediante escandalosos negocios, fraudes y disposiciones inconstitucionales urdidos entre los viejos y nuevos oligarcas y las compañías transnacionales. El cesado presidente Gonzalo Sánchez de Lozada ha hecho una fortuna superior a 250 millones de dólares a expensas de las privatizaciones. El 87% de la tierra está en manos de un 7% de los propietarios y el 90% vive en pobreza en las zonas rurales.  Bolivia posee las segundas reservas de gas natural de América del Sur y es el único patrimonio  económico que no se ha entregado todavía al capital internacional. El gas podría aportar un impresionante desarrollo económico y social para el país, pero el cesado presidente y su comparsa querían hacer otro oscuro negocio y entregarlo a las transnacionales norteamericanas (supondría un beneficio anual de 1.000 millones de dólares para las empresas multinacionales y sólo 50 para el país boliviano).

El gas ha sido el último eslabón de la cadena de expolio y explotación (Habían antecedido otros planes para privatizar todo el patrimonio del Estado a favor de empresas esencialmente estadounidenses: ferrocarriles, minas, petróleo, electricidad, teléfonos, compañías aéreas, agua). El anterior eslabón fue el petróleo. Perdió sus reservas calculadas en más de 100.000 millones de dólares. La producción del barril resulta a 7 dólares, pero ahora Bolivia tiene que pagar a las multinacionales a 29 dólares el barril por su petróleo expoliado. Las empresas explotadoras que antes pagaban el 50% de impuestos, ahora sólo pagan el 18%.

Frente a este panorama de explotación y saqueo se levantan desde hace una década formidables protestas populares, que ha terminado en una huelga general. Ocupa lugar de vanguardia uno de los movimientos indígenas más vigorosos, combativos y conscientes del continente. Piden la devolución al pueblo de las empresas privatizadas y autonomía, tierras y territorio para los pueblos originarios. (A. Guerra Cabrera)

El consejero económico del Comité de Política Monetaria, Financiera y de Seguros, Guillermo Aruquipa, perteneciente al Movimiento Al Socialismo (MAS), denunció que el Estado estaría utilizando un 70 por ciento de los recursos asignados a los diferentes ministerios en la compra de armamento, alimentación de soldados, dotación de equipo a las unidades militares y para el pago de movilizaciones.

Aruquipa manifestó que lamentablemente el gobierno utiliza los recursos para reprimir a los sectores sociales en conflicto y destina muy poco para la inversión pública, salud, educación, servicios básicos y desarrollo rural, por lo que el MAS continuará con la labor de denunciar todos estos hechos.

Después de las matanzas de lo que se llamó el febrero negro de 2003, cuando murieron más de 30 personas, el gobierno de Sánchez de Lozada no consiguió recuperarse. En cambio, aceleró sus planes represivos, expresados en una "instrucción militar extraordinaria antidisturbios", para ser puesta en práctica por Agrupaciones Tácticas Antidisturbios, fuertemente armadas. Con estos planes se criminaliza la protesta social con una pena de cinco a ocho años de prisión para quienes realicen bloqueos "de transportes públicos, por tierra, aire o agua", cuando los bloqueos de rutas son justamente el tipo de movilizaciones mediante los cuales los trabajadores bolivianos consiguieron evitar que el gobierno anterior de Hugo Bánzer privatizara el agua, en uno de los movimientos más importantes en la lucha mundial por el derecho al agua. (Emir Sader)

A lo largo del mes de Octubre las movilizaciones se generalizaron, la represión del ejército también se generalizó, más de 70 muertos, más de 100 heridos. Se forzó la caída del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada. Se nombra nuevo presidente a Carlos Mesa.

EL Banco Mundial, continúa insistiendo, sigue declarando que es beneficioso para Bolivia seguir adelante con el polémico proyecto de exportación de gas. La voluntad popular y los muertos no tienen importancia.

 

Invitamos a completar estos breves datos con el artículo de Eduardo Galeano  “El país que quiere existir”, en otro apartado de esta Web, felicitamos el coraje y el ánimo del pueblo boliviano, y nos unimos a su esperanza, como hace Rigoberto Menchú en la carta que sigue.

 

Carta abierta al presidente y al pueblo de Bolivia

Estimado amigo, hermanos y hermanas:

Luego de conocer el feliz desenlace de la prolongada crisis que vivió Bolivia en las últimas semanas, deseo sumarme a la esperanza que se abre con la restitución de la paz y el cese de las inaceptables acciones de violencia con que, por tantos días, respondió el Estado a la movilización legítima de los pueblos indígenas y la ciudadanía, en defensa del patrimonio nacional, la dignidad y las libertades democráticas.

Celebro que el primer compromiso que ha asumido el nuevo gobierno haya sido el de que NUNCA MÁS ése sea el camino para dirimir las diferencias y su disposición a escuchar al pueblo y asumir el diálogo fraterno con todos los sectores como el principal capital político en el que fundará una gestión que, aunque transitoria y frágil, puede darle a la historia de ese sufrido corazón del Continente el giro de equidad, inclusión y respeto por sus mayorías y su diversidad que la historia –hasta ahora- le ha negado, sentando el sólido cimiento que requiere la edificación de un nuevo Estado.

La vida me ha enseñado que, en medio del dolor, los pueblos no pueden dejar de soñar ni de reconocer las oportunidades que se les abren. Creo que ése es el sentido profundo de este singular momento abierto con la sangre y la entrega de los bolivianos. Por ello, hago un llamado a los nuevos gobernantes a ser fieles a este mandato y a los líderes populares, a los partidos políticos y a las organizaciones sociales a sumar esfuerzos para dejar atrás el oprobioso camino de exclusión, discriminación y racismo que usurpó hasta ahora la democracia, y valerse de esta oportunidad para avanzar en este desafío, sin maximalismos estériles ni la intolerancia que sólo reaviva el conflicto.

Hoy como nunca, el escenario continental y global está marcado por las imposiciones y el desconocimiento del derecho de los pueblos a definir su destino. La brecha entre los poderosos y los desheredados no ha hecho más que crecer, alimentada por las políticas unilaterales impuestas por los poderes fácticos, desconociendo el orden internacional creado para hacer posible un mundo de paz. Sin embargo, la lucha de los pueblos no ha cejado en su ilusión de abrir nuevos y creativos caminos que alimenten la esperanza y sólo donde ha sido posible la unidad ha sido posible la victoria. La expectativa y reconocimiento que en el mundo han acompañado la causa de los indígenas de Bolivia es otra vez un faro de orgullo para los pueblos indígenas del mundo. Valoro, pues, la lección que una vez más nos ha dado la inclaudicable lucha del pueblo boliviano y ofrezco mi humilde disposición a la búsqueda del entendimiento intercultural, la construcción de una nueva democracia y la forja de los consensos que sustenten el progreso, bienestar y la felicidad de ese pueblo que ha hecho todo para merecerlos.

Con aprecio fraternal,

Rigoberta Menchú Tum

Premio Nobel de la Paz