alatina8 (Marzo/2000)

¿Y SI UN BUEN DIA SE ALZARAN LOS CONDENADOS DE LA TIERRA?

El mundo de fin de siglo viaja con más náufragos que navegantes y los técnicos denuncian los "excedentes de población" en el sur., donde las masas ignorantes no saben hacer otra cosa que violar el sexto mandamiento día y noche.

"Excedente de población" ¿en Brasil, donde hay 17 habitantes por kilómetro cuadrado, o en Colombia donde hay 29? Holanda tiene 400 habitantes por kilómetro cuadrado y ningún holandés se muere de hambre; pero en Brasil y en Colombia un puñado de voraces se queda con todos los panes y los peces.

Cada vez son más los niños marginados que, según sospechan ciertos expertos, "nacen con tendencia al crimen y la prostitución". Ellos integran el sector más peligroso de los "excedentes de población". El niño como amenaza pública, la conducta antisocial del menor en América, es el tema recurrente de lo Congresos Panamericanos del Niño desde 1963.

Lelia tiene 14 años. Se ha criado a la buena de Dios, en las calles de Río. Ella nunca llora. O llora hacia adentro, mejor dicho, y las lágrimas guardadas le han hecho un charco de veneno en el alma. "Todos roban", dice. "Yo robo y me roban". Si trabaja, la roban. Si no trabaja, los policías le roban lo que roba y además le roban el cuerpo.

A muchos niños también les roban la vida. Según el Arzobispado de Sao Pablo, cinco niños caen asesinados cada día en las calles de las ciudades brasileñas. Según la organización Justicia y Paz, son niños buena parte de los cuarenta desechables que cada mes caen asesinados en las calles de las ciudades colombianas. (Los propios habitantes de Cali nos cuentan que actualmente, a comienzos del año 2000, cada día son asesinadas de 10 a 20 personas en esa ciudad colombiana.)

Los escuadrones de la muerte, casi siempre integrados por policías sin uniforme, no dejan huellas. Nadie se entera; a los asesinos se los traga la tierra y a las víctimas también. Muy raras veces se rompe la regla de la impunidad de los grupos de exterminio y muy raras veces se rompe el silencio.

Los trece policías que habían asesinado a setenta indigentes en la ciudad colombiana de Pereira no fueron nunca sometidos a la justicia penal, pero excepcionalmente sufrieron "sanciones disciplinarias"; y la matanza en los portales de la iglesia de Candelaria, en Río de Janeiro, excepcionalmente sacudió por un instante a la opinión pública.

A principios de siglo, el científico inglés Cyril Burt propuso eliminar a los pobres muy pobres "impidiendo la propagación de la especie". A fin de siglo, el Pentágono anuncia la renovación de sus arsenales, adaptados a las guerras del futuro, que tendrán por objetivos los motines callejeros y los saqueos; y en algunas ciudades latinoamericanas, como Santiago de Chile, ya hay cámaras de televisión vigilando las calles.

No hay manera de "impedir la propagación de su especie" ni se puede mantenerlos escondidos, aunque los desechables no existen en la realidad oficial; la población que más ha crecido en Buenos Aires se llama Ciudad Oculta; se llaman Ciudades Perdidas los barrios de lata y cartón que brotan en los barrancos y basurales de los suburbios de la ciudad de México.

No hace mucho, los desechables colombianos emergieron de debajo de las piedras y se juntaron para gritar. La manifestación estalló cuando se supo que los grupos de limpieza social mataban indigentes para venderlos a los estudiantes de medicina que aprenden anatomía en la Universidad Libre de Barranquilla.

Y entonces Buenaventura Vidal, contador de cuentos, les contó la verdadera historia de la Creación. Ante los vomitados del sistema, Buenaventura contó que a Dios le sobraban pedacitos de todo lo que creaba. Mientras nacían de su mano el sol y la luna, el tiempo, el mundo, los mares y las selvas, Dios iba arrojando al abismo los desechos que le sobraban.

"Pero Dios, distraído, se había olvidado de la mujer y el hombre, que esperaban allá en el fondo del abismo queriendo existir". Y ante los hijos de la basura, Buenaventura contó que la mujer y el hombre no habían tenido más remedio que hacerse a sí mismos y se habían creado con aquellas sobras de Dios. Y por eso nosotros nacimos de la basura, tenemos algo de día y algo de noche y somos un poco tierra, un poco agua y un poco viento.


(E.Galeano)