Abril-2005

 

El accidente de mi amiga Aurora

 

Los números cantan: 105 muertos en accidentes de tráfico durante la Semana Santa. Los números sirven para eso: para las estadísticas.

 

Mi amiga Aurora, junto con otras tres compañeras que viajaban en su coche, sufrieron un accidente. Lo sufrieron y bien. Aurora y su compañera del asiento delantero, por ejemplo, resultaron con el esternón roto. Ella nos describió las colisiones, los dolores y las actitudes. Su narración se convirtió en un testimonio. Eso no son números estadísticos.

 

Con la narración sufrimos por el susto que tuvieron; admiramos sus reacciones (“Antes de nada, ¿nos ha pasado algo a alguna?”) y la colaboración entre ellas, unas dando ideas (“salgamos del coche”, “pongamos los triángulos”), otras sacando fuerzas de flaqueza (Aurora sacó a su compañera herida, tan herida como ella, y la trasladó hasta la cuneta), todas siendo generosas y lúcidas (llamaron a sus familiares para tranquilizarles, llamaron a la ambulancia y a la policía).

También nos cabreamos, cuando contó que ninguno de los camioneros allí parados se dio por aludido, al igual que los dos coches, uno negro y otro blanco, que pasaron más tarde, miraron y siguieron de largo (incluso, uno de ellos impactó con el coche accidentado).

 

La narración de Aurora nos impresionó. No le escuchamos ni una queja. Estaba contenta, muy contenta, y contagiaba alegría.

Estaba tremendamente agradecida, agradecida por seguir con vida ella y sus compañeras, agradecida por la ambulancia, agradecida porque después se atravesó delante un camión con señales de peligro para evitar otros posibles accidentes, agradecida por las atenciones en el hospital, agradecida por las preocupaciones de familiares y amigos, agradecida por tanta gente que le había manifestado su amistad.

Estaba tan agradecida que casi olvidaba a los conductores que huyeron dejándoles abandonadas en la cuneta.

 

Lo celebramos con unas copas y con un hermoso hornazo de Muñogalindo, que según Luis estos hornazos son “ùnicos en el mundo”. La vida había triunfado. Aurora y sus tres compañeras se habían defendido, seguían vivas y agradecidas. Estos testimonios contagian, solidarizan, y personalmente agradezco tener amigas así... ¡Venga otro abrazo!

 

                        Apostillando: Las estadísticas son insensibles, solo numeran.

                                            Los sufrimientos, las actitudes y las luchas son

                                            testimonios que enseñan, conmueven y solidarizan.