Junio-2004

 

Es preciso cuestionarse continuamente

 

No hay día que no escuchemos en los medios de comunicación noticias sobre el terrorismo. Pero sigue sin definirse lo que es el terrorismo.

¿Por qué Estados Unidos, y su aliado Israel, son los principales opositores del establecimiento de un definición del terrorismo y unas normas aceptadas por todos los estados dentro del marco de las Naciones Unidas?. ¿Por qué, cuando Bin Laden actuaba contra los declarados enemigos de EEUU, no era un terrorista, sino un luchador por la libertad y recibía todo tipo de apoyo, armas incluidas?. ¿Por qué Sadam Husseim no era un terrorista peligroso, cuando utilizaba armas químicas contra los kurdos y los iraníes en los años ochenta, sino que recibía armas y protección en las Naciones Unidas por parte de EEUU?. ¿O por qué España vende armas y brinda apoyo político a regímenes dictatoriales, violadores de los derechos humanos, como Nepal, Arabia Saudí, Colombia, Pakistán, Israel,…?.

Hablar de terrorismo solo cuando afecta a los intereses de Occidente es una manipulación. Y para conseguir el apoyo en la población occidental se utiliza la manipulación y el miedo, pasando por encima de las numerosas víctimas (que son simples daños colaterales).

Parece que todos los terroristas tuvieran objetivos “nobles” y sus víctimas estuvieran siempre “justificadas”. Parece que sólo depende de quien “vence” y “escribe la historia”. Durante la segunda guerra mundial, las fuerzas ocupantes alemanas consideraban los actos de resistencia como terroristas, y, tal vez, así se llamaría hoy día la resistencia, si el poder alemán no hubiera sido derrocado.

Tan sólo pretendía iniciar el cuestionamiento de este tema tan cotidiano.

Pero es curioso lo liado que está cualquier tema en la actualidad. ¿Qué es lo que pasa, qué nos ocultamos unos a otros, por qué razones?. Parece que, hoy día, es preciso cuestionarse continuamente sobre todos y cualquier acontecimiento que acontezca, o serán absorbidas nuestras mentes, nuestros sentimientos, nuestras conciencias.

 

Hace unos días hemos asistido a otro bochornoso espectáculo en el Este de la República Democrática del Congo. El ejército ruandés y las fuerzas rebeldes se tomaron Bukavu, se anexaron descaradamente un territorio de otro país.

El problema viene arrastrando desde hace 6 años y ha supuesto miles de vidas. Hay numerosas resoluciones del consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en contra.

Para mayor colmo, están allí presentes las fuerzas de la MONUC enviadas por la ONU, pero es tal su pasividad o, incluso, su complicidad con las fuerzas ruandesas, que hasta el pueblo congoleño se ha levantado contra estas tropas de la ONU en varias ciudades.

Y todo esto sucede a la luz del día, ante la mirada indiferente de la comunidad internacional, con Naciones Unidas al frente.

¿Qué es lo que pasa allí? ¿Qué grandes intereses hay escondidos para que los Estados no actúen? ¿No es verdad que el motor de este conflicto son las enormes riquezas que atesora el Este del Congo?.

¿A qué responde el silencio de los medios de comunicación, ignorando la tragedia que vive África Central?

 

Muy recientemente se celebró el día D y la hora H.  El día 6 de junio hacía 60 años del desembarco en Normandía de las fuerzas aliadas, que supuso el comienzo del final del Tercer Reich y la liberación de Europa.

Extrañamente, la celebración de semejante fecha tan liberadora estuvo rodeada de unas tremendas medidas de seguridad, Roma era un ciudad en estado de sitio. ¿Y por qué? Porque llegaba el presidente Bush, porque se masca el temor a un atentado. Pero algo parecido ocurrió en Francia  donde Bush y Tony Blair acudieron a las playas de Normandía.

17 Jefes de Estado y de Gobierno estaban presentes. Además de un verdadero ejército de 9.000 militares y 10.000 gendarmes para vigilar y proteger a dichas personalidades.

En aquel día D, del año 1944,  153.000 desembarcaron. Decenas de miles de aquellos jóvenes soldados (norteamericanos, británicos, canadienses, australianos, neozelandeses, franceses y españoles) dieron su vida para liberar a Europa del nazismo y del fascismo.

¿Qué pinta el Sr. Bush aquí recogiendo, en nombre de aquellos héroes, el homenaje de los europeos? ¿Qué pinta en esa celebración un presidente que ha pisoteado en Irak los valores democráticos, que ha llamado “liberación” a una brutal invasión para apoderarse del petróleo, y cuyas fuerzas han aplicado la tortura? ¿Con qué dignidad puede representar este personaje a los jóvenes muertos en las playas normandas que dieron su vida por la democracia y el respeto a los derechos humanos?. I. Ramonet decía que lo que se merece el Sr. Bush no es nuestro agradecimiento, sino nuestra repulsa.

 

d.t.