Agosto-2001

 

Por medio de un artículo, Alberto Piris quiere atraer nuestra atención hacia una realidad de salvajismo, cuyas imágenes “escogidas” nos pasan por televisión,

que no es otra cosa que el abuso y tiranía que Israel está ejerciendo sobre Palestina, con el visto bueno y el apoyo del Imperio.

¿Quién dice que las Leyes, los Convenios,  los Acuerdos Internacionales, son iguales para todos los Países? ¿Quién se atreve a decir que la ONU y los Organismos Internaciones defienden por igual a todos y cada uno de los países?

 

Israel: El Estado asesino

Si el Estado de Israel no fuese el hijo predilecto del Imperio, y si en éste los grupos de presión projudíos no gozasen de la gran influencia que ejercen en la política de Washington, la espiral de violencia que tiñe de sangre las tierras palestinas hubiera sido ya abordada por la comunidad internacional con métodos más contundentes. ¿Fue peor la opresión serbia del pueblo kosovar? ¿O la que aplicaba Indonesia contra los timorenses? ¿O la de Sadam Husein sobre Kuwait?

El desprecio continuado por las resoluciones de Naciones Unidas, la aplicación sistemática de una multiplicada ley del Talión, la constante humillación y opresión del pueblo palestino -que, al fin y al cabo, es el ocupante original de las tierras de las que fue violentamente expulsado- son factores que, en mayor grado que ningún otro, contribuyen a la desesperada situación actual. El terrorismo palestino no podría sostenerse y crecer como lo está haciendo si no estuviera ayudado por el odio que engendra la política criminal del gobierno israelí.

Es casi obligado estar de acuerdo con lo que desde Amnistía Internacional se ha manifestado al respecto: "El recurso a los asesinatos de Estado por el gobierno de Israel contra los palestinos sospechosos socava el imperio de la Ley y acelera el ciclo de violencia en esta zona". Según fuentes palestinas, más de sesenta personas han sido asesinadas selectivamente desde que comenzó la actual Intifada a finales de septiembre del pasado año, muchas de las cuales pertenecían al partido de Arafat. En total, en diez meses de violencia han muerto unas 670 personas, de los que más del 85% son palestinos.

Los asesinatos selectivos son ejecutados por el Ejército israelí o por los servicios secretos, el temible "Shabak". En éste se conoce la existencia de una amplia red de agentes palestinos que trabajan en los territorios ocupados y que son los encargados de localizar a los activistas que han llevado a cabo actos terroristas o incluso a los que planean efectuarlos. Los aspirantes a formar parte de los comandos infiltrados entre la población palestina sólo son aceptados cuando superan la prueba de mezclarse con el público de un mercado local y hablar con compradores y vendedores sin levantar sospechas. De ahí la profunda desconfianza que está creciendo entre los palestinos y el brutal tratamiento que se da a esos espías cuando son descubiertos.

Las armas utilizadas son muy variadas. Se puede recurrir al cañoneo desde carros de combate o al lanzamiento de misiles desde helicópteros armados, como sucedió en Nablus hace pocos días, donde murieron ocho palestinos, entre ellos dos niños. En Belén, un jefe local de la Yihad Islámica, según informó la BBC británica, escapó a duras penas cuando cuatro militares israelíes disfrazados de árabes abrieron fuego contra él utilizando metralletas UZI. También se utiliza el procedimiento típicamente etarra de colocar una bomba en el automóvil del palestino a asesinar.

Un ministro del gobierno israelí ha explicado, sin andarse con rodeos, la política adoptada: "Puedo afirmarles, sin que haya lugar a dudas, que si alguien ha cometido un acto terrorista o planea realizarlo, será aniquilado. Esto es eficaz, preciso y justo". Lo ha dicho Efraím Sneh y, al hacerlo, muestra una vez más el desdén de Israel por la justicia, al convertir al Estado en juez y verdugo sin más trámites.

Hará bien el Gobierno de Israel en empeñarse en una campaña mundial de mejora de su imagen, según ha dejado entender recientemente. El pueblo que sufrió el Holocausto, el que se esforzó en crear unas condiciones de vida igualitaria, solidaria y justa entre emigrantes de muy distintos orígenes y empezó a configurar una sociedad digna de admiración y respeto en muchos aspectos, se ha regido por gobernantes que parecen más inspirados en los métodos de la Alemania nazi que en lo que debería ser normal en una democracia desarrollada. La humillación, persecución y destrucción sistemáticas de la sociedad palestina pueden ser comparadas ya, cada vez más ajustadamente, con lo ocurrido en los guetos donde sufrió, en otros tiempos, el pueblo judío.

*General de Artillería en la reserva del Ejército español y analista del Centro de Investigación para la Paz