Agosto-2001

 

Aficiónese a escribir Cartas de libertad

 

¿No le parece buena la idea?. A mí me dan ganitas casi todos los días de escribir unas cuantas cartas, a gente muy distinta, a gente de la calle, a gente de arriba y de abajo,...

Por ejemplo, hoy le escribiría una de esas cartas a la Jerarquía de la Iglesia Católica. Y les aseguro que los “hábitos”, hagan o no al fraile, me dan igual. Eso sí, les escribiría, como a todos, con el debido respeto.

 

¿Por qué a la Jerarquía y no a toda la Iglesia? Porque, al parecer, la gran mayoría de esa Jerarquía es la que ha monopolizado la palabra y el poder de decisión dentro de la Iglesia, tienen la última palabra y prácticamente todas las demás. Debieron confundirse interpretando que el Espíritu de la Palabra solamente les soplaría a ellos.

 

Y les escribiría por el asunto GESCARTERA, esa Agencia de valores, de Fondos de inversión, de especulación, que operaba en el Mercado de valores y que en estos días está en boca de todos porque se ha ido al carajo, porque alguna mano misteriosa ha desviado esos fondos y se han perdido unos 20.000 millones de pesetas. Esos fondos no eran otra cosa que inversiones que habían hecho gentes e Instituciones al olor del dinero fácil, en busca de un rápido crecimiento. Curiosamente, la Jerarquía de nuestra Iglesia en España era una de las que habían invertido en GESCARTERA.

 

Desconocemos qué esté pasando en la Jerarquía, por qué esté confundiendo los valores del evangelio con los valores de inversión, las buenas acciones con las acciones rentables en Bolsa.  Y manda narices la salida de pata de banco de Monseñor Amigo, Arzobispo de Sevilla, diciendo que invertir dinero (es más apropiado, Monseñor, decir “especular con el dinero”) es bueno. Según él, es un gesto que respalda el propio Evangelio... y citó la “Parábola de los talentos”.

 

¡Pero, Monseñor...! ¿Cómo se puede retorcer el Evangelio de los “Bienaventurados los pobres”, del “No atesoréis en la tierra...”, del “Dar al César lo que es del César...”, etc., etc., etc., para que, de pronto y porrazo, apoye la especulación con el dinero?.

Si usted utiliza el Evangelio de forma tan literal (creíamos que eso era cosa de los Testigos de Jehová), ¿Cómo explica Ud. a sus fieles la “Parábola del pobre Lázaro y el rico Epulón? ¿Qué son ustedes, los Monseñores, Epulones o Lázaros?.

Sería el colmo, Monseñor, que GESCARTERA con sus fraudes y quiebras les estuviera ayudando a convertirse más que el propio Evangelio.

 

“No me gusta como canta la perdiz”, Monseñor. Cada vez me resulta más difícil entender el Evangelio que ustedes predican, ese mismo Evangelio en el que se decía a los discípulos “No se dejen llamar “padre”, ni “señor” (tampoco monseñor), ni “santo”  (ni “santidad”), porque sólo uno es el Padre, sólo uno es el Señor,...”.

 

Si hubiera tenido tiempo, les hubiera escrito otra carta a los profesionales sanitarios. Estadísticas recientes dicen que son ellos en términos relativos las personas que más fuman. 

Todo esto me recuerda el dicho de la tía Pascualina.

 

Apostillando:  ¿Qué decía la tía Pascualina?

“De los curas haz lo que dicen y no lo que hacen.

De los médicos haz lo que hacen y no lo que dicen”