(Julio/Agosto-2000)

Agradezco las noticias y las ideas que ayudan a vivir. Las demás me sobran.

Pues claro que no me interesan todas las noticias que dicen los periódicos u otros medios de información, ni los chinchorreos, ni los rumores, ni las intimidades ni gilipolleces de los famosos,... Cantidad de noticias y comentarios que me sobran.

Agradezco, sin embargo, leer algunas frases como las de Saramago en el seminario sobre derechos humanos (el pasado 8 de Julio): Censurando los intentos de controlar la llegada de emigrantes a Europa. "La necesidad de vivir no puede ser controlada ni con murallas, ni con metralletas". O hablando de los nacionalismos: "La patria es mucho más el tiempo en que vivimos, que el lugar donde hemos nacido", y apostilló que la idea de ser ciudadano del mundo es "una tontería", porque "nadie puede ser ciudadano de Ruanda, Etiopía o Sierra Leona".

Saramago explicó que todo el mundo es responsable de lo que ocurre a su alrededor, aunque muchas veces se haga lo posible para no pensar en ello. Y sentenció: "Nuestro poder, que es el voto, no llega a cambiar nada en el poder real, que es el poder económico y financiero".

Agradezco enterarme de que en el medio minuto que tardo en llenarme un vaso de agua y bebérmelo, tres personas mueren en el mundo por falta de agua potable. Unos tres millones mueren al año por esta causa, y 1.200 millones de personas siguen careciendo hoy de agua potable.

Y lo agradezco, porque ese dato me ayuda a valorar el agua que bebo, a agradecerla, a reparar el grifo que gotea y a cerrarlo lo antes posible, a no lanzar aceite u otros contaminantes por los desagües,...

Ya ves, parece una tontería, pero la carencia de agua de otros seres humanos me ha enseñado a tratar el agua con respeto. Hasta me cabreo cuando veo que alguien desperdicia el agua,... ¿Hay cabreos solidarios?...

 

Agradezco escuchar a Asif Rafa, un muchacho pakistaní de 19 años, decir en plena euforia de la eurocopa:  "odio el fútbol".

Pronuncia la frase sin levantar la vista: cose, cose y responde sin mirar. Es uno de los 3,4 millones de niños pakistaníes esclavizados por el trabajo, uno de los 7.000 pakistaníes  ligados a la industria del balón, con horarios de 11 y 12 horas y sueldos miserables. Aquella región factura 40 millones de balones al año, el 70% de la producción mundial.

Alguien con mala leche ha sugerido que todos los balones de las grandes firmas lleven una etiqueta cosida: "Este balón es un crimen contra la humanidad".  Me pregunto si sería muy diferente lo que dijera yo, si fuese uno de aquellos explotados en las barracas pakistaníes.

 

Total, lo que decía al empezar...

Sólo me interesa lo que ayuda a vivir, lo que está a favor de la vida...

Lo demás, que se lo coman los "encantadores de serpientes"

y sus lectores, oyentes o televidentes "encantados".