Septiembre-2002

 

Un grito  POR LA VIDA

 

¡Vaya follón! Cómo es posible semejante montaje en todo el mundo, en todos los medios de comunicación, con el tema del 11-S. ¡Vaya espectáculo!: Controles por todas partes, alertas, cañones apuntando al cielo, miedo y llanto cogidos de la mano.

Como la bandera que los constructores colocan al techar el nuevo edificio, este primer y alucinante Aniversario del 11-S se ha querido convertir en bandera sobre un año de atrocidades, masacres, torturas, encarcelamientos, asesinatos, de violaciones de los derechos humanos, justificados en nombre del “terrorismo”… Un terrorismo por terrorismo.

No estoy inventando, simplemente estoy recordando acontecimientos, noticias y comentarios publicados a lo largo del año. Y eso que la modernidad nos aumentó las comodidades, pero nos acortó la memoria, apenas recordamos las tragedias ocurridas el mes anterior.

Pues nada, yo también digo que ¡VIVA LA VIDA!  y maldigo todo cuanto produzca muerte y a todos los que atacan o destruyen la vida de otras personas, me da igual que sea legal el aborto, o la pena de muerte, o la propiedad privada.  Yo también digo ¡VIVA LA PAZ! y maldigo todas las guerras y la carrera de armamentos, y me importa un bledo que los protagonistas sean países democráticos o dictatoriales, o que pertenezcan al Consejo de Seguridad de la ONU.  Yo también digo ¡VIVA LA NATURALEZA! y maldigo todo lo que destruye nuestro medio fundamental de vida, no quiero desarrollo que supone enriquecimiento de unos cuantos a costa de la salud de los seres vivos. Yo digo ¡VIVA LA DIGNIDAD HUMANA! y maldigo todo tipo de discriminación que, por ejemplo, hace deambular sin rumbo, sin familia, sin trabajo y sin techo a millones de personas extranjeras; y maldigo toda desigualdad y esclavitud que vergonzosamente mantiene a multitudes de personas sometidas al hambre o carentes de los medios más elementales de salud, de vivienda, de cultura, y no me sirven los discursos de buena voluntad ni las Cumbres retóricas que sólo justifican el des-orden establecido.

Hablar de vida humana bajo mínimos, es hablar de vida profanada y ultrajada. No hay excusas, no hay disculpas para nadie.

Bueno, esto es tan sólo un grito POR LA VIDA y, además, de un mochuelo. Sin ánimo, por supuesto, de competir con las proclamas y opiniones de los honorables periodistas, sapientísimos y “dueños de la democracia”, que, paradójicamente, están obligados a defender y dar la razón a quienes ellos saben.

 

Apostillando: Los seres humanos han sido capaces de legalizar la in-humanidad,

pero no podrán legalizar que haya vidas de primera y de segunda,

que unos nazcan destinados a vivir y otros condenados a morir prematuramente.