Noviembre-2004

Sabemos de las urgencias que reclaman nuestra atención,

pero es necesario hacer altos en el camino para elaborar ANÁLISIS

más detenidos (análisis de coyuntura). Nos ayudará este trabajo sobre América Latina,

aunque falten acontecimientos muy importantes posteriores.

Tal vez merezca la pena dedicarle tranquilamente un rato al tema. 

 

AMÉRICA LATINA EN LA ERA DE LA GLOBALIZACIÓN, RESISTENCIA DE SIEMPRE Y NUEVOS MOVIMIENTOS SOCIALES

 

 

“Creyeron enterrar el socialismo y se equivocaron de muerto” 

                                                     

                                                                                                  Eduardo Galeano, Uruguay.

 

INTRODUCCIÓN

 

América latina tuvo una colonización mucho más temprana e intensa que el resto de las regiones “colonizadas” del mundo. El equilibrio democrático aplicado tras las también tempranas independencias nacionales no llegó a corresponderse nunca con un equilibrio en la estructura social real. Así, pese al ímpetu nacionalista de las nuevas repúblicas nunca existió una burguesía con voluntad ni posibilidad de autonomía sino más bien un poderoso y acaudalado núcleo de criollos descendientes de españoles y portugueses que fue vistiendo a la moda, según las épocas, las estructuras económicas y productivas del antiguo sistema colonial. Estas, volcadas en el comercio exterior y                                                                              amparadas de metrópolis externas, provocaron en definitiva el “desarrollo hacia fuera” típico del área, según la expresión acuñada por la CEPAL en los años 70.

 

Así, durante los siglos XIX y XX América latina fue configurándose según las necesidades estratégicas de España primero, el Reino Unido después y los EEUU más tarde. Con semejantes estructuras de poder (más responsables hacia el exterior que hacia el interior de las jóvenes naciones)… vio América Latina nacer la doctrina Monroe “América para los americanos” (Entiéndase “América” por el continente y “Americanos” por ciudadanos de una nación concreta del mismo, los EEUU). Paralelamente se desarrollaron pujantes movimientos de “Liberación nacional”, expresión que alude a la dependencia exterior de los poderes de las repúblicas latinoamericanas descrita líneas arriba. Se creó asimismo esa lectura antiimperialista del nacionalismo y el patriotismo tan característica de las izquierdas latinoamericanas y que tantos malentendidos causa cuando se analiza desde una perspectiva europea.

 

Un siglo después de la revolución mexicana de Villa y Zapata, la brasileña columna Prestes, las sublevaciones de Sandino y Farabundo Martí en Nicaragua y El Salvador respectivamente, el “Bogotazo” colombiano o los levantamientos del APRA en Perú, la región latinoamericana se ha visto fuertemente sacudida por sucesivas crisis y explosiones económicas, políticas, sociales, culturales, reafirmándose, negándose a sí misma, construyéndose con dolor, rabia, poesía, desgana, impotencia, apasionamiento, golpes militares, silencios repentinos ...  ¿Y ahora qué?, ¿Qué lectura puede hacerse de la nueva realidad latinoamericana y las nueves resistencias desde que en 1990 se proclamase cuasi-oficialmente el fin de la historia y se batiesen en retirada las últimas revoluciones marxistas?.

 

A comienzos del siglo XXI, cuando la liberalización financiera y las nuevas tecnologías enredan el planeta en una incomprensible maraña de relaciones, cuando el poder que mueve los hilos del mundo se concentra y a la vez se descentraliza más que nunca, cuando los datos ofrecidos obstinadamente por el PNUD nos recuerdan que las cosas no funcionan tan bien como se nos dicen que lo hacen, ¿Qué ha ocurrido con el ímpetu transformador latinoamericano?, ¿Terminó el pensamiento único con el temperamento soñador, tozudo y sobre todo pasional de un continente entero?. Abordando un tema complejísimo y amplio en el que difícilmente quedará todo dicho, analizaremos en qué se han transformado los movimientos de resistencia latinoamericanos, cuáles han surgido, en qué contexto y con qué líneas según el nuevo discurso de los poderes tradicionales y la deriva de las izquierdas tradicionales.

 

NEOLIBERALISMO DE AYER Y DE HOY

 

El Orden económico internacional vigente en la actualidad, fruto de las necesidades de los países desarrollados en general y en particular de la superpotencia estadounidense, se ha visto recientemente fortalecido por los procesos ligados a la globalización económica y financiera. Estos han acelerado la obtención de ingresos provenientes del pago de los intereses de la deuda externa, la extracción de recursos naturales estratégicos a bajo coste y la transferencia a gran escala de la propiedad pública a las multinacionales.

 

En América latina se ha conseguido la liberalización financiera gracias a la presión militar, política y económica de los EEUU. Así, mientras denunciaban los abusos insostenibles de los derechos humanos cometidos por la dictadura castrista, la Secretaría de Estado del Tesoro estadounidense, el FMI y el BM ofrecían recursos y apoyo a los dictadores latinoamericanos que aplicaban la liberalización económica, sin apenas reservas mientras abusaban insosteniblemente de los derechos humanos. En el caso de las posteriores transiciones electorales y de las democracias existentes en la zona, Washington toleró aquellas que garantizasen la profundización de este proceso. La liberalización como estrategia regional en América Latina forma parte, de esta manera, de la política global de EEUU, y desde hace mucho tiempo (1). Entre otras motivaciones, aparece la necesidad de compensar en su balanza de pagos el déficit que padece con áreas como Japón o Alemania con el superávit que posee en relación a América Latina. En la medida en que funcione la liberalización con América Latina funcionan las cuentas de EEUU, sus bancos y sus multinacionales, y así la superpotencia mantiene su hegemonía sobre el resto del mundo. El ALCA, cuya implantación y desarrollo se debate actualmente, sería la última pieza en caer de este sutil, intrigante y decisivo dominó.

 

La liberalización, aplicada con especial rigor desde finales de los 80, ha beneficiado y ha perjudicado a los países latinoamericanos;

Ha beneficiado a las élites, que en su mayoría multiplicaron su fortuna mediante la compra de empresas públicas sobre todo en la década de los noventa. Así, mientras en 1987 había menos de 6 supermultimillonarios en la región, se contabilizaron 41 en 1994 (2).

 

Ha perjudicado a las clases bajas, pero también en muchos casos a las incipientes clases medias, hundidas en una espiral de alzas constantes del costo de la vida, deudas económicas y creciente inseguridad ciudadana. Según el informe de desarrollo humano del PNUD 2001 (3), en Honduras, el 20% de la población más rica recibe del PIB 29 veces más de lo que recibe el 20% más pobre, 28 veces más en Nicaragua, 27 en Perú, 25 en Guatemala, 24 en Brasil, 20 en Argentina y 18 en Chile... 7 veces más en la Unión Europea. Así pues, las desigualdades sociales son un fenómeno característico del área que a veces no queda lo suficientemente ilustrado si atendemos tan solo a las optimistas cifras de crecimiento económico o a la infantil noción Norte-Sur que se tiene en ocasiones acerca de un mundo en el que se desarrolla una creciente “superclase” internacional. Esta se halla vinculada a través de las distintas regiones del globo por medio de circuitos financieros y comerciales, inversiones, acuerdos, “vuelos de capitales” y “exigencias del mercado”, que no son sino las exigencias de estas personas y de las instituciones que las apoyan en virtud de sus intereses.

 

Así, en cada país latinoamericano hay en realidad dos países, uno en perpetuo idilio financiero con los poderes que determinan el estado del mundo y otro que no deja de sufrir las consecuencias del proceso. Este ha sido, y es hoy más que nunca, el principal problema para poner en práctica estrategias de cambio.

 

De esta forma, en todo el mundo, y en América Latina tal vez con mayor énfasis, la globalización no es un fenómeno nuevo sino la forma nueva de un fenómeno antiguo.

Muy frecuentemente los dirigentes latinoamericanos han proclamado orgullosos el “antiestatismo” de los nuevos tiempos (discurso de toma de posesión del presidente Bolaños en Nicaragua a comienzos del pasado año), pero el neoliberalismo no es antiestatista, sino que exige un estado activo que se autodestruya en unos aspectos y se fortalezca en otros de acuerdo con las reglas de la globalización actual. El desmantelamiento estatal a consecuencia de las políticas neoliberales de las últimas décadas ha provocado un crítico retroceso de los tímidos avances en política fiscal. Al tener las oligarquías del área más relación y más responsabilidades con los acreedores internacionales que con los ciudadanos, es cada vez más difícil controlar las grandes fortunas, así como obligar a que se transformen en inversión productiva dentro de los propios países. Por otra parte, la disminución de las prestaciones sociales, ha aumentado el sector informal, lo que hace muy difícil la recuperación de la vieja “conciencia de clase obrera” de los marxistas. El retroceso de las inversiones en educación pública y el apoyo a los centros de educación privada elitista también va en la misma línea. El estado neoliberal se desmantela pero también se fortalece. Debido al espectacular aumento de la delincuencia a consecuencia del aumento de la polarización social, y del paramilitarismo y el terrorismo extralegales a consecuencia del adelgazamiento de las responsabilidades estatales en la solución de problemas sociales, los nuevos estados latinoamericanos se apertrechan de efectivos y modernas tecnologías para dotar los cuerpos militares y policiales (discurso de toma de posesión del presidente Uribe en Colombia a mediados del pasado año).

 

Paralelamente a la destrucción-fortalecimiento del estado, se han promovido valores individualistas frente a colectivistas, problemas privados frente a problemas sociales y relaciones clientelistas frente a la solidaridad. “El que vale, puede”, o “El fin justifica los medios” se han establecido sutilmente como eslóganes válidos en una carrera absoluta hacia las bondades prometidas de esa prosperidad que solo con el neoliberalismo es posible. Así, aunque nadie llegue a nada, se publicita constantemente que cualquiera puede llegar a cualquier objetivo.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                        

Contrariamente a lo que se aseguraba desde las más altas tribunas del BID (Banco Interamericano de Desarrollo), la reducción o eliminación de los aranceles no ha creado “empresas competitivas” nacionales sino que ha conducido al dominio del mercado por un pequeño número de grandes empresas multinacionales extranjeras, a una corrupción lógica derivada de la venta de las primeras al capital de las segundas, a una mayor dependencia de las importaciones procedentes del exterior y a un número creciente de bancarrotas nacionales (México, Ecuador, Argentina).  Pero la esperanza en el sistema se mantiene, o mejor dicho, la mantienen, así, son frecuentes en Latinoamérica imaginativos y espectaculares titulares periodísticos que hacen referencia a nuevos proyectos sobre nuevos o viejos recursos para exportar a bajo precio; petróleo en el Chocó colombiano, nuevos yacimientos de guano en el sur de Perú, fabulosas bolsas de gas natural bajo la amazonía ecuatoriana, oleoductos a través del Chaco paraguayo, nuevos canales interoceánicos en Nicaragua y Costa Rica o un astillero en el caribe hondureño capaz de construir supercruceros con capacidad para 5000 pasajeros... el mensaje es siempre el mismo, es decir, el de siempre; “con esta, seguro salimos”. La intención es buena, pero mientras la filosofía de “vender brazos baratos” se mantenga no habrá megaproyecto capaz de sacar adelante nación alguna. Paralelamente se establece que la reducción de costes laborales y sociales es una precondición dolorosa y necesaria para asegurar las inversiones extranjeras, y que con el esfuerzo (o la miseria) de todos se alcanzará la riqueza tanto tiempo deseada. Pero la pobreza no es una fase en el camino hacia el desarrollo definitivo del continente sino una consecuencia del desarrollo de otras regiones, una condición necesaria para que las cosas continúen tal y como están y sigan ganando quienes ganan. Hace ya muchos años que cada nuevo ajuste estructural siempre va a ser el último antes del maná prometido.

                                                                                                                                                                                                                                              

LA  IZQUIERDA DE SIEMPRE... ¿Y DE AHORA?.

 

Puede afirmarse que la izquierda latinoamericana procedente de la “segunda ola” (1-4), que se estructuró internacionalmente en el “Foro de Sâo Paulo” y de la que formaron y/o forman parte partidos como el PT (Partido dos Trabalhadores) brasileño, el Frente Amplio de Uruguay, el PRD (Partido de la Revolución Democrática) mexicano, el FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional) nicaragüense y el FMLN (Frente farabundo Martí de Liberación Nacional) salvadoreño, se ha ido atrincherando en la política electoral, ha rebajado el calado de sus demandas sociales y  con diversos matices según el caso, ha ido paulatinamente aceptando lo esencial del discurso neoliberal en alza.

 

En algunas ocasiones los antiguos izquierdistas adoptan una postura intelectual desde la que critican sus antiguas propuestas bajo el epígrafe de “pasadas de moda”, “radicales”, “intransigentes” e incluso, haciendo gala de una alucinante pirueta verbal e ideológica, de “conservadoras”. En los ensayos del mexicano Octavio Paz así como del también mexicano Carlos Castañeda (5) se advierte una corriente de pensamiento muy en boga en la socialdemocracia latinoamericana actual (menos en Europa y en Estados Unidos); esta se basa en algunos argumentos básicos: El socialismo ha fracasado y todas las experiencias similares lo harán de igual manera, las clases sociales y la solidaridad de clase están en vías de disolución, el estado y la planificación central son los principales enemigos de la democracia y de la libertad, las revoluciones siempre acaban convirtiéndose en tiranías y han sido responsables de la inestabilidad política y la guerra que empobreció nuestros países, y el “antiimperialismo” ha desaparecido.

 

Por fortuna, han surgido en los últimos años voces diversas cuestionando esta serie de planteamientos.

 

En primer lugar, es  necesario preguntarse si el socialismo ha fracasado realmente y si lo hizo, porqué. Ya que la debacle de los regímenes de Europa del este ha servido de coartada a la derecha neoliberal latinoamericana para realizar juicios prematuros e imprudentes sobre la situación del continente, se impone una visión netamente regional. Y situándonos en ésta, puede afirmarse con contundencia que el “socialismo” latinoamericano, entendiendo por el mismo a los diversos movimientos, luchas y procesos de liberación,  ni se asimiló, ni se asimila hoy al “socialismo” de Europa del Este. Y la principal diferencia entre ambos es que, mientras el segundo nació de arriba abajo y desde el centro a la periferia aplicando una receta ideológica muy similar, el primero lo hizo de abajo a arriba, de la periferia al centro y según matices ideológicos diversos que en muchos casos asimilaban elementos locales y que oscilaban entre el marxismo más puro, el indigenismo e incluso el cristianismo de base de la teología de la liberación. En cuanto al fracaso, hay que plantear primero si el “socialismo” en América Latina llegó a ser siquiera, pues los diversos intentos se vieron abortados en su mayoría violentamente merced a la intervención militar o ideológica de turno. Así, la agresión exterior constante desde el primer momento fue, en Chile, Argentina, Bolivia, Uruguay, República Dominicana, Guatemala, Nicaragua y El Salvador, el factor principal de derrota por encima de las inadecuaciones de las prácticas internas de los procesos transformadores.

 

La desaparición de las clases sociales, por otra parte, es un supuesto ciertamente extraño pues hoy en día las desigualdades han crecido y son muchos más los asalariados temporales, así como los empleados en sectores laborales desregulados pertenecientes a la economía sumergida. Las clases sociales siguen existiendo, lo que ha desaparecido es la conciencia de clase, el “obrero” como sujeto de transformación. Si tenemos en cuenta el citado aumento en paralelo de las diferencias sociales, la desaparición de la conciencia de clase ha sido uno de los triunfos indiscutibles del neoliberalismo actual.

 

Expresando su argumento contrario al estado y la planificación central como elementos restrictivos de las libertades y del correcto funcionamiento de las cosas en la compleja economía moderna, los socialdemócratas “postmarxistas” (término usado por el politólogo estadounidense Steve Vieux) se aproximan a los neoliberales, apoyando la desestatalización que estos promueven. Así se liberan las naciones de la pesada carga de la burocracia y la planificación central del estado entregándose a la planificación central del FMI, el BM, la OMC y las grandes instituciones y trasnacionales de la economía capitalista.

 

Recogiendo la idea tantas veces comentada por el genial ensayista, poeta y escritor uruguayo Mario Benedetti, estos ataques al estado, carentes de una perspectiva social, minan las posibilidades de intervención y toma de decisiones de los ciudadanos a través de lo público, es decir, el campesino, el asalariado urbano y el empleado informal se quedan solos frente al poder inmenso de los grandes organismos que deciden sobre ellos a miles de kilómetros de distancia. Lo que parece una crítica al estado desde la izquierda para defender a la sociedad civil es aprovechado por la derecha en nombre del mercado. Si el estado entorpece dejemos que otros hagan su trabajo, así mientras los promotores externos e internos del neoliberalismo tienen carta blanca para el diseño de las políticas macroeconómicas y la implantación de terribles medidas de ajuste estructural, los gobiernos abandonan todo tipo de responsabilidad social. Y tampoco les va a hacer falta crear un buen sistema público de vivienda, infraestructuras, salud y educación porque algunas ONG´s les van a salvar el pellejo.

 

En una entrevista concedida a la gaceta “Semanario Universidad”,  el actual presidente de Costa Rica, Abel Pacheco, afirmaba que el gobierno no tenía porqué preocuparse por los niños y niñas de la calle en San José y otras grandes ciudades, porque ya lo harían organizaciones benéficas internacionales como “Casa Alianza” a su debido tiempo. Por otra parte, la proliferación masiva de ONG´s dedicadas a temas muy concretos y solo atentas a un ámbito muy local fragmenta las comunidades pobres en su visión del estado de cosas global que provoca los males que les afectan y les impide unirse (a veces incluso entran en acaloradas rencillas por conseguir un proyecto o una financiación determinada). Por otra parte, si la labor de las ONG´s no va acompañada de una responsabilidad social y un mínimo espíritu crítico, puede inducir en muchos casos al conformismo ante las injustas estructuras de poder, a la desvalorización de los recursos locales y al relajamiento frente a las situaciones de emergencia. Pese a la sólida formación de muchos de quienes participan en las organizaciones de cooperación al desarrollo y pese al intachable principio de la solidaridad, la labor de las ONG´s ha sido utilizada sigilosamente en muchos casos para restar protagonismo a las comunidades en el diseño de sus propias estrategias de supervivencia y en la organización de su propio destino, y ante este hecho incluso los propios responsables de algunas organizaciones han dado la voz de alarma, tal y como constataron en el pasado Foro Social Mundial de Porto Alegre (Brasil).

 

Un año después del huracán Mitch, eran frecuentes en Nicaragua y Honduras los chistes acerca de tales o cuales comunidades campesinas que aún no habían efectuado sencillas reparaciones en sus puentes, sus caminos y sus graneros en espera de que llegasen CARE o Save the Children a hacerlo. Así, aunque el grado de complacencia  varía según los casos, los postmarxistas y algunas ONG´s hacen el juego a los neoliberales en el desmantelamiento de las instituciones públicas, la destrucción de la  capacidad de creación, organización y autonomía de las comunidades, y el sometimiento a las injustas reglas dictaminadas por los organismos económicos internacionales.

 

A comienzos del siglo XXI tenemos así en Latinoamérica una derecha en acostumbrado idilio financiero con las instituciones económicas internacionales, que promulga el fin de las ideologías y que se parece nítidamente a la derecha de siempre cuando afirma que es preferible la injusticia al caos. A pesar de que podría constituir una pieza importante de apoyo a los movimientos sociales en la denuncia de los abusos sociales cometidos tras los programas de ajuste estructural, la izquierda de antaño aparece tan solo como tímida promotora de cambios ligeros por medio de la cooperación internacional, profundamente arrepentida de su pasado, desubicada, y aceptante sumisa de la imagen que de si misma ha creado el neoliberalismo en boga según su visión de la historia reciente.

 

 

 

APATÍA ELECTORAL Y OTRAS ACTITUDES

 

¿Puede derrotarse al neoliberalismo en las urnas?. Ingenuamente puede pensarse que sí como primera idea, pero en Latinoamérica, desde hace algún tiempo, las elecciones han dejado de ser el escenario de combate contra las políticas neoliberales.

 

Tras legislaturas cuya duración oscila entre cuatro y seis años se desatan frenéticas campañas electorales  en las que durante un breve periodo de tiempo los políticos neoliberales disponen de una gran cantidad de recursos organizativos y logísticos así como de un aparato publicitario y un apoyo financiero inusitado. Este con frecuencia contrasta enormemente con los recursos y la estructura social del país. En las últimas elecciones brasileñas  el partido mayoritario, hoy en el gobierno, gastó una suma muy similar a la media de las que se gastan en Europa, sin embargo un 75% de los electores ganaban menos de dos salarios mínimos, un 50% no terminó el primer grado escolar, un 90% no estaban sindicalizados y un 20% no sabían siquiera el nombre del anterior presidente de la república(6). Esta democracia imposible, o por lo menos difícil, que tan arduamente tiene que lidiar con profundas fracturas sociales  es la “democracia imperfecta” que menciona el intelectual peruano ultraliberal Mario Vargas Llosa en muchas de sus entrevistas con descarado ánimo de quitar hierro al asunto.

 

Durante las campañas los neoliberales no suelen prometer un programa neoliberal. Más bien critican a los neoliberales anteriores, se camuflan tras un discurso fuertemente nacional y populista digerible por las amplias clases desfavorecidas de bajo nivel educativo y barajan un cambio de rumbo definitivo para “acabar con la pobreza” entre otras premisas habituales. Así, el electorado vota convencido de que apoya una opción de cambio para darse cuenta poco después de que las cosas siguen tal cual o peor. Los programas de ajuste estructural y las alzas del costo de la vida con los que se prometió acabar se aplican sin problema alguno ya que el nuevo gobierno, al igual que el viejo, es responsable ante los organismos económicos y de crédito internacionales, no ante los votantes.

 

 En muchos casos se da el caso de que el pueblo vota con la derecha para actuar poco después con la izquierda, así, la polarización social que se hace desaparecer como por arte de magia durante las campañas presidenciales y las elecciones resurge con toda su crudeza poco después. El “carachazo” venezolano contra Rafael Caldera en 1989 es un ejemplo. Perú, por otra parte, es un caso paradigmático, Alberto Fujimori ganó las elecciones a Mario Vargas Llosa y a Alan García criticando el economicismo neoliberal e insensible de ambos, exactamente el mismo que aplicó a los pocos meses de asumir la presidencia cuando el país estalló en revueltas. Hace un año escaso Alejandro Toledo ganó las elecciones con la promesa de un “Perú posible” diferente, ordenado, con proyección, fuerte ante el FMI y los acreedores extranjeros. Meses después, los escándalos de corrupción de la primera dama y el anuncio de las privatizaciones eléctricas en los departamentos del sur convirtió las calles de Arequipa en una batalla campal, declarándose el estado de sitio a los pocos días de empezar los disturbios.

 

Siguiendo una tendencia general, expresada tal vez con mayor contundencia en Latinoamérica, las elecciones han perdido su significado como método para proporcionar opciones. El pueblo elige a unos u otros candidatos pero no a quienes determinarán las políticas de los mismos cuando lleguen al poder. El orden económico internacional promovido por el FMI, el BM, la OMC, y los intereses estratégicos de EEUU sobre la región superan las democracias nacionales. Como ha ocurrido en todo el mundo, lejos de ser un mecanismo de participación democrática justa, el sistema electoral se ha convertido en una elaborada maquinaria para que el marketing y la publicidad hagan al ciudadano creer que decide. Mientras, quienes en realidad deciden están cada vez más lejos. Y aunque nos decidamos por uno u otro candidato, ellos decidirán finalmente sobre él.

 

Si las elecciones cada vez valen para menos y si en plena resaca revolucionaria la rebelión política no parece una opción atractiva, ¿qué actitudes caben entre las víctimas del neoliberalismo?... el abanico es amplio, y quizá lo más característico de ellas es que muchas no se oponen directamente al neoliberalismo.

 

En primer lugar destacar el aumento generalizado de la abstención, por citar algunos casos, esta fue del 25% hace unos meses en Costa Rica en los comicios que dieron la victoria a Abel Pacheco, del 35% en las últimas elecciones Hondureñas en las que resultó elegido el presidente Maduro, del 42% en las últimas elecciones de Guatemala en las que ganó Rafael Portillo (del ultraderechista FRG, vinculado al dictador Ríos Montt) y del 40% en las recientes elecciones colombianas que culminaron con la victoria del liberal disidente Álvaro Uribe.

 

Por otra parte, el desmantelamiento del estado del bienestar provoca un aumento del “familismo”, si el estado no puede asegurar unos servicios sociales queda la familia como refugio, como respaldo frente al desempleo o la falta de pensiones.

 

 También al desaparecer la conciencia de clase, la rebelión pasa de ser colectiva y duradera a ser individual e instantánea; aumentan el robo y el crimen también como consecuencia del abismo social cada vez mayor, del incremento del sector informal y de la constante promoción de unas necesidades y un estilo de vida difícil de alcanzar para la mayoría “El capitalismo es igualador y desigualador, iguala los deseos y desiguala las posibilidades” (7). No hay líderes políticos sino líderes de bandas, la pandilla juvenil es ahora el núcleo de afirmación de los jóvenes desempleados, de bajo nivel educativo y procedentes de familias desestructuradas. Noche sí noche no se acuchillan y apedrean por una gorra de béisbol o unas zapatillas de deporte. En El Salvador, desde los acuerdos de paz (1990-2000), ha habido 9135 muertes violentas, casi tres veces más que durante el conflicto que asoló el país en los ochenta (1982-1990), en el que murieron 4500 personas (8). Merced a las políticas neoliberales crece la delincuencia y la inseguridad ciudadana con las que los mismos políticos neoliberales jurarán acabar en la siguiente campaña electoral.

 

 Otra actitud frecuente es la emigración, fenómeno especialmente contundente en Centroamérica y México (hacia EEUU) o el la América andina (hacia Europa).

 

En cuanto a las respuesta política de la población cabe señalar que, aunque están surgiendo nuevas líneas de acción que comentaremos seguidamente, el pensamiento político de buena parte de la población se caracteriza si no por la inexistencia, por la ambigüedad. La causa de esta última hay que buscarla en la confusión política generalizada que ha provocado el “arrepentimiento izquierdista” presente en algunos partidos, así como en la rapidez del cambio de contexto internacional provocado por la globalización financiera y las nuevas tecnologías. Este es difícil de asimilar en muchos casos para el militante izquierdista de toda la vida, pendiente de un discurso ya totalmente metabolizado por la derecha neoliberal. En muchos casos, por otra parte, los movimientos sociales crecen o decrecen según medidas neoliberales específicas, lo que revela una falta de estrategia y de visión global. Asimismo, los grupos de poder siguen la estrategia de atacar a cada sector productivo o a cada movimiento social por separado haciendo creer al mismo que solo a él se le ataca y enfrentándole con los demás. Esto ha sucedido entre los mineros y los campesinos bolivianos o entre los colonos y los indígenas en la amazonía brasileña. La comprensión de que el enfrentamiento no es con derechistas conservadores, sino con contrarrevolucionarios neoliberales y la ruptura con los movimientos anteriores, cuando estos ya no aporten nada necesario son elementos clave para la construcción de nuevos proyectos populares.

 

RURALISMO, INDIGENISMO Y AUTONOMÍA

 

Pese a que la izquierda tradicional articulada en base a partidos y sindicatos tradicionales haya sufrido enormemente en Latinoamérica tras la caída del muro de Berlín, han aparecido en escena nuevos movimientos sociales en su mayoría rurales, enormemente activos en lo local aunque con una visión general de los problemas, profundamente desilusionados con la política electoral y en ocasiones de raíz indigenista.

 

Ruralismo;

 

En la versión moderna del capitalismo de siempre que es la globalización, son las áreas rurales las que más sufren, especialmente en los países del sur. Desde una perspectiva internacional, la concentración local de poder se da en las áreas urbanas, allí desembarcan los circuitos internacionales de la economía, la comunicación y el consumo, e incluso en algunos barrios aparecen deslumbrantes retazos del primer mundo soñado. Las desigualdades son altas, la miseria, la corrupción y la inseguridad ciudadana convierten las grandes urbes latinoamericanas en verdaderos infiernos reales.

 

Los pobres son muchos, pero en la era de los estímulos es mayor la motivación que ejerce vivir al lado de los manás del capitalismo que la desgracia cotidiana. “Podemos ser como ellos” es el eslogan sutil pero poderoso con el que despiertan cada mañana cada uno de los cuatro millones de habitantes de las favelas brasileñas, así, en una encuesta realizada el pasado año entre  los vecinos de la peligrosísima y terrible “Rozihna” de Río de Janeiro, dos terceras partes de los mismos preferían vivir cerca del opulento sur de la ciudad carioca aunque conviviesen con el hambre, la droga, la violencia y la prostitución, que sobrevivir modestamente en sus aldeas originarias del Sertâo o Minas Gerais.

 

 La emigración campo-ciudad es un fenómeno todavía en relieve, pero sucede que muchas ciudades latinoamericanas experimentan ya una masificación que hace cada vez más difíciles las oportunidades para los emigrados recientes. Y al contrario que en Europa o los EEUU, aún vive mucha gente en el campo. El sociólogo Eric Hobsbawn predijo hace no mucho tiempo la “muerte del campesinado”, acertó en la tendencia pero falló en el pronóstico temporal. La crisis de la agroindustria y el monocultivo que se ha desarrollado en el campo latinoamericano ha dejado en el paro laboral a un buen número de operarios agrícolas que malviven como precaristas en las zonas rurales a la espera de nuevos productos, nuevos empleos y nuevas cosechas.

 

En muchas ocasiones empiezan a cultivar pequeñas parcelas en tierras pobres, agotadas y erosionadas con mero afán de supervivencia. Por otra parte, tal y como afirma el dirigente cocalero boliviano Evo Morales, también se han convertido en campesinos obligados un gran número de obreros desplazados o despedidos de minas y fábricas, merced a las recientes reestructuraciones. Pese a la existencia cada vez mayor de poblaciones campesinas procedentes de áreas diferentes a las que ocupan, pervive una visión positiva y cercana acerca de los pequeños recursos de los que gozan las familias rurales, lo que en muchas ocasiones desemboca en un sentimiento de orgullo y arraigo.

El efecto desfavorecedor de la globalización para las áreas rurales y una toma de conciencia no intencionada de los valores de lo rural han creado nuevos movimientos campesinos diferentes a los antiguos, con una visión en ocasiones mucho más cosmopolita de los problemas que la que estos últimos tenían.

 

Actualmente, en América latina, los movimientos rurales articulan un número de gente implicada mucho mayor que los sindicatos urbanos. Resulta espectacular al respecto el caso del MST brasileño, el movimiento cocalero boliviano o la Federación Campesina Nacional paraguaya. En los últimos años han surgido asimismo organizaciones como la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC) o Vía Campesina en las que frente al origen rural de sus dirigentes y coordinadores principales destaca la dimensión internacional de su discurso y sus líneas de actuación.

 

Autonomía política;

 

Quizá el rasgo más novedoso y sorprendente de estos movimientos es que han ocupado un indudable espacio político sin convertirse en partidos, es decir, han comenzado a hacer política sin plantearse la toma de poder. Luchar por obtener el poder es un juego que no les interesa, en el que, como ya han comprobado, se juegan tanto su integridad como su prestigio. Los recursos económicos y mediáticos de los partidos de derecha tradicionales controlados por las oligarquías hacen a estos tan poderosos que resulta absurdo para los nuevos movimientos competir en semejante terreno de juego. Es más lo que puede perderse (que casi siempre se pierde), que lo que puede ganarse (que casi nunca se gana).No se trata del partido que gobierne,  en palabras del subcomandante Marcos “El PRI puede mantenerse incluso con otro partido diferente, lo que no se mantiene es el proyecto político, económico y social que está liquidando la nación”(9).

 

De esta manera las nuevas organizaciones populares rechazan convertirse en otro partido, no quieren votos sino interlocutores con la sociedad y con otros movimientos, ser el comienzo de nuevas redes políticas. Así, en México el EZLN mantiene relaciones fraternales con el PRD, el MST con el PT en Brasil y Vía campesina en El Salvador suele apoyar al FMLN. Sin embargo, la raíz de la movilización reside en las luchas extraparlamentarias (bloqueos de carreteras, huelgas, ocupaciones de fincas... etc), la estrategia se cuece en el interior de los movimientos y las acciones de estos indican en algunas ocasiones la dirección por la que moverse a los partidos de izquierdas tradicionales que aún sobreviven. 

 

Indigenismo;

 

Si en las áreas rurales es mayor que en las ciudades el sentimiento de que el modelo de desarrollo implantado por la globalización no funciona, este se pone más de relieve aún en las áreas rurales en las que existe una fuerte pervivencia de las culturas indígenas de raíz precolombina.

 

La dificultad de mantener una cultura propia de ámbito muy local frente a la cada vez mayor difusión de la cultura de masas enlatada de carácter internacional, o de mantener modelos agropecuarios basados en un conocimiento íntimo del territorio, sus recursos y potencialidades, frente a la agroindustria de exportación promovida por muchos de los programas del BM, provoca en buena parte de las comunidades indígenas un sentimiento de humillación y de olvido por parte de las autoridades nacionales y/o locales.

 

Aunque la mayoría de los pueblos indígenas de América están sumidos en el oprobio y arrastran una resignación que hace difícil el resurgimiento de actitudes constructivas, en otros casos pervive aún el sentimiento de que la descolonización del continente fue incompleta, porque los grupos en el poder nunca han renunciado al proyecto civilizatorio de un continente nuevo de cultura occidental  que excluye el continente precolombino antiguo. Este modelo económico y político es difícil de asimilar para el receptor indígena, no le comunica nada y siente que cuando se rebela “sigue cayendo sobre el la alianza de la cruz y la espada, ahora la televisión y la bala” (9). Todo ello porque en definitiva se le sigue considerando un perdedor tozudo y estúpido incapaz de asumir las ventajas de la nueva civilización.

 

En el discurso oficial se habla de “Mestizaje” (en los países hispanoparlantes) o de “Democracia racial” (en Brasil), y en algunos casos se ha hecho un esfuerzo en reconocer la diferencia cultural de los pueblos indígenas y el enriquecimiento que esta supone, pero no basta con reconocer su diferencia, ocupan un lugar con el que existe un arraigo fundamental y necesario, y tienen una diferente cosmovisión del hombre y del mundo que habita, y esto es lo que no se respeta.

 

El indigenismo ha sido importante también para crear un nuevo discurso en el que ya no existen colonizadores y colonizados sino globalizadores y globalizados, ya no se trata de un enfrentamiento entre socialismo y capitalismo sino de buscar una alternativa al desorden real creado tras esta batalla. A partir de este paradigma se ha desarrollado un nuevo lenguaje que a veces es no hablado y que resulta muy difícil desarmar a los intelectuales y políticos de la oligarquía, que agradecen los planteamientos ideológicos de las guerrillas clásicas tipo FARC-EP.

 

El indigenismo es responsable además de haber sembrado el planteamiento ecologista en algunas organizaciones campesinas (con las que cada vez posee una mayor convergencia) y ha ayudado a los líderes rurales a clarificar una visión sobre la tierra y sus recursos que hasta el momento y en el mejor de los casos solo intuían.

 

Es reseñable por último que contradictoriamente a lo que pueda pensarse, la globalización, en su papel difusor de las nuevas tecnologías, ha supuesto un empuje sin precedentes para la toma de conciencia de los pueblos indígenas y los movimientos campesinos indigenistas acerca de su dignidad, sus apoyos y su capacidad organizativa. Sin internet y las modernas tecnologías de difusión informativa hubiera sido imposible la campaña de los mapuches chilenos contra las presas del alto Bío-bío en los años recientes o la de los kayapó brasileños contra la de Altamira en 1988. También estas han jugado un papel primordial en la creación y mantenimiento de organizaciones como COICA (federación de pueblos indígenas de la cuenca amazónica), o la propia CLOC. La emisora “Radio shuar” de los shuar ecuatorianos, con sus programas bilingües, ha sido un arma muy importante para mantener la identidad y la comunicación entre los miembros de dicha etnia y articular su lucha contra las prospecciones petrolíferas de Esso-Hispanoil con otros movimientos sociales del país andino (10).

 

PINCELADAS PAÍS POR PAÍS

 

Tras analizar la coyuntura económica, política y social de América Latina en la época de la globalización y esbozar los nuevos elementos que incorporan los movimientos sociales que surgen de este contexto, pasaremos a ofrecer algunas pinceladas al respecto país por país. La enorme cantidad de factores que influye en la situación actual de las  naciones latinoamericanas daría lugar a un texto inacabable e inabordable en este apartado. Aceptando por tanto una necesaria superficialidad, realizaremos un breve análisis de cada país más para proporcionar nombres, datos y claves importantes que para explicar fielmente el contexto determinado de los mismos.

 

Argentina, ¿mucho ruido y pocas nueces?;

 

En Argentina ha sido paradigmática la deriva neoliberal que ha sufrido la izquierda institucional. De igual manera el todopoderoso sindicato CGT, que fue clave en la derrota de Alfonsín, sirvió luego al programa neoliberal de Menem que también acabaron aceptando los disidentes del “Frente Grande”. Sin embargo, lo más asombroso del panorama político de la gran nación del cono sur ha sido la existencia de acciones de masas espectaculares en muchos casos desligadas de los partidos, sindicatos y movimientos sociales, especialmente en las provincias. La lucha callejera que tuvo lugar en el “Argentinazo” con el que terminó el 2001 es quizá una excepción, aunque si bien no fue netamente espontánea también es verdad que no tuvo una organización política unificada. Tras la autoproclamación del justicialista Eduardo Duhalde como presidente, la explosión de cólera popular ha continuado a pesar de que los medios de comunicación internacionales apenas hayan hecho eco de ello. Han surgido tras la revuelta de Enero poderosas agrupaciones de “piqueteros” autónomos que organizan la rabia y cuyo modelo de funcionamiento es el MST brasileño. Es importante el desarrollo de una nueva toma de conciencia sobretodo en las clases medias de que el modelo político tradicional está agotado y de que la Argentina no necesita tanto otro presidente o un nuevo préstamo financiero como una renovación de las instituciones y la manera de participar en la vida pública hasta ahora existente. Se realizan experiencias novedosas muy positivas como las asambleas barriales y los círculos de consumo que se extienden como nuevas formas de entender la sociedad y las relaciones económicas en el gran Buenos Aires. Es imposible no mencionar a las incansables Madres de la Plaza de Mayo, que sin bajar la guardia han sido y son un referente en América y en el mundo entero por su tenacidad y perseverancia 

 

Chile, las apariencias engañan;

 

Pese a ser una nación más próspera y mejor gobernada que los países vecinos, las apariencias engañan y a menudo esta percepción hace olvidar el durísimo control de la vida política que aún mantienen quienes dirigieron el régimen pinochetista. El carácter autoritario de la constitución y la subordinación del poder legislativo a los antiguos dirigentes militares es apabullante. Del gobierno de Ricardo Lagos, de centro-izquierda, no se sabe si está atemorizado, vendido o ambas cosas a la vez. A este respecto basta recordar las declaraciones del  ministro Insulza hace un año en la UAM (Universidad Autónoma de Madrid), en las que aseguraba que los chilenos deseaban el golpe de estado y que a fin de cuentas al país no le ha ido tan mal. El Partido comunista chileno, liderado por la carismática Gladys Marín, obtuvo recientemente un incremento del 44% en la representación que tenía en la CUT (Central única de Trabajadores), el sindicato único del país andino, pero no termina de adaptar sus ideas de izquierda a las realidades de la globalización. Mientras, la ideología neoliberal es quizá más hegemónica en Chile que en cualquier otro país del continente. No existe un movimiento campesino fuerte, pero se ha creado una red de sindicatos independientes y un grupo de centro-izquierda desilusionado con el entreguismo de Lagos. Mención especial merece el movimiento indígena mapuche, muy fuerte y organizado, así como el movimiento ecologista, especialmente intenso en Chile en comparación con otros países del área.

 

Uruguay, empezando.

 

El partido de centro izquierda EP-FA se ha caracterizado por la ambigüedad de sus políticas recientes, especialmente en el gobierno local de Montevideo donde ha tenido más de retórica que de otra cosa. Pese a ello acorta puntos respecto a la derecha oligárquica tradicional articulada en torno a los partidos “Blanco” y “Colorado”. Al antaño pujante movimiento “Tupamaro” se le critica el relajamiento electoral que ha experimentado tras formar el partido político MPP. Existe en Uruguay un positivo acercamiento de las organizaciones campesinas a las ideas y las tácticas del MST brasileño, este es especialmente notable en las regiones Norte y Oeste. En esta zona  varias municipalidades están muy atentas a la puesta en práctica de presupuestos participativos en Porto Alegre y otras localidades del vecino estado brasileño de Río Grande do Sul, muy similar a la pequeña nación rioplatense en geografía, clima y cultura.

 

 

 

 

Paraguay, construyendo futuro a partir del pasado.

 

De los países del cono sur es Paraguay el que posee una organización campesina más fuerte y coherente con los nuevos planteamientos anteriormente señalados, la FNC (Federación Nacional Campesina), que ha dejado de estar considerada un problema rural para pasar a ser una actora clave en la vida política nacional. La FNC es el resultado de un proceso de ocupaciones-expulsiones de fincas que se ha desarrollado desde el fin de la férrea dictadura de Stroessner y que arrastra el recuerdo de la exitosa experiencia étnico-nacional que se desarrolló en el siglo XIX (11),(Paraguay fue tal vez la única nación latinoamericana que no empezó a construirse a medida de intereses externos). Existe una brecha importante entre los  dirigentes campesinos y los intelectuales, muy ligados a las grandes ONG´s y al centro izquierda que comulga más o menos con el estado de cosas neoliberal.

 

Brasil

 

Es Brasil junto a México un país clave cuyo análisis resulta fundamental para esbozar un retrato más o menos fiel de los movimientos sociales latinoamericanos en la era de la globalización. De las recientes experiencias brasileñas o mexicanas podrían extraerse un par de trabajos que superasen tres veces la extensión de este mismo.

Brasil, la nación con las desigualdades más sangrantes del continente, cuenta también con el movimiento campesino mayor y más organizado de América Latina en la actualidad, el MST (Movemento dos trabalhadores rurais Sem Terra), en el que participan 150.000 familias (12)(en torno a ocho millones de personas). Los orígenes del MST se remontan a organizaciones como la ULTAB (Unión de Trabajadores Agrícolas de Brasil) o el MASTRO (Movimiento de la Agricultura sin Tierra del Oeste de Paraná) que comenzaron a luchar contra las injusticias provocadas por el Estatuto de la tierra de 1964, que favorecía a los terratenientes, y las sucesivas leyes o y actuaciones (antirreformas agrarias) de los gobiernos de Sarney, Collor de Mello, Itamar Franco y recientemente Fernando Henrique Cardoso.

 

El MST tiene como objetivos principales de lucha la tierra, la reforma agraria y la justicia social. Busca reencontrar la implicación tierra-campesino en un continente en el que la agricultura de exportación ha convertido a los campesinos en “obreros agrarios” o “precaristas del campo” (“boiâs frias” en Brasil), resignados a trabajar de acá para allá en tierras que no son suyas y sin que nada les pertenezca. De esta manera promueve no solo el acceso del campesino a la propiedad sino también a la cultura perdida sobre el uso de la tierra.

 

El proceso suele ser siempre el mismo; ocupación repentina de latifundios con un gran número de personas, resistencia a los ataques de las fuerzas estatales, los pistoleros y los grupos parapoliciales usualmente contratados por los dueños, y producción en base a nuevas fórmulas económicas (policultivo,  pequeñas industrias transformadoras y mercados locales). La segunda de estas tres fases es la más crítica, así, entre 1984 y 1989 murieron 848 campesinos del MST en tierras recién ocupadas.

 

La fuerza social del MST es indiscutible y hace tiempo que el PT (Partido de los Trabajadores) y la CUT (Central Única de Trabajadores) claudicaron ante la misma. Una consulta a nivel nacional generó en 1993 la ley 8624 que ampara la ocupación de tierras pertenecientes a latifundios que no se hallan puesto a producir. En Marzo de 1999, el movimiento organizó una marcha sobre la capital Brasilia que coincidió con las huelgas en los puertos de Santos, Vitoria y Río de Janeiro por la privatización de los servicios portuarios, y en la empresa minera “Vale do Río Doce” por el mismo motivo. Un mes antes se batió en el estado de Pernambuco el record de ocupaciones hasta la fecha ¡¡41 en treinta días!!.

 

La oligarquía brasileña ha hecho un esfuerzo constante en enfrentar a los campesinos desheredados con los pueblos indígenas de las nuevas regiones del país a “colonizar”, pero el MST es contrario a los proyectos de colonización de las “tierras nuevas” amazónicas. Denuncia estas como un engaño al campesino “al que sacan de su tierra con injustas estructuras de propiedad agraria para llevarlo a un lugar donde la agricultura es imposible”, y anima al mismo a luchar contra las injusticias para que no sea necesario emigrar. Asimismo, apoya la autonomía y la demarcación de los territorios indígenas del Amazonas.

 

En Brasil tiene fuerza también el indigenismo y la teología de la liberación (Comisión Pastoral de la Tierra) en la que destaca la figura del catalán Pere Casaldáliga. Es necesario señalar también al movimiento amazónico de caboclos y “seringueiros” al que pertenecía el carismático líder “Chico Mendes”, asesinado en los ochenta por un pistolero a sueldo. Este agrupa a recolectores y caucheros no indígenas contra la devastación de la selva.

 

Bolivia...casi, casi

 

En Bolivia, uno de los países americanos con renta más baja, también se presentan las características de los nuevos movimientos sociales. Existen por lo menos tres actualmente, los movimientos campesinos del sur, los mineros y los sindicatos de la paz. Los mineros sufrieron una crisis tras los cierres que provocaron los programas de ajuste estructural llevados a cabo por los gobiernos sucesivos de Paz Zamora, Sánchez Losada y Hugo Bánzer. Pero aquella tragedia iba a tener un rasgo positivo imprevisto, tras los 50.000 despidos muchos mineros se establecieron en el campo, depositando su experiencia en organizaciones rurales como el movimiento campesino del sur, que aúna tanto a cocaleros como cultivadores de productos alimenticios de primera necesidad. Al igual que en Paraguay lo que empezó como un tímido intento de asociacionismo entre pequeños productores se está convirtiendo en un actor clave en la política nacional... sin ser un partido. A finales de los noventa el gobierno de EEUU, tan indeciso para atacar en su propio suelo los bancos y las empresas acusadas de blanquear los ingentes beneficios del narcotráfico, decidió atacar “a la colombiana” a los cocaleros, Evo Morales, uno de los dirigentes del movimiento campesino amenazó al presidente boliviano con crear un nuevo Chiapas en los andes si permitía la operación.

 

Perú

 

No se ha reactivado en Perú el espectacular movimiento rural que tuvo lugar en las décadas de los cincuenta y los sesenta en ciertas zonas de la cordillera. Tampoco la reciente cólera popular contra el entramado mafioso Fujimorista ha desembocado en un proyecto político concreto, aunque se han creado interesantes experiencias de desarrollo comunitario y autogestionado en las grandes ciudades . Existen todavía en activo, aunque muy a la baja, dos grupos guerrilleros concebidos con el típico esquema “foquista” (toma de poder territorial desde un foco inicial en enfrentamientos irregulares con el ejército), Sendero luminoso y el MRTA. “Sendero”, de dudosa reputación por sus atentados urbanos y su mala relación con las organizaciones indígenas, ha claudicado prácticamente (Aunque los medios dieron por definitiva su desaparición tras la captura reciente de uno de sus máximos líderes). El MRTA protagonizó en 1996 una espectacular operación cuando tomó la residencia del embajador de Japón en Lima y retuvo durante un largo tiempo medio a un centenar de rehenes. Actualmente mantiene algunas “zonas calientes” en los departamentos de Huancavelica, Huanuco, Ayacucho y Cerro de Pasco.

 

 

Ecuador, indigenismo pujante.

 

Tiene Ecuador un interesante y fuerte movimiento indigenista agrupado en la CONAIE (Confederación de Nacionalidades y Pueblos del Ecuador) también conocido como “Movimiento del arco iris). El Proyecto Político que la CONAIE ha elaborado y defiende es una propuesta alternativa al sistema neoliberal que presenta al conjunto de la sociedad en un afán de buscar interlocutores y tejer redes de resistencia en un planteamiento muy similar al del EZLN mexicano. El objetivo que se propone es la  construcción de un nuevo estado plurinacional y verdaderamente democrático que promueva la vida comunitaria. Afirman los portavoces de la CONAIE que en  Ecuador el “problema del indígena”, no es únicamente un problema pedagógico, eclesiástico, o administrativo como señalan los sectores dominantes sino un problema económico, social  y político. Pretenden recuperar el espacio político usurpado en 1.492, para desde el mismo cuestionar y poner al descubierto la injusticia social y explotación económica, el ineficiente y caduco sistema jurídico-político y administrativo, así como el carácter antidemocrático del Estado y de las instituciones. Como los zapatistas, reconocen que su meta no se reduce a la toma del poder, sino a la transformación de la naturaleza del mismo, articulado en un “Estado Uninacional hegemónico blanco – mestizo”.

 

La CONAIE y el conjunto de organizaciones sociales del país andino conforma el “Comité de Campaña Nacional Contra el Área de Libre Comercio de las Américas”. Hace unos meses fueron detenidos en Guayaquil 30 participantes en una concentración pacifica cuyo propósito era entregar a los presidentes de sudamérica una “carta gigante” de 12 por 30 metros, que bajo el lema "Otra Integración es Posible" contenía las principales preocupaciones y demandas de los movimientos sociales ecuatorianos. Jorge Loor, líder de la CONFEUNASSC (Confederación Nacional del Seguro Campesino), señaló enfáticamente que quieren otra integración latinoamericana, “no la que proponen el capital,  las corporaciones transnacionales , la OMC, el FMI, BM. La CMS (Coordinadora de Movimientos Sociales) ecuatoriana, promovió el  Encuentro Nacional "Otro Ecuador es Posible" durante los días 21 y 22 de junio del 2002 en las instalaciones del Nuevo Teatro de la Universidad Politécnica Salesiana de Quito.

 

 

Colombia

 

Tras el 11 de Septiembre hemos asistido a un caso asombroso de “creación de estado de opinión” acerca del problema colombiano. La situación del país es compleja y difícil de explicar, nada parecido al argumento “hay una guerrilla mala y terrorista que causa los problemas” mil veces repetido en prensa, televisión y radio.

 

Aunque no exista un movimiento fuerte con los nuevos rasgos comentados en este trabajo, el movimiento de resistencia es amplio. Colombia es el país que más ayuda militar recibe de EEUU (360 millones de $ en 1999)(8), pero aún no ha logrado acabar con su “problema”. Las FARC-EP están en 800 de las 1500 municipalidades y en algunos departamentos como Antioquia gozan de bastante apoyo y legitimación, ello sin tener en cuenta al ELN.

 

 Es especialmente grave en Colombia la violación de derechos humanos, los informes de Human Rigths Watch y la ONU a principios del 2000 demuestran que son los paramilitares los responsables de la mitad de las atrocidades (la guerrilla se lleva las otras tantas), así como su vinculación con el ejército regular. Los paramilitares asesinaron en Urabá a 500 trabajadores del campo en 1998, y la Comisión Colombiana de Juristas mostró en 1999 que la tasa de asesinatos del país correspondiente a los “paras” aumentó un 45% desde el año anterior. Es evidente la vinculación de estos con el narcotráfico (como casi todos los poderes políticos y/o militares de Colombia) pero en la propaganda del “Plan Colombia” solo se habla al respecto de las FARC-EP.

 

Importante señalar también que estas crearon un partido político (Unión Patriótica) cuya fuerte salida inicial al “mercado de votos” se saldó con 3000 activistas asesinados. La UP se rebautizó como MBNC (Movimiento Bolivariano para una Nueva Colombia), decidiendo permanecer en la clandestinidad. Se habla del manido “terrorismo” como el principal problema de Colombia, pero como ya afirmó el ex ministro de asuntos exteriores Vázquez Carrizosa, “han sido la pobreza y la insuficiente reforma agraria las que han hecho verdaderamente trágica a nuestra nación”.

 

Venezuela, la revolución desconocida.

 

Venezuela está viviendo una experiencia insólita que ha cuajado tras años de movilizaciones populares y campesinas cuya más conocida expresión fue tal vez el “Caracazo” de 1989 contra el programa de ajuste estructural implementado por el gobierno de Rafael Caldera. La actual revolución bolivariana no supone un proyecto alternativo porque se inserta dentro del marco del capitalismo pero si ha significado un avance en el equilibrio de poderes frente a las oligarquías (Renovación de la cúpula de la empresa petrolera estatal PDVSA), la organización ciudadana de base (creación de Círculos Bolivarianos), la regularización de la tenencia de la tierra y el logro de mayores niveles de autoabastecimiento alimentario (Ley de tierras), e incluso el papel de la mujer (comités de amas de casa y sueldos para trabajadoras domésticas). No fue hasta que Chávez mostró un decidido ímpetu en el cambio de las estructuras sociales que comenzó la campaña mediática y financiera decidida a acabar con su gobierno. El golpe de estado estaba dirigido por venezolanos influyentes en el exterior (Alejandro Peña Exclusa, Pedro Carmona Estanga) y empresarios no beneficiados con el nuevo gobierno. Contó con la participación de las clases altas y medias-altas de Caracas y el sindicato CTV (Central de Trabajadores de Venezuela), que desde hace un tiempo se enfrentaba a acusaciones de corrupción y estaba perdiendo peso en la acción política nacional. El papel de los medios de comunicación fue un caso de manual, al igual que contribuyeron a crear la imagen de ingobernabilidad previa al golpe de estado que sorprendió a muchos venezolanos, se dedicaron a retransmitir teleseries mientras el pueblo devolvía a Chávez al palacio presidencial de Miraflores.

 

Cuba

 

18 meses después de la caída de la URSS las 2/3 partes de la economía cubana se desbarataron, cayendo el PIB casi el 35%. Comenzó entonces el “periodo especial” y los EEUU endurecieron el bloqueo con la “Ley Torricelli” en 1992 y la “Ley Helms Burton” en 1996. Contradictoriamente, el bloqueo ha favorecido al régimen cubano. Es difícil encontrar alguien de acuerdo con el mismo en la isla, los partidarios de Fidel porque impide que las cosas funcionen tal y como deberían hacerlo, los anticastristas porque piensan que tal vez sin este al comandante se le acaben las excusas. En 1994 hubo 101 votos contra el bloqueo comercial a Cuba en la Asamblea general de la ONU, 48 países se abstuvieron y solo 4 votaron a favor. Incluso en EEUU gran parte de la opinión pública está en contra de una política que solo tiene sentido para los primeros exiliados de Florida, en su mayor parte batistianos expropiados que huyeron más por motivos políticos que económicos.

 

Reconoce María del Carmen Ariet, profesora de la Universidad de La Habana (13) que en los noventa Cuba afrontó el reto de convertir el acostumbrado marxismo de manual en un marxismo  propio. En el medio rural, debido al importante peso que tenían antes del “periodo especial” los cultivos de caña de azúcar para la exportación, se está llevando a cabo la ingente tarea de sustituir los mismos por otros adoptando un modelo propio para el autoabastecimiento. Hay experiencias interesantes de agroecología y sistemas de distribución alimentaria controlados por los propios campesinos (agromercados). Mientras tanto, la inversión extranjera asociada a las grandes corporaciones turísticas ha supuesto una fuente de divisas pero el mismo tiempo ha establecido diferencias de clase y nuevos problemas quizá inevitables. Pese al discurso de nueva izquierda mostrado por Fidel Castro en algunas de sus intervenciones recientes, de puertas adentro es difícil desterrar en Cuba que la clase dirigente del partido, y no la ciudadanía, es el sujeto de cambio.

 

República Dominicana

 

En la pequeña nación caribeña gran parte de la población campesina ha emigrado para las ciudades y un significativo contingente lo ha hecho al exterior (el 20 por ciento de los habitantes del país). A raíz de los crecientes problemas de desalojos (“despejos”) en la periferia urbana de Santo Domingo, así como del continuo establecimiento de Zonas Francas, algunas organizaciones sociales urbanas están abriendo vínculos y trabajando en la preparación del documento “Grito de los excluídos” con intención de presentarlo al gobierno y a los responsables de las empresas e instituciones económicas internacionales a las que sirve. En este se afirma que “Exigimos que el gobierno reconozca los derechos del pueblo a fin de garantizar la satisfacción de sus necesidades básicas, contraponiéndose a la lógica del mercado y permitiendo una participación democrática”. Los movimientos sociales dominicanos actuales han surgido tras la etapa de confusión que supuso la renuncia a las exigencias sociales de la población del partido de oposición, ahora en el gobierno, y el desmantelamiento en la época del presidente Balaguer (antiguo asesor de Trujilllo) de los movimientos que se enfrentaron en los años cincuenta y sesenta a la dictadura de este último.  Están muy en relación con otras organizaciones caribeñas reunidas en la “Asamblea de los Pueblos del Caribe” y empiezan a tender puentes continentales.

 

Puerto Rico, independencia y más.

 

El diminuto estado puertorriqueño, “asociado a EEUU” cuenta con un fuerte movimiento independentista que trabaja en ambos países, la Coalición Nacional de Puerto Rico. Debido a las demandas de soberanía y cambio de modelo político que esta propugna así como a las relaciones de la misma con movimientos sociales y grupos antisistema estadounidenses, buena parte de sus dirigentes cumplen condena en EEUU como presos políticos. Destaca también el Comité Pro Rescate y Desarrollo de Vieques (CPRDV) aunque comenzó centrando sus demandas en el fin de las maniobras militares en la citada isla, ha acabado por ampliar su cobertura política denunciando la pasividad y el amedentramiento de la sociedad puertorriqueña que ha provocado el anexionismo "Cuando a un pueblo se le inculca la idea de que está bien que otro decida por cómo y cuando se deben hacer las cosas, hay algo torcido en ese planteamiento. Cuando la dependencia se eleva a rango de programa de gobierno, hay un mensaje dañino para la autoestima colectiva de ese pueblo”. El CPRDV y el CNH (Consejo Nacional Hostosiano) otra organización independentista y de izquierdas convocaron el 22 de Febrero de este año un paro estudiantil en las universidades de Puerto Rico y de EEUU por la sentencia que condena a cumplir 3 años y 5 meses de cárcel al estudiante Pedro Colón Almenas, detenido en una manifestación antimilitarista y anticolonialista en Vieques.

 

Panamá en horas bajas.

 

Después de una lucha ardua por la soberanía del canal y contra la intervención norteamericana, los movimientos sociales panameños han entrado en cierto estado de latencia. Destacar las organizaciones ecologistas reunidas en la ISCA (Sociedad Civil para el Ambiente), un incipiente movimiento indígena de kunas y emberás y pequeños remanentes de las antaño poderosas organizaciones antiimperialistas. No existe tampoco, a diferencia de Nicaragua, El Salvador e incluso Honduras, un movimiento campesino de referencia.

 

Costa Rica

Esta pequeña nación ha sido posiblemente el estado más próspero, estable y con mayor nivel de prestaciones sociales del continente. Un verdadero oasis que sin embargo no ha escapado a la dinámica de la globalización neoliberal de los noventa. Comenzaron las privatizaciones así como la desconfianza hacia la clase política, inédita en la pequeña “Suiza de Centroamérica”. En las últimas elecciones surgió un nuevo partido que rompió la dicotomía Social Cristianos-Liberación Nacional existente hasta el momento; Acción Ciudadana, con un discurso muy centrado en la participación popular, la igualdad y el medio ambiente. También es importante, al igual que en Chile, el movimiento ecologista, y hay experiencias cooperativistas con éxito en el sur y el valle central.

 

Nicaragua, el dolor como recurso político.

 

Otro país, como Bolivia, fuertemente empobrecido. La deuda externa de Nicaragua asciende a 6.900 millones de dólares, pero EEUU debe aún a la nación centroamericana 17.000 por los daños causados tras la agresión terrorista de los ochenta, a la que contribuyó con financiación y capacitación militar. No ha pagado. El movimiento que desarrolló “la revolución más linda del continente” en palabras de Eduardo Galeano, y que recibió una asombrosa solidaridad internacional, el FSLN, se ha convertido hoy en un partido político en el que operan dos tendencias. Daniel Ortega y Tomás Borge entre otros encabezan la opción “postmarxista”, así, compiten con el partido liberal (de derechas) por la financiación de EEUU, declararon el “fin del antiimperialismo” y en 1994 apoyaron públicamente las políticas de Salinas de Gortari en México. Victor Hugo Tinoco y Mónica Baltodano encabezan una generación joven y rupturista que apoya los planteamientos de los nuevos movimientos sociales del país (14). Estos se estructuran en base a cooperativas resistentes creadas durante la revolución sandinista muy activas en lo local y próximas a Vía Campesina y la Teología de la Liberación. La asociaciones agrarias realizaron una marcha sobre Managua en Junio del 2001 que contó con una gran participación y a la que se unieron sindicalistas y trabajadores sociales urbanos. En Nicaragua, como en El Salvador, es frecuente el uso electoral de la “cultura del dolor” remanente tras la guerra. Así, quienes en su día apoyaron la intervención de EEUU y provocaron los más de 200.000 muertos, se emplean hoy a fondo en las recientes campañas de los medios de comunicación que identifican sandinismo con guerra y tragedia aprovechándose de las heridas recientes.

 

El Salvador, el dolor como recurso político II

 

Como la vecina Nicaragua, El Salvador sufrió un terrible conflicto durante los años ochenta en el que el ejército y fuerzas paramilitares asociadas al partido en el gobierno, Alianza Republicana Nacional (ARENA), trataron de impedir la toma de posiciones de la guerrilla Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN). Al igual que en Nicaragua es frecuente el uso del dolor para obtener réditos electorales identificando la esperanza de cambio con la muerte y la guerra.  Como se admitió en el texto final de la Conferencia de los Jesuitas que tuvo lugar en San Salvador en 1994, “El gran logro de las operaciones de terror planeadas por la CIA en la región no fue la muerte de guerrilleros, campesinos, líderes sociales y sacerdotes sino el haber dejado una cultura de terror en la población que hace muy difícil el resurgir de las esperanzas nacidas en los setenta”. Hay en El Salvador un importante movimiento campesino muy en contacto con el de Nicaragua y la capital, San Salvador, está gestionada actualmente por un gobierno del FMLN dirigido por el carismático socialista Héctor Silva.

 

Honduras, empezando.

 

En Honduras no llegaron a cuajar los movimientos guerrilleros y las organizacines populares locales (Chinchoneros, Morazanistas... etc) de los años setenta y ochenta similares a las nicaragüenses o salvadoreñas. La represión militar fue brutal en un país manejado con mano de hierro hasta hace poco y muy controlado por EEUU, que lo utilizó como base de operaciones contrainsurgentes frente a las revoluciones vecinas. Despunta un movimiento campesino aún tímido que empezó a ser noticia hace tres años con la toma de tierras de la comunidad de “El Aguán”, al sur del país.

 

Guatemala

 

Con una situación más similar a la del vecino estado mexicano de Chiapas que a la de los vecinos países centroamericanos, Guatemala muestra una sociedad enormemente polarizada y un problema de racismo cultural sin parangón en América. Destaca la lucha indigenista contra la impunidad militar tras los crímenes y las sucesivas campañas de “limpieza étnica” llevadas a cabo en décadas anteriores. También fue habitual el desplazamiento forzoso de comunidades enteras de unas a otras zonas del país para romper la identidad cultural y la dependencia de prácticas agrarias ancestrales de autoabastecimiento. Mientras la líder campesina Rigoberta Menchú fue sometida a un montaje espectacular hace unos años desde EEUU con la publicación de un libro que hacía dudar de la veracidad de sus acusaciones sobre delitos contra los derechos humanos al gobierno, el Grupo de Madres Guatemaltecas defendía la impunidad para lograr la “paz” y la “democracia” en el país. También es importante el movimiento sindical en las “maquilas” o fábricas textiles subcontratadas. En 1999, tras una enorme solidaridad internacional, sobretodo de asociaciones y organizaciones izquierdistas de EEUU, se logró un sindicato en la fábrica de la empresa Philip Van Hausen. En reconocimiento a este logro social la maquila cerró y la empresa retiró sus inversiones alegando “libertad comercial y de inversión”.

 

México imprescindible.

 

Sin duda alguna México es junto a Brasil el país latinoamericano en el los nuevos movimientos sociales de la región se presentan con mayor pujanza. México tiene también una densa y rica historia contemporánea de cuyo análisis emergen cuestiones básicas para comprender la cultura de la resistencia en el conjunto de América latina.

 

En Enero de 1994 hizo su aparición pública en el estado de Chiapas el EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional). En la madrugada de ese mismo día, cuando entraba en vigor el TLC (Tratado de Libre Comercio) entre México, Canadá y EEUU, los indígenas chiapanecos del EZLN desencadenaron una ofensiva espontánea y decidida que sacudió decenas de comunidades y que concluyó momentáneamente con la “Declaración de la Selva Lacandona”. La respuesta del PRI (Partido Revolucionario Institucional), en el gobierno, no se hizo esperar, 15.000 hombres con apoyo blindado y cobertura aérea invadieron la zona bombardeando, lo que obligó al éxodo hacia Guatemala a miles de campesinos. Posteriormente y ante la proximidad de las elecciones presidenciales el gobierno mexicano quiso dar un ejemplo de democracia ante la opinión pública mundial y se apresuró a negociar con los zapatistas, eso sí, sin abandonar su política de represión y acoso militar en la zona. El 21 de Febrero el mediador gubernamental Camacho Solís y el obispo de San Cristóbal de las Casas Samuel Ruíz (próximo a la Teología de la liberación), mediador de los zapatistas, se reunieron en la catedral de San Cristóbal . Tras diez días de intensas negociaciones los representantes dieron a conocer los resultados.

Todo el debate giró en torno a las 34 demandas básicas del EZLN, entre las cuales destacaban tres asuntos de fondo; el cuestionamiento de los mecanismos electorales, el reparto de tierras, y el respeto a los derechos, la cultura, el modo de vida y las formas de autogobierno de los indígenas.

 

Desde 1994 hasta ahora no han cesado las muestras de apoyo y solidaridad internacional con el movimiento zapatista en todo el mundo.Tras las primeras semanas de enfrentamiento y mientras resistía un severo cerco militar, el EZLN desplegó una intensa actividad política llevando sus planteamientos desde Chiapas al conjunto del estado mexicano. El EZLN es un movimiento totalmente innovador y no cumple con las características de las guerrillas “foquistas” típicas como se la consideró en un primer momento. El planteamiento zapatista se basa en una sociedad donde los indígenas tengan una lugar sin que todo el conjunto de la misma tenga que imitarles. No pretenden convertirse en partido político porque no quieren entrar en un juego de poderes e intereses que no ambicionan ni cuya lógica comparten. Se consideran el fracaso real de la oferta neoliberal, que continúa aunque cambien los gobiernos, en palabras del Subcomandante Marcos, uno de sus líderes más carismáticos, “ El neoliberalismo es un símbolo que se resiste a ser sacrificado en un mundo de estafadores”.

 

Hay en México otros movimientos campesinos (sobretodo en Guerero y Oaxaca) y urbanos, pero lo que hace destacar a los zapatistas frente a estos es la conjugación del análisis marxista tradicional con otros enfoques ideológicos y la práctica del indigenismo en una ligazón homogénea, sin fisuras. Por otra parte el EZLN conjuga un pensamiento estratégico nacional e internacional con el apoyo firme de bases locales y comunitarias. Lejos de la jerga izquierdista acostumbrada, los zapatistas han creado también un lenguaje revolucionario metafórico, cargado de significado, agradable de escuchar y entender, que sigue una lógica muy difícil de desarmar para los intelectuales de la derecha y el postmarxismo, con mucho peso en la política y la vida pública mexicana. El EZLN se ha convertido en referente para toda latinoamérica y para todo el mundo en un momento histórico en el que se empiezan a encontrar las vías para que los desheredados de la tierra reescriban su historia. Quizá hayan empezado por Chiapas. En todo caso la esperanza se mantiene.

 

 

 

“Solos pastoreamos las hogueras, conduciremos el rebaño

de incendios

como brujos adivinando en la oscuridad”

 

                                                                                      Roberto Obregón, Guatemala.

 

REFERENCIAS

 

  1. Petras, James;“La izquierda contraataca”; Akal cuestiones de antagonismo, Madrid; 2000.
  2. Revista “Forbes”; New York;18/08/94
  3. Informe Anual Internacional del PNUD sobre Desarrollo Humano.
  4. Pereyra, Daniel; “Del Moncada a Chiapas. Historia de la lucha armada en América Latina”; Libros de la catarata, Madrid; 1997.
  5. Castañeda, Carlos; “Utopía unarmed”; Knopf, New York; 1993.
  6. Revista “Veja”; Río de Janeiro; Abril 1995.
  7. Galeano, Eduardo; Patas Arriba
  8. Chomsky, Noam; “Estados canallas”; Paidós Estado y Sociedad, Barcelona; 2001.
  9. Vázquez Montalbán, Manuel; “Marcos, el señor de los espejos”; Santillana, Madrid; 2001.
  10. Burger, Julian; “Aborígenes; para un futuro de los pueblos indígenas”; Celeste ediciones, Madrid; 1992.
  11. Galeano, Eduardo; “Las venas abiertas de América Latina”; Siglo XXI editores, México DF; 1971.
  12. “A luta pela terra”; Documento de Análisis sobre el MST; Madrid, 1999.
  13. Varios autores; “Laberintos de la utopía, entrevistas a fondo a 40 años de la revolución cubana”; Ediciones de mano en mano, Buenos Aires; 1999.

 

Cueva, Agustín; “El desarrollo del capitalismo en América Latina”; Siglo XXI editores, México DF; 1980.

 

Guzmán-Bockler, Carlos y  Herbert, Jean Loup; “Guatemala, una interpretación histórico-social”; Siglo XXI editores, México DF; 1972.

 

Núñez-Soto, Orlando; “Manifiesto Asociativo y Autogestionario”; Ed. Cipres, Managua; 1998.

 

Sánchez-Barba, Mario; “América latina en el siglo XX, dictaduras y revoluciones”. Biblioteca Iberoamericana nº 33; Ed. Anaya, Madrid; 1988.

 

Revista “Le Monde Diplomatique-Edición española”, varios números.

 

Revista “Resumen Latinoamericano”, España, varios números.

 

Revista “Semanario Universidad de Costa Rica”, Costa Rica,varios números.

 

Revista “Punto final”, Chile, varios números.

 

Fanzine “Molotov”, varios números.