Noviembre-2004

 

Los ciegos andan, los cojos ven

 

Q quieren que les diga, pero cada día parece más difícil aclararse, o por lo menos entendernos. Por otra parte, no sé si es verdad que las personas, abotargadas por el ritmo consumista,  estamos perdiendo la capacidad de admiración, pero desde luego ocurren cantidad de cosas dignas de sorpresa con una miejita de atención que se les preste.

 

Qué tal  si habláramos del presidente de la Generalitat  como Monseñor Pasqual Maragall i Mira, arzobispo de Cataluña. O nombrásemos al alcalde de Barcelona reverendo Joan Clos, párroco de Barcelona.

Sería una gilipollez. Efectivamente, tan gilipollez y falta de respeto como hablar de bautismos civiles en Cataluña, concretamente en Igualada.

Los científicos siguen empeñados en estudiar los límites y capacidades de la mente humana. ¿Y por qué no la capacidad de gilipollez del ser humano?.

Históricamente se acusaba a la Iglesia de acercarse al sol que más calienta en busca de beneficios propios. ¿Qué pasa ahora? Parece que los ritos religiosos se han convertido en un filón super-rentable para ser explotado comercialmente por parte de las  empresas y los políticos. No hay más que echar un vistazo a las primeras comuniones, matrimonios, bautizos, navidades, semanas santas,…

 

Ahora estamos con el tema de la telebasura y la mala educación de los niños. Ya me dirán de esos niños que, a la edad de diez o doce años, ya han tenido más horas de televisión que de escuela.

Los padres predicando lo que “quieren que sean sus queridos hijos”, los maestros pretendiendo enseñar a los niños “lo que deben ser”, y la televisión pasando por encima de todos ellos y presentándoles como normales comportamientos que son aberrantes y que pasan a formar parte de su escala de valores.

Y lo más triste es que el fundamento de todo este despropósito televisivo es su rentabilidad, su capacidad para producir beneficios. Y a esta inmoralidad, encima, se le da nombre de libertad (libertad de mercado, libertad de expresión, libertad de consumo).

Nuestros niños ya se comportan como excelentes animalitos consumidores. Los políticos pueden hacer de cantamañanas y hablar de “intervenir en la televisión pública y en la franja infantil”. Muy gracioso, cuando el 80% de la publicidad está relacionado con el sexo y con el poder; y cuando muchísimos niños tienen un televisor en su dormitorio; y como si hubiera “franja infantil” en los días festivos y en vacaciones…

 

No sé qué coño pasa, pero cada vez nos tragamos los anzuelos con más facilidad. Y mira que nos jode que nos llamen tontos… ¿Suenan feas estas palabras? ¿Es verdad que se tira por tierra todo, cuando se utilizan tacos o palabrotas? Ocurrió con las últimas imágenes de crímenes de guerra llevados a cabo por marines estadounidenses contra prisioneros iraquíes indefensos: lo feo, por lo visto, no fueron los asesinatos que aparecen en video, sino la expresión grosera.

Y viceversa: usted puede decir y defender los mayores disparates contra los seres humanos y sus derechos, con tal de que utilice palabras elegantes y fino lenguaje. Sin la menor vergüenza se está comentando en estos días que EEUU parece van a acentuar su actitud “unilateralista”. Los periodistas, comentaristas, políticos…tranquilamente se ponen a favor o en contra del procedimiento unilateral o multilateral, y lo hacen en nombre de la libertad de expresión y de la democracia. ¿Pero qué otra cosa significa unilateralismo que IMPERIALISMO y totalitarismo? ¿Y acaso se puede estar a favor del Imperialismo desde una conciencia democrática?.

 

                        Apostillando:  Las palabras sólo son signos,

                               y signos para entendernos las personas.

                               Nunca deben ser un medio de camuflaje

                               de intenciones y actitudes perversas.