Noviembre-2005

 

¿Y tú a qué te dedicas?

 

Yo entendí, desde de el principio, que me preguntaba por las cosas que hago fuera de mi trabajo. Me suena mal aquello de la canción: “¿a qué dedica el tiempo libre...?”. En verdad, cuando se habla de compromisos personales no puede hablarse de “tiempo libre”, porque ese tiempo ya está “comprometido”.

Pues, mira, trato de enterarme diariamente de lo que ocurre por el mundo, reflexiono sobre todo ello, procuro compartir mis análisis con otras personas, utilizo los medios a mi alcance para efectuar denuncias de las situaciones injustas, intento provocar mediante comentarios en internet (la provocación es un elemento importantísimo en la educación),...bueno, pues cosas así son las que hago, además de leer y participar en alguna manifestación que otra.

No es gran cosa, ¿sabes?, pero en mis circunstancias es una forma de solidarizarme con mi mundo, de sentirme parte de él, una forma de vivir (hacer parte de mi vida) todo eso que ocurre más allá de las fronteras de mi casa o de mi país.

 

Cuando escucho un mensaje de vida, yo también revivo. Igual pasa con los mensajes de muerte. ¿No te sucede a ti?

El otro día, en la Asamblea de la FAO recordaban las palabras de Josué de Castro, que presidió ese organismo entre 1951 y 1955: “El hambre es tan sólo la expresión -la más negra y la más trágica- del subdesarrollo económico, expresión que sólo desaparecerá con él, y el pauperismo generalizado que determina. Los poderes públicos deben condicionar el desarrollo y orientarlo hacia objetivos bien definidos, el primero de los cuales debe ser la emancipación alimentaria de la población, también dirigir nuestra economía apuntando ante todo al bienestar social de la colectividad”.

¡Qué bonito mensaje referido al frecuentemente llamado “problema número uno del mundo”: el hambre!. Me gusta escuchar este tipo de mensajes...Luego me quedo pensando..., ¿y qué ha cambiado desde 1951, fecha del mensaje, hasta ahora, año 2005?

 

Y voy descubriendo que la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), con su lema “ayudar a construir un mundo sin hambre”, cuenta con un presupuesto anual que no llega a 900 millones de dólares. Mientras que los subsidios que los países desarrollados dan a su producción agrícola son de 1.000 millones por día (los subsidios es un factor primordial en el comercio injusto y consecuentemente un causante del hambre).

Me gusta seguir tirando del hilo y encuentro cómo, por ejemplo, Latinoamérica pagará este año a los países ricos 170.000 millones de dólares en concepto de una deuda externa, una deuda ya pagada por dos veces. El pago de una deuda externa injusta es también causante del hambre.

Y tiro y sigo tirando del hilo: Y leo que con nuestros avances científicos y técnicos, utilizados de manera racional y justa, se hubiera podido erradicar el hambre y la pobreza... ¿Y cómo se permite que 11 millones de niños mueran cada año por hambre o enfermedad prevenible? ¿Cómo es posible que cada 3,6 segundos muera de hambre en el mundo una persona?...

Y voy descubriendo que hay sistemas (neoliberales) económicos y políticos que determinan que las cosas tienen que ser así, que así debe ser el Orden Mundial. Y detrás de esos sistemas hay personas, empresas y organismos que deciden e imponen ese Orden Mundial.

Y sigo analizando...Yo podría haber nacido unos kilómetros más arriba o abajo y ser uno de los que mueren de hambre... Y siento el dolor y la injusticia,... y, entonces, encuentro sentido a la denuncia y a la vida austera y a practicar el anticonsumismo,...

Recuerdo que decía D. Pedro Casaldáliga que la solidaridad encierra dos dimensiones: una hacia el interior, de “solidarizar-se” (concientizar-se, transformar-se) y otra hacia el exterior, de “solidarizarse con” (con los demás, compartir con).

Admiro a las personas que la causa de los marginados la convierten en causa propia. Admiro a las personas que convierten su palabra y vida en denuncia contra el Sistema Dominante y sus productos.

 

Con toda atención estuve escuchando estas explicaciones o respuestas. Mi amigo había explicado de manera plástica y ocurrente su concepto y experiencia de compromiso social y solidario. Luego se dirigió a su interlocutor: “Y ahora dime, ¿Y tú a qué te dedicas?”

 

Apostillando: El compromiso social

                no se ejerce en el “tiempo libre”,

porque ya es un “tiempo comprometido”