Marzo-2007

 

Nuestro amigo Rafael González envía esta reflexión que acaba de ofrecer

en la universidad de Ciudad Real con motivo del “Aula de Solidaridad”

que la organización SOLMAN lleva a cabo todos los años.

Una reflexión sobre la VIOLENCIA que, aunque resulte algo extensa,

consideramos muy interesante, no sólo por los datos aportados,

también por su análisis de los mismos.

 

LAS RAÍCES DE LA VIOLENCIA

 

  1. INTRODUCCIÓN.

 

Hoy en día el hecho de ver los telediarios, escuchar los noticieros o leer los periódicos produce en mucha gente una inquietud y una angustia crecientes. Las informaciones parecen competir a la hora de mostrar una realidad cada vez más violenta e inhumana. Nos sorprendemos frecuentemente a nosotros mismos, a la hora de comer o de cenar, con los ojos muy abiertos y la cuchara o el tenedor detenidos en el aire mientras contemplamos las imágenes delirantes en la pantalla de la tele, murmurando: “¿Será posible? ¿Puede estar sucediendo esto en realidad?”, y llegando a la conclusión de que, verdaderamente, “el hombre es un hombre para el hombre” (no insultemos a los lobos).

¿Qué pasa?.., o ¿qué nos pasa? ¿Realmente la violencia está hoy más presente que nunca en el mundo? ¿O será que en la era de la información las noticias sobre la violencia se acumulan y eso nos da la falsa percepción

de que la sinrazón y la locura se han adueñado del planeta? ¿Será verdad que caminamos hacia el caos y la destrucción, como dicen algunos, o, como afirman otros, no hay que exagerar ni hacer mucho caso a los catastrofistas porque, en realidad, nunca se ha vivido tan bien como ahora?

 

Muchas preguntas y pocas y difíciles respuestas. Pero hagamos un pequeño esfuerzo de análisis y de debate. El tema sin duda lo merece.

 

 

  1. LAS CARAS DE LA VIOLENCIA.

 

 La frialdad y la contundencia de los datos que nos muestra la realidad se impone, casi siempre, a percepciones o valoraciones más subjetivas. La violencia presenta muchas caras. Algunas, terribles y viejas como el mundo; otras, novedosas, muy de nuestro tiempo, aunque no menos horripilantes.

 

* Los conflictos bélicos durante el pasado siglo XX superaron, en número y víctimas , a los acaecidos durante toda la historia anterior de la humanidad. Más de 60 millones de personas murieron en las dos guerras mundiales. “Sólo” unas 120.000 en el bombardeo atómico de los Estados Unidos contra Hiroshima y Nagashaki. Con una terrible particularidad añadida: si en las guerras antiguas morían 9 soldados o combatientes directos por cada civil, en las últimas los términos justamente se han invertido: muere un soldado por cada 9 civiles y, de éstos, la mayoría son mujeres, niños y ancianos.

 

*  Por lo que se refiere a los suicidios, también podemos encontrar datos preocupantes: en el año 2000 casi llegaron al millón el número de personas que se quitaron la vida en el mundo, y más de 40 millones lo intentaron. En los últimos 45 años las estadísticas muestran que el índice de suicidios ha aumentado un 60 % (curiosamente algo más en los países desarrollados que en los subdesarrollados), muriendo actualmente más gente por esta causa que por guerras o asesinatos. Este tipo de conductas autolesivas tiene otras variantes, no tan drásticas pero igualmente preocupantes y también en claro crecimiento, sobre todo –y esto las hace más terribles- entre los jóvenes de nuestras sociedades opulentas. Me refiero al alcoholismo y el consumo de drogas, en clara expansión, y también a otros comportamientos que parecen indicar una especie de pérdida progresiva del instinto de conservación y supervivencia, como puede ser la conducción temeraria, la búsqueda de sensaciones “fuertes”, de juegos o deportes de alto riesgo, etc.

 

* Por lo que se refiere a las agresiones directas a personas con resultado de lesiones, o incluso de muerte, en los últimos años, se han mantenido en índices más o menos estables las que están relacionadas con los robos y asaltos, pero han crecido considerablemente otras, por ejemplo:

 

·                La violencia doméstica, particularmente las agresiones a mujeres por parte de sus maridos, novios o compañeros sentimentales, agresiones que la mayoría de las veces terminan con la vida de la víctima (en España 68 mujeres en 2006; 15 en lo que va de 2007)

·                La violencia en los deportes de masas, con un alto número de altercados, peleas y agresiones en todo el mundo, particularmente en el fútbol.

·                La violencia escolar que, en estos últimos tiempos, ha disparado todas las alarmas sociales al verse involucrados en ella niños cada vez más pequeños.

·                La violencia sexual, la pornografía –particularmente la infantil- la prostitución (también, muchas veces, de niños y niñas de corta edad) o las violaciones.

·                Las agresiones y vejaciones que tienen como causa el racismo y la xenofobia.

·                Las agresiones a la naturaleza, en forma de vertidos incontrolados y otras formas de contaminación, incendios forestales intencionados, maltrato o destrucción de plantas y animales, etc.

·                El terrorismo, ya sea por motivos ideológicos, religiosos, nacionalistas, etc., incluyendo desde luego en este capítulo el peor de todos ellos: el terrorismo de estado.

·                La violencia gratuita, tal vez la más incomprensible y alarmante forma de violencia, esa que se comete “para divertirse y pasarlo bien” (por eso, para que dure más la “diversión”, suele grabarse en vídeo) y que se manifiesta en destrozos incontrolados del mobiliario urbano, burlas, insultos o agresiones a ciudadanos de cualquier clase y condición –predominando los más débiles: mendigos, ancianos, gente con algún tipo de minusvalía..-, etc.

·                Las muertes en la carretera, también en claro crecimiento y ante las que no parecen surtir mucho efecto las campañas para una conducción más prudente o las medidas más coercitivas, como el carnet por puntos o el endurecimiento de las sanciones de tráfico.

 

 

3.     LA VIOLENCIA, ¿RASGO CONSTITUTIVO DE LA NATURALEZA HUMANA?

 

Desde Darwin, muchos científicos han intentado explicar la violencia desde una perspectiva evolutiva. El etólogo Konrad Lorenz propuso que la agresividad era un instinto natural del hombre, una especie de herencia genética de nuestros antepasados primates. Algo similar defendía Desmond Morris en su obra “El mono desnudo”, o Hobbes, con su famosa frase “el hombre es un lobo para el hombre”, o el mismo Freud, con su tesis sobre la bipolaridad de la conducta humana entre los instintos antagónicos de Eros (pulsión de amor y vida) y Thanatos (impulso de destrucción y muerte).

 

No obstante, estudios más recientes llevados a cabo con ciertos tipos de simios han demostrado que, incluso entre estos animales, la agresividad no puede entenderse como un mecanismo automático a la hora de resolver los conflictos, siendo, en todo caso, una opción más entre otras, pues a veces evitan las peleas ofreciendo al adversario la posibilidad de compartir la comida o, sencillamente, ignorándolo. Se ha visto incluso que, aún cuando estalla la guerra, los chimpancés y otros monos acaban reconciliándose con abrazos, besos y caricias. El etólogo Frans B.M. de Waal explica en la revista “Science” que, con frecuencia, estos animales llevan a cabo rituales de pacificación para evitar conflictos sangrientos y preservar la cohesión social de sus manadas.

 

El famoso antropólogo y humanista Ashley Montagu, en su tratado sobre La naturaleza de la agresividad humana, asegura que “...el instinto constituye un tipo de inteligencia recurrente que otras criaturas poseen y que las hacen mantenerse siempre en el mismo lugar de la escala biológica, pero que no es eficaz en el versátil entorno humano: ésta es la razón por la que los humanos no tenemos instintos de ninguna clase. La especialidad del ser humano es ser no especializado, capaz de adaptarse a lo imprevisto, maleable y flexible...”, es decir, educable.

 

De la misma manera, las condiciones en que se desarrolló la evolución del ser humano a lo largo de los últimos miles de años hicieron muy importante la capacidad de cooperación. Los grupos humanos eran muy pequeños hasta hace aproximadamente 12000 años; los constituían entre 30 y 50 individuos. En tales sociedades, cuyas actividades principales eran la recolección y la caza, la ayuda mutua y la preocupación por el bienestar de los demás -la cooperación- no sólo eran muy valoradas, sino que constituían condiciones estrictamente necesarias para la supervivencia del grupo. Los individuos agresivos no hubieran prosperado en tales sociedades. Por tanto, es muy improbable que pudiera haberse desarrollado algo parecido a un instinto de agresión. Los muy recientes trabajos antropológicos de Wakely, Silk y Boyd, Zimmerman y otros, estudiando traumatismos en huesos humanos de neandertales, confirman las tesis de Montagu, en el sentido de que el impulso de cooperación consciente entre individuos se generalizó antes que la intencionalidad de agredir y hacer daño. Así, por ejemplo, los restos del llamado “viejo de la Chapelle”, de los que se deduce una movilidad muy limitada por una severa artritis en la cadera derecha con cuya limitación vivió aún bastante tiempo, demuestran el sentido de cooperación y ayuda del clan, pues el poder sobrevivir en poblaciones móviles, como los neandertales, con la función locomotriz claramente mermada, sólo es posible si el grupo, o parte de él, colabora trasladando al individuo enfermo o adaptándose a su ritmo. Algo similar han demostrado los estudios de restos óseos hallados en Shanidar (Irak), donde distintos individuos sobrevivieron con heridas y traumas que les impedían participar en muchas tareas relacionadas con la subsistencia de su especie en aquel contexto, heridas que se ha demostrado, por otra parte, no eran debidas a luchas entre humanos sino a lances de caza o accidentes fortuitos.

 

Por otro lado –y aún suponiendo un cierto instinto de agresividad en los humanos que, en todo caso, estaría subordinado al más fuerte instinto de supervivencia- los siglos de civilización, las aportaciones de la ciencia y la cultura, el desarrollo de un pensamiento filosófico que ha intentado bucear en la esencia del ser humano.., o, simplemente, las recurrentes experien- cias en cuanto a la inutilidad de las guerras y enfrentamientos para resolver los conflictos entre comunidades o individuos, deberían haber dado ya otros frutos; los frutos del entendimiento, la concordia, la compasión y la paz.

 

Sin embargo no vemos que la humanidad, en su conjunto, camine firmemente hacia esos logros. Por el contrario, y tal como analizábamos en el punto primero de esta exposición, la violencia, lejos de desaparecer o atenuarse, parece ir conquistando, poco a poco, distintas parcelas de la actividad humana, dando a veces la impresión de que la historia camina hacia una irracionalidad total y destructiva, hacia una especie de inmolación imparable y fatal. Y ello a pesar de que tanta gente, a lo largo de los tiempos, se halla dejado la piel defendiendo los valores de la razón, la justicia y la solidaridad.

 

 

4.     LA VIOLENCIA DEL SISTEMA.

 

Si aquellas tesis tradicionales sobre la maldad intrínseca del ser humano y su inevitable instinto depredador y agresivo no parecen tan sostenibles hoy en día, tendremos que preguntarnos de dónde vienen todas estas formas de violencia que señalábamos al principio. Formas, por cierto, bien explícitas y aparatosas, pero que –para mí y para otros muchos- no dejan de ser simplemente las hojas y las ramas de un árbol enorme que hunde sus raíces en substratos más profundos. Porque la violencia es mucho más de lo que hasta ahora hemos mostrado, aunque no se presente de manera tan directamente agresora; aunque no se vea correr la sangre ni aparezca de un modo tan impactante y brutal en los mass media de todo el mundo.

 

·                ¿O no deberíamos entender como violencia la dirección que ha ido tomando el progreso tecnológico?; un “progreso” que amenaza con la desaparición de los recursos naturales, con el envenenamiento del aire, la tierra y el agua, con el cambio climático y sus terribles y más que comprobadas consecuencias...

·                ¿Y no tendremos que llamar violencia a unas leyes del mercado que, buscando los máximos beneficios económicos para unos pocos por encima de las verdaderas aspiraciones y necesidades humanas, convierte a la gente en meros productores-consumidores acicateados por una publicidad que intenta crear falsas y continuas necesidades para mantener la rueda demente de esta economía del capitalismo salvaje?

 

¿Estoy, tal vez, exagerando? Veamos algunos datos bastante actuales:

 

·                Según el informe anual del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) correspondiente al pasado año 2006, el grado de desigualdad, de concentración de capital y acumulación de la riqueza ha alcanzado hoy niveles que nadie pudo imaginar, como evidencian las siguientes cifras:

 

-          La distancia entre países ricos y pobres se ha hecho abismal. En el año 1820 esa distancia era de 3 a 1; en 1960 la brecha era ya de 30 a 1; en 1973, de 44 a 1. Hoy la diferencia es... ¡de 74 a 1!

-          Las 15 mayores fortunas del planeta tienen activos que superan el PIB total de toda el África subsahariana, y las 225 personas más ricas del mundo disponen de tantos recursos como los 2.500 millones de personas más pobres.

-          1.500 millones de seres humanos (25% de la población mundial) sobreviven con menos de un dólar diario, es decir, en la más absoluta miseria, mientras que 2.500 millones (40% de los habitantes del planeta) deben hacerlo con menos de dos dólares al día, o sea, éstos ya sólo en la pobreza indigente.

-          Más de 800 millones de personas padecen hambre y malnutrición, 1.100 millones carecen de acceso al agua potable y 30.000 niños al día –1.200 cada hora- mueren a causa de enfermedades fácilmente curables. En Zimbabwe, por ejemplo, la esperanza de vida sólo alcanza los 36 años.

·                No es de extrañar, pues, que las grandes oleadas migratorias no hayan hecho más que empezar. En los próximos 50 años se preveen desplazamientos de ingentes masas de seres humanos empujados por los efectos del cambio climático (subida del mar, sequías, falta de agua y alimentos...), las guerras y la pobreza extrema.

·                El gasto militar en el mundo ha crecido hasta los 700.000 millones de euros (de ellos cerca de 400.000 millones corresponden al presupuesto de defensa de EEUU). Con el 1% de esa cantidad el agua potable sería accesible a toda la humanidad; con el 2% se podría acabar con el hambre en 10 años; con el 1’8% la energía renovable podría llegar a todas partes y disminuiría drásticamente la contaminación (Fuente: ONU http://documents.un.org/mother.asp). El gasto militar español es de 18.900 millones de euros, más de lo que gastan juntos los Ministerios de Trabajo y Asuntos Sociales, Educación y Cultura, Agricultura, Pesca y Alimentación y Medio Ambiente. Sólo 5 empresas vinculadas a la industria militar se reparten el doble de lo que reciben todas las Universidades y el CSIC por I+D civil. (Fuente: Cátedra UNESCO UAB http://www.pangea.org/unescopau/).

 

Junto a estas cifras de escalofrío tenemos otras, sin duda mucho más optimistas, como estas:

 

·                Las 200 compañías multinacionales mayores del mundo controlan el 29% de la economía mundial, superando el PIB de los países miembros de la OCDE.

·                Las ventas de General Motors y Ford superan el PIB de toda África.

·                La petrolera Exxon obtuvo el año pasado algo más de 30.000 millones de euros de beneficio (“sólo” beneficios, pues el capital que controlan es muchísimo mayor), lo que equivale a la suma del PIB de los 105 países más pobres de la Tierra.

·                Hasta septiembre del pasado año los beneficios de los bancos españoles habían crecido un 41’2 % sobre los correspondientes al mismo período del año anterior, ya bastante sustanciosos. Los que operan en Latinoamérica, como el BBVA y el Santander, registraron ganancias de 1.000 millones de euros, casi el doble que el año anterior. En el primer semestre de 2006 los bancos europeos también obtuvieron ganancias record que suponían el 34% de crecimiento medio respecto al mismo período de 2005 (las hipotecas, sin embargo, tienen que seguir subiendo. ¡Misterios de la economía!).

 

¿Serán VIOLENCIA estos datos? ¿O serán, más bien, síntomas de ese progreso y bienestar en el que el orden económico mundial quiere hacernos creer que vivimos? Y no hemos querido poner ejemplos aún más escandalosos, como las diferencias entre la vida regalada de muchas mascotas en las viviendas familiares de los países ricos con la vida de muchos niños familiar y laboralmente explotados en los países pobres; o los gastos de unos en dietas adelgazantes comparados con los de otros en alimentación básica y, casi siempre, insuficiente; o los recursos que unos emplean en destrozar poco a poco sus vidas (alcohol, drogas de diseño como las anfetaminas –éxtasis, speed, cristal...- más baratas y de efectos mucho más devastadores) comparados con los que emplean millones de pobres para intentar sobrevivir acogiéndose a sistemas de salud precarios o inexistentes...

 

Junto a una naturaleza sobreexplotada y agredida, que va reaccionando también con violencia, alterando el clima y los fenómenos con él relacionados (sequías, inundaciones, huracanes, cambios en los ciclos vitales de animales y plantas...), nos vamos encontrando con una humanidad violentada, cuando las personas pasan a ser simples números en una cuenta de resultados económicos.

 

Y esta me parece la verdadera raíz de todas las violencias. Por eso digo que es urgente reaccionar contra ese puñado de depredadores insaciables, contra esos locos peligrosos que manejan el mundo llevándolo hacia la ruina. Antes que sea demasiado tarde.., si no lo es ya.

 

 

5.     ¿SE PUEDE HACER ALGO?

 

Casi siempre que se exponen con crudeza –mejor dicho, con claridad y objetividad- estos temas, suele caer sobre la audiencia una especie de losa paralizante. Tendemos a ver la realidad como una montaña escabrosa y gigantesca que no nos sentimos capaces de superar. Y nos asalta el desánimo, la impotencia, la sensación de que nada podemos hacer.

Creo que nuestra primera obligación es sacudirnos esa percepción de la realidad y de nosotros mismos, esa falta de confianza en nuestra inteligencia y nuestra voluntad. Y empezar a ponerse en marcha, dando pasos que podrían ir, más o menos, por estos caminos:

 

·                Ver la realidad, no negarla, mirarla cara a cara analizándola con rigor y tratando de entender las relaciones que se dan entre los distintos hechos, teniendo claro que las cosas no suceden porque sí, que no hay un destino inexorable trazado para el mundo, sino que éste se mueve en determinada dirección porque hay fuerzas conscientes que empujan en esa dirección.

·                Preguntarnos seriamente si queremos ir allá donde nos llevan, si tomando ese rumbo que nos marcan nuestras vidas serán más felices y mejores.

·                Si vista la realidad y previsto el destino al que nos conduce nos planteamos decir “¡NO!”, habrá que ser coherente y empezar a construir otra realidad, dando pasos hacia otro rumbo.

·                Tendremos que establecer un compromiso con la vida, con las distintas formas de vida sobre el planeta, con esa vida valiosa y digna que debe ser la de todo ser humano, pero también con las miles de formas vivas vegetales y animales que nos acompañan en este viaje por el cosmos. Ninguna vida debe sernos ajena; pero, por supuesto, deberemos empezar por cuidar la nuestra propia, con un sentido casi reverencial de inmenso respeto por algo tan valioso y tan extraordinario.

·                Este proceso personal, que cualquiera de nosotros tendría que plantearse, ya es valioso y humanizador en sí mismo, independien- temente de que fuera o no capaz de transformar una realidad que no nos gusta, porque, al menos, nos iría transformando a nosotros, daría sentido a nuestra vida, nos haría más conscientes, más sensibles y más personas.

·                Pero sería muy bueno que en este camino encontráramos compañía. Y seguro que podemos encontrarla. Tal vez no sean los más, pero mucha gente lucha, y luchó en el pasado, porque las cosas sean de otra manera; gente magnífica que pone a trabajar su inteligencia, su tiempo y su fuerza, que se olvidan un poco de sí mismos y se entregan a dinámicas de transformación en las que, a veces, dejan su propia vida. Seguro que merecerá la pena estar con esta gente.

·                Desde luego habrá que ir abandonando todo lo que nos despersonaliza, lo que nos aborrega y nos hace cada vez más estúpidos y más manipulables: los discursos huecos de la mayoría de los políticos (que en la medida en que nos movamos se irán sintiendo obligados a moverse), la sugestión de la “caja tonta”, el reclamo de la publicidad y la moda, el consumismo compulsivo, la tiranía del móvil y otras adicciones, los rituales de falsa armonía y superación de barreras implícitos en los “botellones” y en la toma de sustancias que alteran la percepción y el comportamiento...

·                Todo esto, ciertamente, supone cambiar de vida; pero para recuperarla, para vivirla conscientemente. Y en ese sentido no será un cambio doloroso, que exija renuncias casi heroicas, sino un cambio liberador que abrirá inmensas perspectivas personales y comunitarias a explorar.

·                 Puesto que estamos en la era de la globalización tengamos una visión global de las cosas, sintiéndonos responsables de la desigualdad y la injusticia, del dolor de cualquier ser humano.., recuperando el sentimiento de “especie” (y de especie amenazada) que sufre con el sufrimiento de cualquiera de sus miembros y, por ello, trata de remediarlo a toda costa.