Marzo-2006

La vida esconde vidas muy diferentes

 

Mirando a las personas en sus tareas diarias, en el entramado de la economía, y sus distintas formas de vida, es que vamos comprendiendo mejor día a día en qué mundo vivimos. Y no te digo nada si esas miradas se comparten entre amigos.

Mi amigo hoy llega con un libro bajo el brazo, tiene la portada negra y con dibujos de clips azules y amarillos. Me lo enseña; un libro titulado “Por una vida sobria. Del despilfarro de unos pocos a los derechos para todos”  y escrito por Francesco Gesualdi. (*)

No tardó en recomendármelo: Es muy interesante para comprender la crisis social y medioambiental que padecemos.

Enseguida supe que había tema.

 

En el supermercado podemos comprar hermosas judías verdes en pleno mes de enero, cuando aquí no crecen siquiera en los invernaderos. Estas judías verdes pueden venir, por ejemplo, de África central. Han recorrido más de 5.000 kilómetros en avión.

La consigna que rige en agricultura es crecer deprisa y sin defectos. Por ello se utilizan fertilizantes y pesticidas en grandes cantidades. Para cuidar al consumidor, un tiempo antes de recoger la cosecha se interrumpen los tratamientos. Pero a las personas que trabajan lo campos no se las respeta. Sin saber los riesgos que corren manipulan pesticidas peligrosos sin protección. Al final de la jornada, hombres, mujeres y niños salen con el cuerpo lleno de ampollas, la respiración entrecortada y lo ojos lacrimosos. Al cabo de unos años algunos mueren de trabajar así.

Los pesticidas penetran en el terreno y llegan a los ríos. Los peces mueren y miles de pescadores de los alrededores acaban en la miseria. En la zona casi todos se han acostumbrado a pasar hambre, incluidos los jornaleros que trabajan en los campos de judías verdes. Ganan poquísimo. Por eso las judías verdes, que vienen de tan lejos, son baratas.

Si las etiquetas fueran serias, en las de las judías verdes debería estar escrito: “Producto obtenido con petróleo, contaminación y sudor mal pagado”. Pero dice: “Como lo crea la naturaleza”; y uno se lo come encantado.

 

Realmente la cosa sonaba fuerte. Ese es el problema de resumir los escritos. Mi amigo estaba resumiendo una de las historias que venían en el libro. La historia rezumaba dolor, pero también cariño. Historias típicas de nuestro planeta tierra.

Casi sin descanso, hizo el resumen de otra.

 

Trymun es una joven indonesia de diecinueve años que trabaja en una fábrica de zapatos. Hace dos años dejó su pueblo llena de optimismo. Esperaba ganar bastante para mantenerse y mandar a casa unos ahorrillos. Pero sólo logra ir tirando compartiendo habitación con otras nueve compañeras: “Cada día trabajamos desde las ocho hasta mediodía; luego hacemos una pausa para comer. El horario de la tarde debería ser de una a cinco, pero debemos hacer horas extras todos los días…No podemos rechazar las horas extras porque nuestros salarios básicos son bajísimos…Después de pagar los gastos de habitación me queda muy poco para comer”.  La fábrica pertenece a un surcoreano, pero las zapatillas que produce son para Nike.

En 2003, el jugador de baloncesto estadounidense Lebron James firmó un contrato de siete temporadas que le obliga a ponerse camisetas y zapatos con la marca Nike. A cambio recibe 90 millones de dólares. Trymun, que produce el calzado sobre el que se construye todo el castillo publicitario y comercial, tardaría 150.000 años en ganar esa cantidad. De un par de zapatos que en las tiendas cuesta 70 euros, Trymun sólo saca más o menos medio euro.

 

Cuando acabó esta segunda historia, mi amigo siguió animándome a conseguir el libro: Habla de nuestra vida y de otras vidas escondidas detrás de nuestro consumo y despilfarro. Pero, además, propone criterios y prácticas para construir otra realidad desde la clave de la sobriedad. La SOBRIEDAD que se entiende como mucho más que un estilo de vida, como una revolución económica y social que supera el principio sobre el que está construido el edificio capitalista, el crecimiento y el lucro, que nos está destrozando.

 

                        Apostillando: En los países desarrollados

se justifica y defienden su estilo de vida de despilfarro,

                                y directamente proporcional se sufren las consecuencias

en los países empobrecidos.

 

 

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BARBATE:          Día_____     A las_______horas

                                   Película:   En el Mundo a cada rato

                                   Local:   

 

 

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                                   Película:   En el Mundo a cada rato

                                   Local:   

 

 
(*) Refer. F. Porcar en N.O. núm 1.404