Marzo-2004

 

¡Cuánto dolor, cuando el daño es cercano!

 

Dolor, mucho dolor. Mucha angustia, mucho sufrimiento, mucha impotencia, mucha  rabia, mucha confusión.

Uno de mis primos de Alcalá de Henares lloraba, cuando le llamé por teléfono… “Lo que nos han hecho, primo, lo que nos han hecho”.

Las mentes recorren aquellas estaciones, aquellas vías, aquel recorrido…A esa hora y en ese mismo tren también viajé yo hace unos días, pero no era 11 de marzo.

 

La inocencia de las víctimas se ha convertido en el primer argumento  del dolor: ¿Qué han hecho esos trabajadores, esos estudiantes, esos niños, esas familias…para sufrir esto?

Un corrientazo de dolor nos ha traspasado a todos los ciudadanos de buena voluntad.

Es cierto que los sentimientos miden las desgracias por la cercanía. ¿Es lo natural…?.

Son las conciencias las que no miden la solidaridad por metros, por la distancia. Las víctimas inocentes son inocentes en cualquier parte del mundo. La vida humana tiene igual dignidad en cualquier parte del mundo. Nuestras víctimas inocentes forman parte de una enorme muchedumbre de víctimas inocentes en todo el mundo.

 

Igualmente los terroristas forman parte de un conjunto terrible de violentos. Toda violencia tiene los mismos protagonistas: Unos agresores y unas víctimas. Toda violencia tiene la misma dinámica: la DOMINACIÓN de unos sobre otros. Toda violencia es injusta e inhumana, aunque haya muchas clases de violencias (violaciones, maltratos, atentados, guerras, invasiones, deudas externas,…). Pero ninguna violencia es justificable entre seres humanos: sea entre personas, sea de grupos organizados, sea de unos países contra otros. Toda colaboración con la violencia  es también injustificable e irresponsable.

 

Vuestras 200 muertes, vuestro sufrimiento de miles de familias residentes en Madrid, nos recuerdan a otras muchas víctimas inocentes en el mundo: en Irak, en Afganistán, en Palestina, en Colombia, en Uganda, en Chechenia, en cantidad de países y lugares.

Vuestras muertes injustas, vuestra sangre inocente clama junto a otras muchas víctimas inocentes de los violentos: niños, mujeres, ancianos, marginados,…

 

Cualquier clase de palabrerío, de formalismo, procedentes de políticos o instituciones, que no lleven adjuntos compromisos concretos, medidas reales que se lleven a la práctica y se traduzcan en una lucha abierta y contundente contra los violentos, quedan en pura retórica ofensiva a las víctimas.

O defienden la vida en todas sus formas y de todas las personas y pueblos, o los gobernantes e instituciones pierden su sentido, quedan sin autoridad, sin delegación de la ciudadanía, dejan de ser necesarios, sobran.

Si los pueblos pierden libertad, si su soberanía es malinterpretada y mal usada, si sus vidas no son el primer valor y derecho, si todo lo demás (partidos, organismos, instituciones, economía, gobiernos, leyes,…) no están a su servicio y en defensa de la vida de los ciudadanos y de los pueblos, entonces LA DEMOCRACIA ESTÁ VACÍA, ES FALSA, NO EXISTE, ES PURA PUBLICIDAD.

 

Apostillando: Las víctimas como la vida no tienen color.

                         Toda violencia es injusta e inhumana,…injustificable.

 Toda democracia que no defiende la vida de TODOS

 los ciudadanos, no es democracia, es pura publicidad.