Febrero-2004

 

Esto es: ¡CARNAVAL!

 

Este es el grito de guerra durante por lo menos un mes en Cádiz. Y he dicho por lo menos. La generalidad del pueblo gaditano se dedica en cuerpo y alma a su carnaval. Es bonito ver que un pueblo es capaz de reírse de sí mismo y de criticar, en clave de humor,  la historia, las instituciones, los formalismos sociales y los acontecimientos sobresalientes de la sociedad.

El Carnaval de Cádiz es una fiesta en la calle, abierta a todo el mundo que venga. Aquí no se niegan visados, como hicieron los Estados Unidos a un grupo de artistas cubanos aspirantes a los últimos premios Grammy.

Digamos que es un ejercicio de libertad de expresión, sin necesidad de cortes ni censuras, al contrario que en Estados Unidos que retransmitirán la Gala de los “Oscar” con un falso directo, retardando cinco minutos la retrasmisión, por si tienen que “cortar alguna frase o gesto” sobre la marcha.

En el Carnaval de Cádiz puedes disfrazarte o no, y puedes utilizar el disfraz que tú quieras, aunque se te rompa en medio del desfile. También en ese caso te dedicarán alguna frasecita graciosa y cariñosa. Y no como en Estados Unidos que, por salírsele media teta a Janet Jackson en una actuación, se le ha estado persiguiendo en todos los medios norteamericanos y se le ha impedido presentar la entrega de los Grammy, como estaba previsto.

¿Qué por qué la referencia a los Estados Unidos? Porque ya está bien de tanto presumir de país de las libertades y de abanderado de los derechos humanos. Un país con “doble moral” no puede ser abanderado de nada. ¡Que le tapen con una capucha la cabeza a su Estatua de la Libertad!, porque ejercitar allí la libertad verdadera es poco menos que un atentado.

Y hablando de carnaval y de caretas, leí en una ocasión que “Quien ve caras, no ve corazones”. Supongo que se refería a tantos formalismos que se dan en nuestra sociedad para tapar la realidad de los pueblos o encubrirse cada cual. Están en alza los formalismos y las máscaras, porque cada vez hay o tenemos más que ocultar.  Lástima de los gordos que no quieren aparecer gordos, porque eso es más difícil de ocultar. Ya me lo decía un amigo gaditano: “¡Quillo! Los problemas reales de la gente no les preocupa a nadie. Los políticos son unos mamarrachos, que se pelean entre ellos para llevarse la tajá más gorda. A nosotros sólo nos quieren para el día de las votaciones, que nos dicen que es el primer derecho que tenemos como personas. ¡Que se vayan por ahí, joé…!”

 

Como que me estoy poniendo una miejita sentimental y me voy a desahogar:

Con todo respeto a quienes ocultan su personalidad tras unas gafas oscuras, incluso de noche.

Con todo respeto a los jerarcas que predican el amor absoluto desde los púlpitos, pero que esquivan hablar de los compromisos concretos que acarrean persecución.

Con todo respeto a los políticos que discursean durante horas, pero que no dicen nada.

Con todo respeto a los acérrimos defensores de la democracia “formal”, que utilizan los votos de los ciudadanos como justificación para hacer sus políticas interesadas durante toda la legislatura.

Con todo respeto a quienes en tiempos de elecciones proclaman que el primer derecho de las personas es el de votar, y no, por ejemplo, el de vivir.

Con todo respeto a quienes se escandalizan ante un desnudo o un dicho grosero, pero no les preocupa que sus finos modales y costumbres humillen a las personas a su servicio.

Con todo respeto a los tertulianos de la radio, destinados por el Sistema para “crear opinión”, que se creen los dueños y profesionales de la verdad.

Con todo respeto a los que se erigen en representantes sociales, cuando apenas representan a un grupo insignificante de la sociedad.

Con todo respeto a tanto cacique disfrazado de presidente de asociación o de una peña, que se aprovechan de la buena voluntad de los socios para hacer su propia  voluntad.

CON TODO RESPETO

Me quedo con la mirada temerosa del campesino hacia el cielo esperando la lluvia de la que depende su cosecha.

Me quedo con la mirada perdida del inmigrante que se sabe dependiente de otros para tener un trabajito, o para no ser acosado.

Me quedo con la mirada penosa de los ancianos que se sienten molestos para todos.

Me quedo con la mirada turbada de los parados que se sienten impotentes para defender a sus familias.

Me quedo con la mirada de los desplazados, obligados a dejar sus casas y tierras por culpa de guerras que nunca ellos decidieron.

Me quedo con la gente y los pueblos que saben reírse de sí mismos, porque tienen menos que esconder y menos que perder.

 

            Apostillando: El carnaval es una fiesta popular de calle.

                       Nuestro mundo también es un “carnaval”,

                       pero en él no se festeja,

       sólo se ocultan realidades.