Febrero-2008

 

Otra Colombia no marchó el 4 de febrero

 

La inmensa mayoría de sus 45 millones de habitantes NO se manifestó. Apenas acudió un grupo que PUDO y QUISO marchar.

 

Otras personas quisieron manifestarse en el pasado y murieron en el intento:

Quisieron reivindicar, reclamar, manifestarse,…pero lo tenían prohibido, la etiqueta de sus manifestaciones no decía “Made in gobierno”.

 

¿Cuántas personas se han manifestado el 4 de febrero? ¿A cuántas arrastró la convocatoria del presidente Uribe?

¿Cuántos marcharon del 86% de la población que vive en la pobreza? ¿Cuántos de ese 40% de desempleados o subempleados que existen en el país?.

¿Cuántos se manifestaron de los cinco grupos familiares que controlan el 80% de los medios de comunicación colombianos? ¿Cuántos de esos cuatro grupos que controlan el 92% de los activos financieros? ¿Cuántos de ese 1,3% de colombianos que poseen la mitad de las tierras del país?.

Preguntamos, porque hay prensa no fiable: Según unos medios, Uribe arrasó en las últimas elecciones, cuando en realidad ni siquiera representa al 25% del electorado.

 

¿Cuántas personas se habrán manifestado en las zonas más ricas del país? Zonas en donde precisamente se produjeron más masacres y más desplazamientos forzados de sus habitantes.

Allí sólo quedan empresas multinacionales y grupos paramilitares para defenderlas: en el Putumayo y en Caquetá, que disponen de petróleo; en el Chocó, la región con un mayor índice de biodiversidad del planeta, donde se está arrasando la selva para cultivar la palma africana para aceite como combustible; en Arauca y Casanare, con grandes reservas de petróleo; en el sur de Bolívar, con las minas de oro; en La Guajira, con las mayores minas de carbón del país.

 

Repetimos, ¿Cuántas personas se sintieron convocadas a la gran marcha publicitaria del 4 de febrero?

Porque la foto de Ingrid utilizada en la convocatoria no es muy distinta a la que se ve en multitud de hogares colombianos.

La foto del niño Enmanuel tampoco es muy distinta a la de millones de niños cuyos derechos se violan en Colombia.

El mismo gobierno que convoca, nunca consideró motivo ni justificación una marcha contra la pobreza que somete a la mayor parte de la población.

Gran paradoja: el gobierno que convoca a marchar contra el terrorismo de un grupo, prohíbe manifestarse contra el terrorismo de Estado.

Dicen que la “democracia” colombiana ha matado y robado más que todas las dictaduras latinoamericanas.

 

La prensa dice que el día 4 de febrero, 100.000 personas con camisetas blancas se manifestaron por las calles de Bogotá contra las FARC y estuvieron respaldas por manifestaciones en otras partes del mundo: Pedían a la guerrilla que libere a los cautivos y no cometa más secuestros. “No más FARC”, “No más secuestros”, “No más mentiras”, “No más terrorismo”.

La convocatoria realizada por ciertos grupos a través de Internet consiguió eco en algunos lugares fuera de Colombia. No tuvieron reparo en utilizar la carta íntima de una persona secuestrada que fue interceptada por el gobierno y publicada por los medios.

Mientras estos grupos convocaban contra las FARC, otros grupos se manifestaban contra Uribe en su visita a Europa.

 

Dicen que se podría hacer OTRA MARCHA SIMILAR exactamente con los mismos lemas y consignas, simplemente sustituyendo la palabra FARC por “gobierno”, “ejército”, “paramilitares”, “multinacionales”,… No sería necesario cambiar ni una sola tilde.

Porque, realmente ¿Contra qué se marcha? ¿Contra el terrorismo, el secuestro, la extorsión, la violación de los derechos humanos, las masacres,…?

¿DE VERDAD SE MARCHA CONTRA TODO ESO? Entonces, alguien está engañando. Las FARC apenas es un elemento más de la gran orquesta del conflicto colombiano.

Y no digamos, si continuamos abriendo ese abanico de injusticias: Se puede marchar contra la miseria, contra la corrupción del gobierno, contra el analfabetismo, contra el maltrato infantil, contra el maltrato a las mujeres, contra la discriminación racial, contra la violencia a las empleadas domésticas, a los mineros, a las prostitutas, contra la polución –la tala de bosques, la contaminación de ríos-, contra la xenofobia, contra el desempleo, contra la violencia familiar y laboral, contra el expolio de los recursos nacionales por parte de empresas multinacionales, contra el intervencionismo norteamericano,…

 

La marcha del 4 de febrero levanta muchas incógnitas:

Quizás no hayan acudido nadie de las sesenta mil familias que aún esperan que los paramilitares amigos del gobierno digan dónde enterraron los pedazos mutilados de sus víctimas.

Esperan que hablen como el narcotraficante y paramilitar, Hernán Giraldo, con sus 37 asesinatos.

Tampoco acudieron los campesinos asesinados por la Brigada Móvil . XV del ejército colombiano, que, según contó el sargento Alexander Rodríguez, los mataban para hacerlos pasar por guerrilleros y reclamar cinco días de descanso por cada muerto.

Se reconoce oficialmente que la corrupción y la impunidad atraviesan el Estado.

La senadora Piedad Córdoba decía: “Estamos viendo una presencia paramilitar más fuerte en el Congreso. Se estima que el 35% del Congreso es elegido por los paramilitares. No se sabe si es el 35% o el 70%. El problema es que en el Congreso hay una actitud paramilitar que sobrepasa cualquier cosa”.

Las denuncias contra el gobierno colombiano se multiplican: Amnistía Internacional, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), el Tribunal Permanente de los Pueblos, la Corte Interamericana de Derechos Humanos,…

 

No es el momento de entretenernos en detalles estremecedores, que abundan en la situación e historia colombianas.

Si quieren marchar contra el terrorismo, ¡adelante!, MARCHEMOS CONTRA TODA CLASE DE TERRORISMO.

Si quieren respeto, ¡adelante!, JALÉMOSLE TODOS AL RESPETO Y SIN ENGAÑOS.

Si quieren manifestarse por la paz, ¡adelante!, RECLAMEMOS PAZ Y JUSTICIA SIN LIMITACIONES.

La honra de un pueblo no está en presumir de imagen, ni en someterse al poder establecido, sino en su capacidad de denuncia y de lucha para exigir su voz y sus derechos.

 

d.t.