Marzo-2002

 

¿De verdad usted entiende a este mundo y a sus dirigentes?

 

Siempre hay que ser agradecidos, y más ahora, a quienes intentan poner un poquito de luz para entender a nuestro jodido Mundo. Por miles de razones, deberíamos hoy aplaudir y animar a cualquier tipo de publicación alternativa (o sea, fuera del rodillo del sistema)... Sólo esos medios alternativos plantean ideas, provocan razonamientos... En estos días uno de los últimos “Cuadernos CJ” me ha hecho pensar...

Nuestro “orden” occidental (“El Sistema”) necesita de un enemigo absoluto para poder subsistir. Hasta 1989 ni siquiera se hablaba del mundo musulmán, el enemigo era la URSS. Cuando cayó ésta en 1989, se buscó inmediatamente otro enemigo y en el 91 tuvimos ya la atrocidad del Golfo. Se empezó a hablar de un “nuevo orden mundial”.

Y esa que nuestra cultura occidental necesita una explicación que justifique sus numerosas contradicciones: sus proclamaciones son de tolerancia mientras sus hechos son de dominación, sus lenguajes son de paz mientras sus hechos son de violencia. Los ideales antropológicos de Occidente son contradictorios con sus ideales económicos.

El discurso occidental ha llenado el mundo de espléndidos ideales humanos (de paz, de libertad, de desarrollo, de modernidad...). Pero la praxis occidental (las obras) en los últimos años ha difundido tácitamente la enseñanza de que los fines político-económicos justifican todos los medios incluso la muerte de inocentes (se ahogan a pueblos enteros con la deuda externa, se invaden países, se masacran a pueblos sin que ellos tengan medios para defenderse, se apoya a dictadores y tiranos como Pinochet,...)

El pecado del mundo árabe no consiste sólo en ser el que más se resiste a la penetración cultural y económica de Occidente, sino además en ser el mayor propietario de un petróleo que se ha convertido en el “aire” que respira nuestra economía occidental. No es casualidad que casi todas las grandes cruzadas emprendidas por los Estados Unidos en nombre de los grandes valores, hayan tenido lugar en lugares y situaciones en los que había intereses económicos.

Occidente se contradice continuamente: La obsesión por la seguridad nos va haciendo aceptar recortes a nuestra libertad, en información, en capacidad de movimiento, en derechos, etc. Lo que contradice al famoso principio de Benjamín Franklin: “quienes sacrifican la libertad a la seguridad, no merecen la una ni la otra”.

La cultura occidental dominante se cultiva y transmite a los propios ciudadanos occidentales a través de unos altavoces oficiales: Los Medios de Comunicación. “Consigan crear una generación de ciudadanos desmotivados, que luego serán el mejor caldo de cultivo para una nueva estructura social totalitaria”.

Y por ahí se mueven esos Medios de masas. La cultura que rezuman, llamada postmodernidad, cabe en tres principios:

Para redondear, falta decir que esa realidad será definida y determinada precisa y exclusivamente por los dirigentes económicos y políticos del Mundo.

Total, que el mensaje está clarísimo: Todo el género humano, salvo un reducido puñado de selectos, estamos llamados a formar una gran masa de mansos, dóciles y sumisos corderitos, condenados a la permanente resignación y a la renuncia de nuestras facultades más nobles como humanos.

Las grandes palabras son tomadas siempre como algo que “hay que decir” para maquillar la realidad, pero a lo que nadie debe creer. Las grandes palabras y las grandes promesas sólo solemos escucharlas en tiempos de elecciones, y de guerras: es decir, en aquellos que ya han sido llamados “tiempos de mentira”.

No es extraño, entonces, que los ciudadanos volcados al consumo narcisista y manipulados por desinformaciones controladas por los poderes políticos y económicos, tendamos a reaccionar airadamente y despectivamente cuando nos tropezamos con alguien que “comete el delito de tomar la vida en serio”. Y en muchos países del mundo pobre se comete ese delito de tomar la vida en serio, precisamente porque la vida no es allí algo que pueda darse por supuesto.

Apostillando: Que un ciego quiera guiar a otro ciego es una osadía.

Que unos cuantos quieran dominar a todo el mundo

y, además, justificar esa actitud es una canallada.

Nuestra cultura occidental sí que rezuma terrorismo.