Junio-2008

 

Quo Vadis, Europa?

 

El término militarizar encierra muchos significados: establecer disciplinas o costumbres militares; preferir el “ordeno y mando” a la participación y al diálogo; prevalecer la fuerza de las armas a la fuerza de las razones y de la diplomacia; sobrevalorar las guerras y el armamento por encima de otras soluciones y necesidades; potenciar la seguridad a costa de la libertad; etc.

En épocas o ámbitos de dominación, de imperialismo, de colonialismo, suelen militarizarse los vestidos, los gestos, las palabras, los saludos, los modales, la concepción del mundo,…

Numerosos controles en estaciones, en carreteras, en las entradas de organismos públicos y privados,…Alarmas, registros, cámaras en las calles, en los andenes, en los grandes almacenes,…

Toda la ciudadanía convertida en sospechosa… como en un estado prebélico. El militarismo no se fundamenta en la valentía, sino en el miedo.

No es extraño que Aristóteles dijera: La humanidad se divide entre los que nacen para mandar y los que nacen para obedecer.

Parece que estuviéramos definiendo esta sección de la web: Militarismo, o mejor, anti-militarismo. Pero viene a cuento.

 

Decía hace poco Ramoneda en su “dietario” de la SER:

         La lista es larga:

         Semana laboral de 65 horas,

         Detención de inmigrantes hasta 18 meses sin abogados ni acusaciones,

         42 días de detención sin cargos para los sospechosos de terrorismo en el Reino Unido,

         Conversión de los inmigrantes ilegales en delincuentes en Italia,

         Y así sucesivamente…

         Europa contra sí misma. Los gobernantes europeos se están cargando el patrimonio jurídico y moral del Continente.

         Europa va camino de perder todo aquello que la hacía respetable y atractiva. Y nadie protesta.

         ¿Qué espera la izquierda, si es que existe?

 

Son signos de militarización, que podemos seguir enriqueciendo con más ejemplos.

Claro que podemos hablar directamente de armamentismo en Europa, aunque hoy día se actúa con otro estilo, con otro “talante”, con guante blanco,…

Sabemos que los cinco grandes países custodios de la paz y con derecho a veto en el  Consejo de Seguridad de la ONU, son también los principales fabricantes de armas: Alemania, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia. Excelente representación europea.

Oscar Arias, Premio Nóbel de la Paz, dijo: “Los líderes locales, regionales y mundiales deben aceptar el hecho de que no podemos permitir que el libre mercado rija el comercio internacional de las armas. No debemos enriquecernos comerciando con la muerte. Más bien deberíamos comprender que el comercio de armas es casi siempre amigo de los dictadores y enemigo del pueblo. Ha llegado el momento de anteponer las vidas humanas a las armas”.

Podemos seguir hablando de armas:

         De cómo el Parlamento británico aprobó el año pasado la renovación de submarinos nucleares (programa Trident) por importe de 75.000 millones de dólares, a pesar de las protestas generalizadas.

         De cómo la mayor empresa de armamento británico (BAE Systems) logró el año pasado 1.400 millones de dólares de beneficios, a pesar de estar acusada de escándalos de corrupción.

         De cómo Holanda se está convirtiendo en la quinta exportadora mundial de armas, detrás de EEUU, Rusia, Alemania y Francia. Son clientes suyos Chile, Indonesia, Marruecos, India, Pakistán y Egipto, entre otros.

         De cómo la OTAN  va alargando poco a poco sus garras más allá del Atlántico Norte, Sur, Este y Oeste. Admirablemente y de golpe adquirió competencias para actuar en y contra Afganistán. El informe anual de la Afghanistan Ngo Safety Office (ANSO) adjudica a la OTAN la muerte de al menos 525 civiles en Afganistán durante 2007.

Dejémoslo, porque ya dijimos que actualmente se utilizan otras maneras, es más propio actualmente lo de “una de cal y otra de arena”. Por ejemplo, en la Conferencia de Dublín de mayo-2008 se consiguió que 111 gobiernos de todo el mundo firmaran un Tratado Internacional para eliminar las bombas de racimo, un armamento peligrosísimo, mortal e indiscriminado. ¡Cuántas personas muertas y mutiladas en Irak, Líbano, Palestina,…por esas bombas!. La alegría no es completa, no sólo por el poco respeto que se tiene a los Tratados Internacionales en nuestro tiempo, sino porque no firmaron países tan claves como Rusia, China, Estados Unidos y sus más cercanos y peligrosos aliados militares (Israel, Pakistán e India).

 

Pero hay otros muchos signos de militarización de la sociedad europea, aparte de su armamentismo, de su belicismo, de su racismo, de su clasismo, de sus múltiples medidas de control,…

Hay claros síntomas de debilitación de su sistema democrático. El más sobresaliente es el procedimiento llevado a cabo en el Tratado de Lisboa.

Los pocos referéndums realizados en Europa tumbaron la anterior “Constitución Europea”. Y hubo que inventar otra Constitución, pero sobre todo otro mecanismo.

Era preciso evitar los referéndums, para que las distintas poblaciones europeas no volvieran a tumbar el proyecto de los dirigentes. Se cambiaría el nombre de “Constitución” por “Tratado”, así no sería “obligatorio” que las ciudadanías participasen votando. Como Juan Palomo, los gobernantes lo redactarían y ellos mismos, o con el apoyo de sus partidos parlamentarios, lo aprobarían.

He ahí el TRATADO DE LISBOA.

Al igual que la anterior “Constitución Europea” se redactó siguiendo casi literalmente el borrador previo de las grandes multinacionales y organismos económicos europeos.  El 90% del texto de la anterior Constitución se mantiene en el nuevo Tratado.

Un tratado neoliberal, privatizador, destructor de servicios públicos, productivista, tecnocrático, militarista,… Sin avances en lo institucional, porque los países, siguiendo sus intereses particulares, de ninguna manera se ponen de acuerdo. En política internacional, menos acuerdo todavía: a Francia le interesa el mundo árabe y África, a Alemania le interesa el Este,…

La Unión Europea está condenada a la impotencia política. Será un gigante económico liberal y un enano político impotente.

Socialmente, la situación es más grave. Las leyes del mercado siempre favorecerán a los más poderosos. Tampoco se invertirá en Europa, pues el precio del trabajo es mucho más barato en el Magreb, en China o en India. El interés del dinero estará controlado por el ultraliberal Banco Central Europeo, con el respaldo de los países más fuertes de Europa.

Fue en Lisboa, a espaldas de la ciudadanía europea que se formalizó este Tratado constitucional. Abiertamente se privó del voto a los pueblos. Se debía ratificar por vía parlamentaria. Irlanda era el único país que lo sometería a referéndum.

El Tratado está repleto de apariencias sospechosas:

         La Comunidad Europea como estructura antidemocrática. Con un parlamento débil no del todo elegido por la ciudadanía, excluido de iniciativas legales y sin voto sobre ingresos y presupuestos… Y al frente, una instancia de nula representatividad pero con inmenso poder: Consejo y Comisiones europeas, Tribunal de Justicia y Banco Central Europeo.

         Según el catedrático Gerardo Pissarello, “el Tratado concentra mecanismos policiales y represivos sin suficiente control parlamentario”. Aunque “se subordina a intereses de EE UU” la agenda de la UE “ha impuesto sus propios recortes de derechos y libertades”.

Naturalmente el nuevo Tratado fue ratificado por los distintos Parlamentos a toda velocidad y sin necesidad de publicidad. Los gobernantes vendieron el proyecto como progresivo y democratizador. Sencillamente, vendieron humo.

 

Sólo quedaba pendiente que llegase el doce de junio-2008 para que Irlanda realizara el único referéndum posible. Todos los gobernantes europeos estaban seguros del SÍ. En teoría, con un solo país que no ratifique, el Tratado no puede validarse.

¿Y QUÉ HA PASADO? Que Irlanda ha dicho NO.

El secretario de Estado francés, Jean Pierre Jouyet, ha sido el primero en hablar de la búsqueda de un arreglo jurídico particular entre Irlanda y el resto de miembros de la Unión Europea.

Hay que inventar algo. Aunque sea que repitan referéndum en Irlanda hasta que salga el SÍ.

Es preciso, dice el presidente Barroso, buscar una solución a ese NO de Irlanda. Naturalmente, piensan, el error y el problema es de Irlanda, no del Tratado.

Más bien, el problema parece ser el voto de la ciudadanía. Nuestros democráticos dirigentes están arrepentidos. Debería haberse prohibido el referéndum como en el resto de países europeos.

El presidente de Portugal, Anibal Cavaco Silva, dijo en la Exposición Internacional de Zaragoza 2008 que el rechazo de los irlandeses al Tratado de Lisboa en referéndum "es la prueba" de que los tratados internacionales no deben ser sometidos a este tipo de consulta popular.

Nuestros dirigentes europeos están quedando en evidencia. ¿Qué tal que todos los demás países hubieran podido votar democráticamente?

Se les ha visto el plumero. Hablan de “pesadilla”. El presidente irlandés se ha manifestado “avergonzado de sus conciudadanos”.

¿Qué significa lo que dice Barroso de que el NO irlandés es importante, pero no definitivo?

El diputado europeo de Los Verdes, al escuchar a Barroso, decía: “el sistema actual de funcionamiento de la Unión Europea ha perdido el norte”…”lo que priman son los intereses gubernamentales sobre los del conjunto de la Unión”.

Corren malos vientos. ¿Por qué llaman “incidente” a una votación democrática?

Quienes manejan las riendas del poder en Europa tratan una y otra vez de imponer un sistema de gobierno continental independiente de la voluntad ciudadana, que deje casi todo en sus exclusivas manos, dice Javier Ortiz.

Volvió a salirles el tiro por la culata. ¿Qué otra jugarreta inventarán ahora sus burócratas?

Con rabia y preocupación exclamamos: ¿Hacia dónde caminas, Europa?  ¿Quo vadis, Europa?

 

d.t.