Febrero-2005

 

Pensando en la vida cotidiana y...consumista

 

Al fin y al cabo es algo que todos hacemos frecuentemente. Es eso de quedarte mirando las caras, los gestos, los dichos, las actitudes, de personas mayores, de niños, de jóvenes... al tiempo que no dejas de pensar en ese puñado de años, que cada cual tenemos en nuestras manos, para vivir, para hacer alguna cosa más o menos lustrosa, en definitiva, para convivir.

 

Leo una encuesta que hicieron a niños españoles el pasado mes de diciembre. Los niños manifestaron sus preferencias, sus anhelos en la vida: “quieren ser ricos y famosos”.

“Ser mágicos y tenerlo todo”, dijo Mario (de 4 años). Su segundo deseo era “un todoterreno para papá”.

En otra encuesta similar realizada en Francia por Le Point-ABC+, los niños franceses de 8-10 años respondieron que lo que más deseaban (opción más elegida) era ser ricos. Esta opción resultaba segunda en el caso de las niñas, que colocaban como primera “la posibilidad de conocer a alguien famoso”.

Le preguntaron a la profesora Maria Rosa Buxarrais si estos deseos infantiles reflejan la sociedad en la que viven: “Muchísimo. Comparados con sus padres, los niños actuales lo tienen bastante fácil. Demasiado. De hecho, su mayor dificultad es desear algo, porque lo tienen todo. Y mucho me temo que esa visión adulta de “tanto consumes, tanto eres” la tienen muy asumida”.

La profesora  añadía otros datos obtenidos de sus alumnos de 12-16 años: Los valores que prefieren para su futuro son “la simpatía y la alegría de vivir”, quedando relegados otros valores como las habilidades técnicas, el conocimiento del mundo o la tolerancia y el propio dinero. Otro reciente estudio realizado con padres, dice la profesora Buxarrais, manifiesta el acercamiento de los deseos de padres e hijos: “Frente a los antiguos valores de responsabilidad, los padres parecen preferir que sus hijos disfruten de la vida y sean felices. La cultura del esfuerzo es algo que pertenece al pasado”.

¡Vaya panorama!. El anhelo de abundancia ya veteaba los cuentos tradicionales de hadas. Lo malo es que ahora los héroes no son de los cuentos, sino que se encarnan en personajes televisivos, deportistas y famosos.

Los sicólogos sociales explican que vivimos en una sociedad consumista, que alcanza su paroxismo en las fechas navideñas. “Comprar resulta emocionante, expande nuestro yo y nos hace sentir mejor. Según un estudio del Instituto Europeo de Consumo, un 33% de adultos son adictos al consumo, siendo muy superior en el caso de los jóvenes”.

 

Y hablando de jóvenes,  me fijo en algo tan simbólico como los teléfonos móviles. El 92,39% de los jóvenes de entre 14 y 24 años posee móvil, según estudio de Netthink, frente a la media del 69,79% del total de la población. El 94% de esos jóvenes usuarios utiliza de manera habitual el “servicio de mensajes”, mientras que la media total está en el 60,33%. En el año 2003 se registraron en España casi 20 millones de mensajes enviados por móvil.

 

Saben que las encuestas no son santos de mi devoción, pero les agradezco cuando me dan pistas para acercarme a la realidad.

En mi reflexión voy poco a poco tejiendo la red: Yo sé que hay expertos en marketing, y no sólo en Estados Unidos, que juntos con sicólogos infantiles estudian los puntos vulnerables de nuestros hijos para servirlos en bandeja a las grandes empresas. Durante 2001, las multinacionales norteamericanas se gastaron 12.000 millones de  dólares en publicidad infantil. Un niño norteamericano procesa al año unos 40.000 anuncios de televisión. La comida basura y los juguetes violentos son el menú diario de los más pequeños.

Las autoridades sanitarias norteamericanas advierten: las posibilidades de que un niño sea obeso aumenta hasta un 36% si tiene una televisión en su cuarto.

Lo dicho de EUU es aplicable a Europa y a nuestra querida España.

El profesor Kasser denunciaba: “Los niños crecen pensando que la felicidad se puede comprar... La avaricia, el culto a la propia imagen, la falta de empatía hacia los demás...Esos son los valores que trasmite nuestra cultura. Las depresiones, la obesidad o la anorexia son algunos de los síntomas de esta enfermedad que golpea cada vez a edades más tempranas”.

Y añade la pedagoga norteamericana Nancy Carlsson-Paige: “Lo peor no es ya la violencia explícita de los anuncios  o de los juguetes. Lo peor es la visión del mundo y el tipo de conducta que se está inculcando, que no es muy diferente al de las personas que hoy por hoy llevan las riendas de este país... El mensaje es: el mundo es un lugar peligroso y lleno de enemigos, así que tienes que defenderte a ti mismo».

 

Estoy hablando de gente como tú y como yo, la gente actual que nos rodea... Todo esto me deja pensativo. No me gusta “cómo canta la perdiz”...

Y lo malo es que todo esto cuadra con el panorama internacional. No me extraña el reciente informe de Forbes hablando de concentración y desigualdad: “Cuatro ciudadanos de Estados Unidos -Bill Gates, Paul Allen, Larry Ellison y Warren Buffet- poseen juntos una fortuna superior al Producto Bruto Interior (PBI) de 42 naciones con 600 millones de habitantes”. ¡Qué barbaridad!

 

            Apostillando:  El Sistema capitalista nos convierte en bichos transgénicos,

                        en consumistas insaciables de bienes y servicios innecesarios,

                        en acumuladores de inutilidades y destructores de naturaleza,

                        esperando, engañados, conseguir felicidad y confort.