Octubre-2003

 

Recordando una actitud bélica disfrazada con lenguaje de paz

 

En noviembre de 2001, el Sr. Bush decía entre otras lindezas ante la ONU:

“Todas las naciones civilizadas presentes hoy aquí están resueltas a mantener el compromiso fundamental de la civilización. Nos defenderemos y defenderemos nuestro futuro contra el terror y la violencia criminal… En la Segunda Guerra Mundial, aprendimos que no hay forma de aislarse del mal. Afirmamos entonces que algunos crímenes son tan terribles que ofenden a la humanidad en sí, y resolvimos que estas agresiones y ambiciones de los criminales deben ser combatidas de forma rápida, decisiva y colectiva antes de que nos amenacen a todos…

Y la gente de mi país recordará a aquellos que han conspirado contra nosotros… Cueste lo que cueste, la hora de la justicia llegará para ellos…

La Historia recordará nuestra respuesta y juzgará o justificará a cada nación presente en esta sala. El mundo civilizado responde ahora. Actuamos para defendernos y para preservar a nuestros hijos de un futuro terror…

Elegimos la dignidad de la vida sobre una cultura de la muerte. Elegimos el cambio legal y el desacuerdo civil sobre la coacción, la subversión y el caos…

Estos compromisos -esperanza y orden, ley y vida- unen a las personas de todas las culturas y continentes. De estos compromisos depende la paz y el progreso. Estamos dispuestos a luchar por estos compromisos…

No se pueden esconder tras el Islam. Los autores del asesinato masivo y sus aliados no tienen sitio en ningún lugar, en ninguna cultura ni en ninguna fe…

Hay un precio que cada país que apoye al terror tendrá que pagar, y lo pagarán. Los aliados del terror son igualmente culpables de asesinato e igualmente responsables ante la justicia…

Estados Unidos, apoyados por muchas naciones, traerán la justicia a los terroristas de Afganistán. Progresamos en nuestros objetivos militares, y ése es nuestro objetivo. Al contrario que nuestros enemigos, intentamos minimizar, no maximizar, las muertes de inocentes. Estoy orgulloso de la conducta ejemplar del ejército americano…

En esta guerra, todos debemos responder por lo que hayamos hecho o dejado de hacer. Después de la tragedia, hay tiempo para la condolencia. Y mi país está muy agradecido a todos por ella. Los memoriales y vigilias en todo el mundo no se olvidarán, pero ya ha pasado el tiempo de la condolencia. Ha llegado el tiempo de acción…

Y cuando encontremos a los terroristas, trabajaremos juntos para llevarlos ante la justicia… Tenemos la responsabilidad de acabar con los santuarios terroristas y con cualquiera de sus refugios…. Pedimos un compromiso serio en esta lucha. Debemos unirnos contra todos los terroristas, no sólo contra unos pocos…

En este mundo hay buenas y malas causas, y debemos oponernos a todo lo que traspase esa línea. Y no hay nada peor que un terrorista. Ninguna aspiración nacional, ningún error puede justificar el deliberado asesinato de inocentes. Todos los países que rechacen este principio, que intenten albergar y hacerse amigos de los terroristas, conocerán las consecuencias…

La gente inocente debe poder vivir su vida de acuerdo con sus costumbres y su religión. Y toda nación debe tener canales para la expresión pacífica de la opinión y la disensión. Cuando estos canales se cierran, la tentación de hablar por medio de la violencia crece…

Debemos impulsar con nuestra agenda la paz y la prosperidad en cualquier lugar. Mi país se ha comprometido a impulsar el desarrollo y expandir el comercio. Mi país se ha comprometido a invertir en educación y en combatir el sida y otras enfermedades infecciosas en todo el mundo…

El gobierno americano también mantiene su compromiso con una paz justa en Oriente Próximo. Estamos trabajando para que llegue un día en el que dos estados -Israel y Palestina- vivan pacíficamente juntos dentro de unas fronteras seguras y reconocidas de acuerdo con las resoluciones del Consejo de Seguridad.

Y finalmente, esta lucha representa un momento decisivo para las propias Naciones Unidas. Y el mundo necesita su liderazgo de principios. La credibilidad de esta gran institución se socava, por ejemplo, cuando la Comisión de Derechos Humanos ofrece asientos a los más persistentes violadores de derechos humanos del mundo. Las Naciones Unidas dependen por encima de todo de su autoridad moral y esa autoridad debe ser preservada…

Como ya he dicho al pueblo americano, la libertad y el miedo están en guerra. Nos enfrentamos a enemigos que no odian nuestra política sino nuestra existencia, la tolerancia de una cultura abierta y creativa que nos define. Pero el desenlace de este conflicto está claro. La historia ha demostrado que hay una corriente que lleva a la libertad…

Nuestros enemigos la rechazan, pero los sueños de la humanidad están definidos por la libertad, el derecho natural a crear y construir credos y a vivir con dignidad. Cuando todos los hombres y mujeres están libres de la opresión y el aislamiento, encontrarán la realización y la esperanza y millones de personas dejarán la pobreza…

Estamos a favor de las esperanzas de la humanidad y estas esperanzas no le serán negadas. Tenemos confianza en que la historia tiene un autor que llena el tiempo y la eternidad con sus propósitos. Sabemos que el mal es real, pero que el bien prevalecerá. Esta es la enseñanza de muchas religiones…

Y con este convencimiento, ganaremos fuerza para un largo viaje. Es nuestra tarea, la tarea de esta generación, la de proporcionar respuesta a la agresión y al terror. No tenemos otra opción, porque no hay más opción que la paz…

No pedimos esta misión, pero tenemos el honor de una llamada histórica. Tenemos la oportunidad de escribir la historia de nuestro tiempo, una historia de coraje que vence a la crueldad y de luz sobre la oscuridad. La llamada merece la pena para cada vida y para cada país…”

 

Alguien desde la última fila perfectamente pudo lanzar un grito:

“Sr. Bush, aplíquese usted el cuento”.