Junio-2002

Leyendo comentarios, entre ellos el de Fran Schor, sentimos deseos de unirnos a cualquier iniciativa a favor de la paz y a cualquier denuncia contra la guerra. Tal vez sea ésta la razón del breve comentario que sigue.

Que se vaya preparando Irak

Los medios de comunicación convencionales lo vienen anunciando desde hace meses. La cabeza del Imperio lo decidió y sobran las excusas: Habrá guerra contra Irak. Estamos en tiempos de espera, para bombardear primero con mensajes a los demás países aliados: Cualquier motivo será más que suficiente, pero en sólo unos días nos harán ver de forma clara y evidente que ES NECESARIO ABSOLUTAMENTE el bombardeo de Irak.

Por qué esta Administración norteamericana está empeñada en realizar una guerra contra Irak. La política real sustancialmente imperativa que impulsa a la Administración Bush es la expansión de los militares y continuar construyendo el papel de la hegemonía de EE.UU. en todas las áreas del mundo donde el petróleo es un recurso fundamental. Son muchos los miembros de la Casa Blanca de Bush que están sumergidos en la política del petróleo (George W., Cheney, Rice, etc.), por lo que existe ciertamente un interés económico en la eliminación de Sadam Husein y la instalación en el poder de un régimen más flexible, como en Afganistán. Además, considerando los conflictos de interés dentro de la Administración con el complejo militar-industrial (por ejemplo la conexión Rumsfeld- Carlucci-Carlyle), hay un impulso abrumador a favor del despliegue de más y más armas y tropas en todo el mundo.

Desde luego, no hay que tener ilusiones de que una invasión de Irak podría ser una "victoria" fácil. Un estudio del Pentágono indica que una cifra de muertes "aceptable" sería de 20.000 a 30.000 soldados de EE.UU. La arrogancia de tales escalofriantes perspectivas es exacerbada ulteriormente por la falta de cálculos del número "aceptable" de muertes iraquíes.

Considerando que ésta y la anterior Administración han estado dispuestas a conllevar la muerte de cientos de miles de civiles iraquíes por la retención de vitales medicinas y materiales, ¿qué cantidad de muertes causadas por misiles, bombas, e incluso armas nucleares de baja potencia consentiría la Administración Bush? ¿Cuánto trastorno del Oriente Próximo y qué posibles secuelas de una tal guerra serían tolerables? Considerando el fervor casi religioso de los halcones del Pentágono y el ardor evangélico del propio Bush en la ejecución de su destino de librar al mundo de una de las bases del "eje del mal," no es difícil de imaginar la ceguera moral y la cuasi-demencia de semejantes responsables políticos en su impulso bélico contra Irak.

La pregunta final sigue siendo si los ciudadanos de Estados Unidos tolerarán una guerra tan maníaca realizada en su nombre. Es seguro que las pasiones del Oriente Próximo se inflamarán. No cabe duda de que lo que queda de izquierda en Europa se alzará contra una invasión de Irak. La rapidez y efectividad de la movilización de una oposición en EE.UU. determinará, hasta cierto punto, el grado homicida de la Administración Bush en su guerra. Por desgracia, a menos que haya algunas circunstancias totalmente imprevistas, habrá una invasión de Irak, más temprano que tarde. Y mientras antes planifiquemos el cómo tratar de detener la guerra, o, por lo menos, evitar los peores estragos de una tal guerra, mejor para todos los afectados.