Febrero-2006

 

¿Qué nos jugamos?...con los juguetes

 

Ustedes saben que, las personas por muy objetivas que pretendamos ser, no es así del todo. Nuestro buen humor, nuestro ánimo, nuestros comentarios van a depender un poco de cómo nos levantemos esa mañana, de las preocupaciones que nos rodeen y de los intereses que nos guían. Pero esto no quita que tengamos razón muchas veces.

Lo mismo le sucede a mi amigo. El otro día, todavía andaba obsesionado con el tema de los juguetes de los Reyes Magos y parecía cabreado. A veces habla de los juguetes como si fueran bombas de relojería. Y en algunas ocasiones se lo decimos: ¿No te parece un poco exagerado?.

 

Se descolgó con que mucha gente piensa como él. Que los juguetes son muchas veces excusas para justificarse los padres por la poca atención que prestan a sus hijos. Que los niños entienden lo inmediato, lo que pueden disfrutar, y no hay manera de que puedan asimilar una enorme cantidad de golpe de quince o veinte juguetes y, muchos de ellos ajenos a sus intenciones. Es toda una lección de consumismo, de dinero fácil, de objetos sin valor, que los adultos aplican a los pequeños con actitudes adultas. Los adultos medimos las cosas por el precio y no por su valor, por la cantidad y no por su calidad.

 

Vamos a ver, le dije, yo entiendo que el juego es un instrumento para la educación de nuestros hijos e hijas. Y que es una experiencia vital importante para madurar y para comunicarse entre las personas. El juego sirve para transmitir conocimientos y también valores sociales y culturales. Por eso se considera el juego un derecho fundamental de la infancia.

Y entiendo que un juguete es un recurso valioso para el juego.

 

Mi amigo volvió a entrar a saco: Precisamente por eso es que deberíamos poner especial cuidado cuando elegimos los juguetes. Los juguetes pueden ayudar a desarrollar el espíritu de respeto, de cooperación, de solidaridad, o todo lo contrario.

Es menester que los adultos nos tomemos en serio el tema de los juguetes y busquemos aquellos que desarrollan y capacitan para:

 

En dos minutos, me dio toda una lección sobre los juguetes. Me gustó y lo agradecí.

Mira, quisiera añadir otra cosita a tu bonito comentario: Hay gente que para ser responsable intenta no comprar juguetes de origen dudoso, que sospecha que pueden haber sido fabricados por menores en condiciones de explotación infantil.

Pondré un ejemplo: Los juguetes que regala McDonald’s en sus promociones los fabrican en China niños entre 13 y 17 años, que trabajan entre 14 y 18 horas, tienen 15 minutos para comer y cuatro horas para dormir en cuchitriles situados en las mismas fábricas. Cobran 16 céntimos de euro a la hora. Al anochecer los registran para comprobar que no han robado nada. Aquellas fábricas con ventanas y puertas de metal parecen cuarteles o cárceles. Trabajan como robots. Todo esto ocurre en Shenzhen, la ciudad más moderna del sur de China, rodeada de otros almacenes parecidos. Del sueldo de 15.000 pesetas al mes, los jefes les descuentan la comida y lo que llaman “gastos de alojamiento”.  Esto también explica que en España podamos tener tantas tiendas de “TODO A 100”.  Un periódico de Hon Kong  descubrió que en uno de estos almacenes se elaboraban los juguetes de McDonald’s.

El novelista Douglas Coupland, en su novela “Generación X” acuña el término “McJob” describiendo esta palabra como "un trabajo poco prestigioso, de poca dignidad, poco beneficioso y sin futuro en el sector de servicios". McDonald’s expresó su indignación ante la inclusión en un diccionario del término “McJob” o “McTrabajo”, que viene a significar pocas y malas perspectivas laborales.

 

Así echamos el rato, mi amigo y yo, hablando del juego y de los juguetes. Quién sabe de qué hablaremos el próximo día, pero siempre me entusiasmo cuando se trata de sacar el aspecto más humano de las cosas y de los acontecimientos. Es como aprender de la vida misma, ¿Verdad?.

 

        Apostillando: Interesa saber qué nos jugamos,

                        cuando regalamos juguetes.