Agosto-2002

EEUU Y SUS ARMAS EN ORIENTE MEDIO

Las personas somos muy libres para expresar nuestras ideas y expresarlas con nuestra propia forma de hablar. Incluso, aquellas personas cínicas que siguen llamando blanco a lo que están viendo de otro color. Suponemos que en este caso no habrá muchas disensiones: “No hay acontecimiento, problema, conflicto, acuerdo,…en Oriente Medio, que no esté por medio  Estados Unidos.” Tal vez alguien pueda añadir: “Ni en Oriente Medio, ni en Occidente, ni en cualquier parte del mundo”.

Nos dice (Stephen Zunes) que la mano estadounidense no sólo está presente en Oriente Medio, sino que es decisiva. EEUU ha jugado un papel decisivo en la militarización de la región. Oriente Medio es el destino de la mayor parte de las exportaciones estadounidenses de armas, produciendo enormes beneficios a los fabricantes de armas y contribuyendo a la militarización general de esta ya muy militarizada región: las ventas de armamento a esta región han aumentado 60 millones de dólares desde la Guerra del Golfo. Y no importa el comportamiento de esos países en materia de derechos humanos. Por eso se explica que EEUU haya ignorado la resolución 687 del Consejo de Seguridad de NNUU sobre desarme de la región, aunque sí la haya utilizado como justificación contra el rearmamento de Iraq. EEUU justifica la ayuda militar de cerca de tres mil millones de dólares a Israel por la necesidad de proteger a este país de sus vecinos árabes, aunque es EEUU quien suministra cerca del 80 % del material militar a estos estados.

EEUU mantiene una persistente presencia militar en Oriente Medio,  incluyendo viejas bases militares en Turquía, una fuerte presencia naval en el Mediterráneo Oriental y en el Golfo Pérsico, así como tropas en la Península Arábiga desde la Guerra del Golfo. Los árabes del Golfo, e incluso algunos de sus dirigentes, no pueden quitarse la sensación de que la guerra no se llevó a cabo en defensa del Derecho Internacional, la independencia nacional y los derechos humanos, como la Administración Bush se empeñó en decir, sino más bien para proteger el acceso de EEUU al petróleo y para permitir a esta potencia dar un paso estratégico decisivo en esta región. Muchos árabes critican la política estadounidense de oponerse a que los Estados árabes produzcan armas de destrucción masiva, mientras se permite el considerable arsenal nuclear israelí, se introducen armas nucleares por EEUU en las aguas de Oriente Medio y se rechazan las propuestas de crear una zona desnuclearizada en la región.

La política de EEUU hacia Iraq tiene un enorme coste humano. Iraq todavía no se ha recobrado de la guerra de 1991 durante la cual recibió los bombardeos más intensos de la historia, responsables de la destrucción de buena parte de la infraestructura civil del país. EEUU ha insistido en mantener unas estrictas sanciones contra Iraq para obligarle a desmantelar su producción de armas y derribar a Sadam Husein. Pero la consecuencia de las sanciones ha sido la muerte  cada mes de unas 5.000 personas -la mayoría niños- de malnutrición y enfermedades evitables, lo que ha provocado que en todo el mundo se levanten voces que piden la relajación de las sanciones, incluso entre los enemigos históricos de Iraq. Aún así, las autoridades estadounidenses han declarado que las sanciones continuarán incluso si Iraq acepta a los inspectores de NNUU, lo que da al régimen iraquí muy pocos incentivos para cumplir con las exigencias internacionales.

EEUU no ha sido un mediador imparcial en el conflicto palestino-israelí. Durante dos décadas, el consenso internacional para una paz en Oriente Medio ha incluido la retirada de las fuerzas israelíes hasta las fronteras reconocidas internacionalmente, el establecimiento de un Estado palestino en Gaza y Cisjordania y un estatuto especial de soberanía compartida sobre Jerusalén. Sin embargo, EEUU ha rechazado tradicionalmente el consenso internacional y actualmente tiene una postura que se parece mucho a la del gobierno derechista de Israel: un Jerusalén bajo soberanía fundamentalmente de Israel, la retirada tan sólo parcial de los Territorios Ocupados, la legitimación de la confiscación de la tierra de los palestinos, la construcción de asentamientos de población exclusivamente judía y la negativa a un Estado palestino más allá de las estrechas limitaciones israelíes. EEUU ha hecho responsable repetidamente a los palestinos de la violencia del último año, aún cuando Amnistía Internacional, Human Rights Watch y otras conocidas organizaciones defensoras de los derechos humanos han hecho notar que la mayor parte de la violencia se ha producido desde el campo de las fuerzas armadas israelíes y los colonos de los asentamientos.

El apoyo estadounidense a Israel ha creado un enorme resentimiento en Oriente Medio. La gran mayoría de los Estados de Oriente Medio y sus poblaciones han admitido al fin la existencia de Israel como Estado de los judíos. Sin embargo hay un enorme resentimiento ante la política de continuo apoyo diplomático, financiero y militar de EEUU a las fuerzas de ocupación israelíes. Israel representa tan solo una milésima parte de la población mundial y tiene la decimosexta renta per cápita del mundo, pero recibe casi el 40% de la ayuda exterior de EEUU. La ayuda reciente de EEUU a este país ha excedido los 3.5 mil millones de dólares anuales, con mil millones adicional de otras fuentes y ha sido apoyada casi unánimemente en el Congreso, incluso por demócratas liberales que normalmente insisten en ligar las ayudas a los derechos humanos y al derecho internacional. Entre los cargos políticos no hay prácticamente nadie que proponga una reducción de la ayuda en el futuro, especialmente porque casi toda la ayuda a Israel vuelve a EEUU en compras de armamento o como intereses bancarios de anteriores préstamos. Consecuentemente, Israel apoya los intereses estratégicos de EEUU en Oriente Medio y otros lugares.

EEUU no ha sido consecuente con la puesta en práctica del Derecho Internacional y de las resoluciones del Consejo de Seguridad de NNUU. EEUU justifica sus estrictas sanciones y los golpes aéreos contra Iraq por la puesta en práctica de las resoluciones del Consejo de Seguridad de NNUU. En los últimos años EEUU ha presionado a este organismo para imponer sanciones económicas contra Libia, Afganistán y Sudán por sus reclamaciones de extradición no satisfechas, algo sin precedentes. En cambio, ha conseguido bloquear las sanciones contra sus aliados, Turquía, Israel y Marruecos por violaciones mucho más flagrantes del Derecho Internacional y de la Carta de NNUU como la invasión de países vecinos. En los últimos años, por ejemplo, EEUU ha ayudado a paralizar la acción del Consejo de Seguridad en el caso del Sahara Occidental por la posibilidad de que los saharauis pudieran votar por la independencia de Marruecos, quien con el respaldo de EEUU invadió esta antigua colonia española en 1975. En los últimos 30 años, EEUU ha utilizado más veces su veto para proteger de la condena a su aliado Israel que todos los demás miembros de Consejo juntos. Y continúa con el mismo proceder, como hemos visto contra toda resolución que pueda perjudicar los intereses de Israel. EEUU ha violado abiertamente la resolución 465 del Consejo que "exhorta a todos los Estados a no proporcionar ninguna asistencia a Israel que pueda ser usada específicamente en conexión con los asentamientos israelíes".

EEUU ha apoyado los regímenes autocráticos de Oriente Medio. Muchos de los gobiernos de la región siguen siendo autocráticos. A pesar de esporádicas declaraciones retóricas demandando mayores libertadas individuales, por lo general EEUU no ha favorecido los intentos por una mayor democratización en Oriente Medio. De hecho, EEUU ha mantenido a bajo nivel o incluso reducido su apoyo militar, político y económico a países árabes que han conocido una notable liberalización política en años recientes, mientras que ha aumentado su apoyo a regímenes autocráticos tales como Arabia Saudí, Kuwait, Egipto o Marruecos. Hay una ironía circular en la política estadounidense que vende armas y a menudo envía ayuda militar directa a regímenes autoritarios de Oriente Medio que reprimen a sus propios pueblos y aplastan los desarrollos incipientes de la democracia, sólo para argüir después que la falta de democracia y derechos humanos subsiguiente es evidencia de que la gente no desea estos derechos.

La política estadounidense ha contribuido al ascenso de gobiernos islámicos radicales. EEUU esta preocupado desde hace unos años por el ascenso de movimientos radicales islámicos en Oriente Medio. Hay un cierto número de partidos definidos como islamistas que buscan colaboración y coexistencia pacífica con Occidente y son moderados en economía y política social. Muchos movimientos islamistas han venido a representar la corriente representativa de los defensores de la democracia y la justicia social, reemplazando a los desacreditados movimientos nacionalistas y socialistas árabes. Hay también otros movimientos islamistas en Oriente Medio que son reaccionarios, violentos, misóginos e incluyen un virulento antiamericanismo que es antitético con lo que se supone son los intereses norteamericanos. Tales movimientos han salido a la luz primeramente en países en los que ha habido una dislocación física dramática de la población como resultado de una guerra o de un desarrollo económico desigual. Curiosamente, EEUU ha sostenido políticas que han ayudado al surgimiento de tales movimientos, incluyendo apoyo militar, diplomático y económico a décadas de ataques y políticas de ocupación israelíes, que han roto las sociedades palestina y libanesa y originado movimientos que eran impensables hace 20 años. El golpe que derribó al gobierno constitucional iraní en 1953 estaba dirigido por EEUU.  EEUU ha favorecido a grupos islamistas extremistas en Afganistán cuando querían oponerse a la Unión Soviética, en los 80, incluyendo a Osama Bin Laden y muchos de sus seguidores. Hoy por hoy, EEUU mantiene unos estrechos lazos con Arabia Saudí, que se adhiere a una interpretación rigorista del Islam y es uno de los regímenes más represores del mundo.

La promoción por EEUU de un modelo económico liberal en Oriente Medio no ha supuesto un beneficio para la mayor parte de la región. Tal promoción la ha hecho a través de instituciones como el fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio. Las medidas han incluido los recortes en las ayudas sociales, el incentivo de la inversión extranjera, la reducción de impuestos, la supresión de las subvenciones a los agricultores y a los alimentos básicos, así como el final de la protección de la industria nacional. Mientras que en muchos casos estas reformas han producido un incremento del Producto Nacional Bruto, también se ha producido un aumento notable de las desigualdades, pues sólo una minoría se ha beneficiado del desarrollo. Dado el fuerte sentido de justicia social del Islam, esta reciente desigualdad social ha ofendido particularmente a los musulmanes. Las políticas económicas neoliberales han destruido la economía tradicional y convertido a millones de campesinos en nuevos marginados urbanos llenando los suburbios de El Cairo, Túnez, Casablanca y Teherán. Aunque las políticas de libre comercio y privatización han incrementado la riqueza de algunos, mucha más gente ha quedado atrás, proporcionando un material de reclutamiento para los activistas islámicos denunciadores de la corrupción, el materialismo y la injusticia económica.

La respuesta de EEUU al terrorismo de Oriente Medio ha sido contraproducente. El ataque del 11 de Septiembre contra EEUU ha subrayado la amenaza del terrorismo procedente de Oriente Medio, convirtiéndose en la primera preocupación en la seguridad nacional en el mundo de la posguerra fría. Además de Osama bin Laden y su grupo secreto al Qaida, Washington considera a Irán, Iraq, Sudán y Libia como los principales apoyos del terrorismo y se ha embarcado en una ambiciosa política de aislar a estos regímenes de la comunidad internacional. Siria es condenada con mayor o menor énfasis como Estado que apoya a los terroristas. Responder a las amenazas terroristas con operaciones militares de gran envergadura se ha demostrado contraproducente. En 1998, EEUU bombardeó una fábrica civil farmacéutica en Sudán por la aparentemente errónea creencia de que estaba desarrollando armas químicas que podían ser usadas por los grupos terroristas. Esto produjo una oleada de antiamericanismo y fortaleció la dictadura fundamentalista de ese país. El bombardeo en 1986 de dos ciudades libias en respuesta al apoyo libio a los ataques terroristas contra los intereses estadounidenses en Europa no sólo mató a un buen número de civiles, sino que, en vez de detener el terrorismo libio, provocó en represalia que dos agentes libios hicieran explosionar un avión de la Panam sobre Escocia. Las respuestas militares generalmente provocan la perpetuación del ciclo de violencia y venganza.

(*Stephen Zunes es profesor asociado de política y catedrático del Programa de Estudios sobre Paz y Justicia en la Universidad de San Francisco. Es también analista político principal y director de la sección de Oriente Medio del Foreing Policy Focus Projec).