Mayo-2006

 

Hágase publicista, aprenderá inmoralidad

 

No me digan que no suena fuerte el titulito…Pero ustedes ya conocen a mis amistades y la libertad de lengua que les caracteriza. Y hoy es de esos días en que te llega alguno de tus amigos en plan terco.

 

- Tú sabes cómo funciona eso de la publicidad, ¿no?, me dijo mi amigo poco después de saludarme.  Con una serie de mecanismos engañosos nos comen el coco para que la gente piquemos y consumamos. La publicidad va y hace famosa una mercancía y, a continuación, convierte esa mercancía, por muy superflua que sea, en necesaria…Los consumidores boquiabiertos sólo tenemos que tragarnos el anzuelo.

Y es que es así. Con trampas, la publicidad entra en nuestro campo psíquico, y nos invierte los papeles, nos cambia la relación persona-mercancía: Una mercancía, realzada con una marca, dará valor a su comprador. Es como si un caballo fuera apreciado por la belleza de sus arreos. El producto pasa a tener más valor que la persona. La persona se va a sentir valorada socialmente en la medida que muestra la marca del producto. Por eso nuestros hijos no quieren unas zapatillas, sino unas zapatillas de “marca”.

 

- Quillo, menudo vienes hoy…Recuerdo que una vez leí que “la hipocresía es el impuesto que el vicio paga a la virtud”. Hombre, este tema de la publicidad lo hemos comentado en varias ocasiones. Efectivamente, es una de las armas más peligrosas en manos del sistema capitalista.

 

- Y lo que más me jode es que convierte la inmoralidad en algo normal y natural. En nuestra sociedad de hoy ya se consideran valores fundamentales la belleza, la fama y la riqueza. Claro que la fama y la riqueza están restringidas a un círculo reducido. Así que nos queda para trabajar sólo el campo de la estética corporal.

Nos llueven los productos: para rejuvenecernos artificialmente, blanquearnos o broncearnos artificialmente, adelgazar o crecer unos centímetros artificialmente, para cuidar nuestro cabello, o modificar cualquier parte de nuestro cuerpo…Los y las “modelos a seguir” desfilan a diario en pasarelas por la televisión.

Nos sentimos obligados a parecer hermosos a los ojos ajenos. Las jóvenes que se ven obesas, caminan preocupadas y resultan ridículas al pretender camuflar y ocultar lo que es evidente. Se sienten condenadas socialmente. ¡No somos nadie en la sociedad, si no nos parecemos a las modelos: guapas, delgadas, proporcionadas, morenas,…!

Fíjate, ¡no somos NADIE,,,!

 

- Realmente el asunto se las trae, le dije a mi amigo. Cuánta gente vive angustiada por este tema, reniegan de su cuerpo, caen en la depresión,…Y por supuesto que en todo esto tiene mucho que ver un tipo de propaganda o publicidad.

 

- Pero para colmo de los colmos es que la misma gente de la calle reproducimos el sistema y nos convertimos también en publicistas inmorales. No nos da vergüenza engañarnos a nosotros mismos: Ahí nos tienes delante del espejo, metiendo la barriga y diciendo “en realidad no estoy tan gordo”. Tuve un compañero que presumía de haber hecho cantidad de cosas que nunca hizo, lo contaba a cinco o seis personas y terminaba convencido de que era verdad. ¡Pobre héroe! La moto que quería vender a otros, él mismo se la compraba…

Nos engañamos a nosotros mismos y hasta creemos que podemos engañar a los demás. Eso es lo malo, que la gente sospecha cada vez más de los que están a su mismo nivel: “¿de qué va éste? ¿de qué presume? ¿dónde va con esas historias? ¿qué buscará este tío…qué se habrá creido?...Como si los demás nos chupáramos el dedo…”.

 

- Esto funciona así, compañero. El sistema capitalista y sus mecanismos publicitarios son como un gas que se extiende y contamina. Mira a tu alrededor, a la familia, a los vecinos, a tu Ayuntamiento,…todos pretenden vender imagen, todos utilizamos la publicidad.

 

- ¿Has leído el ridículo del Ayuntamiento de Valencia con motivo de la próxima visita del Papa? Van a sacar una ordenanza para que los kioscos de la ciudad oculten, durante esos días, las revistas pornográficas o aquellas que contengan portadas indecorosas. Por favor,…¿Es que si se esconden, ya no se venderán? ¿Si no las ve el Papa, es que no existen? ¿Es que el Papa tiene que llevarse una imagen que no es la real?... ¡Cuánto cuento, madre mía!  ¡Cuánta mentira, cuánta inmoralidad!

La mentira, ya sabes, se ha convertido en nuestro medio ambiente natural: “Por favor, nosotros no somos racistas en absoluto,…esas criaturitas son tan hijas de Dios como cualquiera de nosotros… Pero, eso sí, que no diga mi hija que se va a casar con un negro de esos, o con un gitano, o con un moro de esos apestosos…”.

 

            Apostillando:  ¿Cómo esperas que actúe un sistema inmoral?

                        ¿Cómo crees que usará la publicidad?

                        Y si los demás le seguimos el juego,

                               ¿cómo esperas que actuemos…?