octubre-2004

 

¡Cuántas veces lo humanitario desfigura a lo humano!

 

Me impresionan testimonios como los de Gonzalo Sánchez Terán.  Escribía desde Guinea.     

Se han escarpado los precios de los productos básicos y el porvenir nos ha vuelto la espalda. Hace un par de semanas, los estudiantes de Faranah llevaron a cabo una manifestación pacífica para protestar porque ya no les llega para comer ni siquiera una vez al día. Por falta de fondos, el director de la universidad ha cortado la luz y el agua, y los dormitorios, sin letrinas, hieden atestados de bichos.

Y llegaron los camiones militares: detuvieron, encarcelaron y torturaron a todos los que pudieron, como es su costumbre. La universidad permanece cerrada sin que se prevea su reapertura.

Unos días después, el ministro de Asuntos Exteriores de Guinea hablaba ante la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York. Disertó sobre la amenaza del terrorismo internacional: fue calurosamente aplaudido.

Son cosas importantes que ocurren en la capital del mundo, donde los perros hacen esgrima verbal y se reparten las mercedes de sus dueños. Dan ganas de vomitar.

 

Mañana, 10 de septiembre, llega a Liberia la directora ejecutiva de UNICEF desde su despacho de Nueva York. Nos han avisado de que quiere ver nuestro proyecto de formación de profesores. El próximo taller, con 200 maestros rurales, tendrá lugar en Gbarnga, la segunda ciudad del país, a tan solo unas horas de Monrovia por una carretera protegida por miles de cascos azules. A pesar de ser la parte más segura de Liberia, los mandamases de Naciones Unidas han decidido que el viaje por tierra es demasiado peligroso y la señora directora volará en helicóptero hasta allí. Todos los demás iremos en vehículos destartalados o a pie, desde comarcas infestadas de críos con fusiles.

Es increíble, la misma ONU que ha determinado repatriar a 300.000 refugiados liberianos hacia aldeas aisladas e indefensas teme por la integridad física de la señora directora, si recorre escoltada en uno de sus imponentes Landcruise climatizados las tres horas que separan Monrovia de Gbarnga.

 

En contrapartida, esta mañana he estado en la casa que las hermanas de la Madre Teresa tienen en Monrovia. Se encargan de lo que ninguna organización humanitaria quiere hacer: cuidar a los tuberculosos y a los enfermos terminales de sida.  Allí había 55 hombres y mujeres siameses y 31 niños. Muchos son poco más que mondaduras de persona, carecen de fuerza para incorporarse. Úrsula (polaca) y Rennet (bangladeshí) curan sus llagas, les lavan sus heces y orines, y les sonríen. Ellas nos pidieron algo de dinero para comprar lejía, vendas y desinfectante: nosotros quisimos darles más, pero ellas nos dijeron que sólo pueden aceptar lo estrictamente necesario. Una lógica muy ajena a la que andamia el mundo.

 

            Apostillando:  No siempre, pero cuántas veces lo humanitario

                        envenena y desfigura a lo humano.

                        Unos llegan a negar la existencia de Dios,

                        otros niegan la existencia de humanidad.