Marzo-2005

 

Lo humanitario y lo preventivo

 

Son las dos últimas incorporaciones al diccionario de palabras secuestradas y pervertidas por el poder político. Ambas han sido recogidas por los académicos del lenguaje bélico para acuñar dos nuevos conceptos: el de “guerra humanitaria” y el de “guerra preventiva”.

 

Se podría decir que el primero lo popularizó la organización militar internacional por excelencia, la OTAN. Fue a raíz de los bombardeos sobre Yugoslavia, cuyo objetivo declarado era evitar el exterminio de la minoría albanesa en Kosovo. Como si “Guerra” y “Humanitaria” no fueran de por sí conceptos antagónicos, y sin entrar a juzgar las verdaderas motivaciones de la acción aliada, la justificación “humanitaria” merecería de antemano ser cuestionada en boca de quienes, años antes, no se inmutaron ante lo sucedido en Ruanda –el mayor genocidio del siglo XX después del holocausto judío-, ni parecen ahora dispuestos a hacer gala de ese mismo “humanitarismo” ante los crímenes en la región sudanesa de Darfur.

 

El otro término, el de “guerra preventiva”, es cosecha de la factoría Bush. Se debe al ingenio de algún estrecho colaborador del inquilino de la Casa Blanca y, aunque la idea bullía en sus cabezas mucho antes del 11-S, es hasta la fecha la única aportación de Washington a la guerra global contra el terrorismo. Fue llevado a la práctica por primera vez en Afganistán con el derrocamiento del régimen Talibán, pero su alcance va mucho más allá. Y es que aunque la guerra no parece el recurso más efectivo para prevenir la amenaza difusa de una red terrorista internacional, en virtud de la nueva doctrina estratégica, Estados Unidos se reserva el derecho a intervenir militarmente allí donde “considere” que se refugian los terroristas.

 

EL MUNDO, VIERNES 29 DE OCTUBRE DE 2004

 

Unos 100.000 civiles han muerto

en Irak desde el inicio de la guerra

La mayoría perecieron en operaciones militares y acciones violentas

 

Ambos conceptos han calado hondo en el lenguaje político. Y no sólo eso, sino que se usan conjuntamente, se solapan o alternan, para referirse a la guerra en función de los intereses oportunos. El mejor ejemplo de ello lo tenemos en Irak, que fue una “guerra preventiva” cuando el principal argumento era la existencia de armas de destrucción masiva o los vínculos con Al Qaeda; y pasó a ser una “guerra humanitaria” cuando esas razones se debilitaron y hubo que poner todo el énfasis en la noble labor de liberar a los iraquíes del yugo del sangriento dictador.

 

Pero el propósito de este artículo es llamar la atención sobre algunas de las consecuencias de este ejercicio de marketing bélico.

 

A base de destacar el empeño humanitario de los ejércitos, tanto en Irak, como en Afganistán, sólo se ha conseguido generar confusión y poner en el punto de mira a las organizaciones que verdaderamente realizan un trabajo, cuyo signo característico es la neutralidad. El secuestro y la posterior liberación de dos cooperantes italianas en Bagdad –al margen de si hubo o no pago de rescate- es el ejemplo reciente. Ambas trabajaban en proyectos educativos con niños iraquíes. Su labor, en el seno de una ONG que se opuso a la intervención en Irak, nada tiene que ver con la de los 3.000 carabinieri desplegados en el país, pero sus captores pusieron como condición inicial para su liberación la retirada de las tropas italianas.

Algo parecido había sucedido unos días antes en Herat (Afganistán), donde una protesta popular por una decisión política adoptada por el gobierno de Hamid Karzai, concluyó con el asalto a la sede del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Sirvan también de muestra el atentado contra la sede de la Cruz Roja en Bagdad hace un año, o el asesinato, meses atrás, de varios cooperantes de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Afganistán, que motivó la salida de la organización después de más de 20 años de trabajo en el país.

 

Se podría hacer un balance igualmente sombrío de la guerra preventiva. Hasta el momento ninguna de las guerras que ha llevado ese nombre ha logrado prevenir nada. La percepción generalizada es que las amenazas se han multiplicado. En los tres últimos años se han producido atentados con decenas de muertos en Indonesia, Turquía, Marruecos, Arabia Saudí, Chechenia, España,... Prevenir es anticiparse a la aparición del problema. Difícilmente se puede frenar un ataque terrorista mediante una guerra, y ésta en nada contribuye a la tarea de frenar la expansión de un fenómeno que gana adeptos día a día.

 

La apropiación interesada del monopolio de “lo preventivo” y “lo humanitario”, deja ambas misiones cada día más huérfanas. Los recursos se canalizan hacia las guerras mediáticas, mientras se aplaza indefinidamente la más urgente de las guerras actuales: la que debería acabar con la pobreza, la marginación y el subdesarrollo. Esa es la única guerra preventiva...y humanitaria.

 

Íñigo Herráiz