Marzo-2003

 

La guerra es más fácil que la paz

 

Alguien escribió que la guerra es más fácil que la paz.

Pero a mi corto entender es porque estamos piraos, la gente no andamos bien de la cabeza.

Y el caso es que ya lo decía el abuelo, “es más fácil tumbar una pared que levantarla”, es más fácil destruir que construir.

Parece verdad que es más fácil la guerra por ser instinto descontrolado, que la paz que es un esfuerzo continuado de solidaridad y bien común y reconstrucción y reconciliación.

Todo el mundo dice que quiere la paz, pero yo miro con el rabillo del ojo. La guerra, una vez decidida, es irracional, imparable y furiosa por aniquilar al enemigo.

 

Los humanos se han vuelto amnésicos, han perdido la memoria de los grandísimos males, los incalculables costos materiales, sociales y morales ocasionados por las guerras. Han olvidado, sobre todo, a las miles de víctimas, a quienes murieron, a los heridos y a las familias que quedaron rotas para siempre. Pueblos destrozados.

Parece como si hubiéramos reducido las propias conciencias, como si las hubiéramos privatizado: no apreciamos dolor que vaya más allá del dolor de nuestras propias muelas o de nuestra úlcera de estómago.

 

Por otra parte, todas las guerras fueron causadas y decididas por unos, no por todos. Pero en todas siempre les tocó a los pueblos poner las víctimas.

Gobernantes que buscan unos fines inconfesables y que quieren justificarlos con unos medios nada justificables como es la guerra.

Todos dicen querer la paz, pero olvidan que la paz es fruto de la justicia. Por eso la injusticia es una predisposición para la guerra.

Ya lo dijo alguien: Si queremos evitar la guerra, defendamos la justicia en el reparto equitativo de los bienes y la justicia en el respeto a los derechos de las personas y de los pueblos.

 

Afortunadamente hay voces que insisten en que la paz siempre es posible y se debe crear; que hay que cultivar permanentemente actitudes que construyen la paz: la austeridad, la solidaridad con los desfavorecidos y la disposición para compartir; que la paz hay que construirla día a día y es tarea de todos.

De todas maneras, el párrafo  último debe sonar a cantos de sirena en los tiempos que corren.

 

Apostillando:  Que los militaristas se coman sus argumentos,

porque tenemos el convencimiento de que la guerra

nunca es una fatalidad ante la que haya que resignarse,

sino que siempre significa un fracaso de la humanidad,

que hay que evitar.