Junio-2006

 

Ya tengo toda la información que necesito

 

Yo ya tengo toda la información que necesito para vivir, así que déjame en paz”. Fue la respuesta de mi amigo al colega que le invitaba y le insistía para que asistiera a la conferencia de un periodista. Según esa persona, la conferencia prometía ser la “repera”.

La contestación de mi amigo me hizo mucha gracia. Puede que vivamos hoy día en una situación de sobresaturación informativa en la que no es fácil diferenciar el ruido de la música. Un bombardeo de información que, al final, ya no podemos diferenciar lo riguroso y valioso de lo manipulado y superficial. Basta con fijarse en el escaparate de un kiosco de prensa, o en el número de canales de televisión digital o por cable, o en la oferta informativa de Internet. Mi amigo Pascual dice que todo eso es también otro modo de desinformar.

 

Mi amigo Pascual tiene muchas teorías sobre la información. Está convencido de la pérdida de credibilidad de los grandes medios de comunicación. Está maravillado con las posibilidades que ofrece Internet, esa gran cancha donde es posible una relativa igualdad de oportunidades respecto a los poderosos. Está encantado con la proliferación de webs y medios alternativos. Hoy podemos opinar millones de personas, en contra del histórico monopolio de los profesionales, ya no son ellos los únicos poseedores de la opinión y de la verdad, ya no son ellos los únicos dueños de la palabra, como no son el Papa y los obispos los únicos dueños del Espíritu.

 

Los medios tradicionales no responden al derecho a la información y la libertad de expresión de los ciudadanos. Los grandes medios han convertido la información en mercancía para su compra y venta, y ese criterio de rentabilidad económica les incapacita para servir a la verdad. Tras los medios existen grupos empresariales con intereses determinados (Por ejemplo, en España el Grupo PRISA controla el diario El País, la Cadena SER, el canal codificado Canal Plus, el canal digital La Cuatro, y varias editoriales).

Siguiendo con el ejemplo, es normal que el diario El País critique el aumento de impuestos que debe pagar Repsol en Bolivia, si esa misma semana la petrolera financia con su publicidad un coleccionable del diario.

O es difícil que critique la política del gobierno colombiano, si su ministerio de educación tiene previsto designar a una editorial del grupo empresarial de El País como la suministradora de los libros de texto para todos los colegios colombianos.

 

Por mentira que parezca, el propio Juan Luis Cebrián, primer director de El País y actual consejero del Grupo PRISA, ha reconocido implícitamente el carácter manipulador del periódico: “Es verdad que hicimos un buen periódico, pero llegamos a una arrogancia absurda muchas veces, creyéndonos una especie de oráculo que decía lo que estaba bien o mal. Eso es lo peor que ha tenido `El País´, que le ha llevado a cometer errores, a publicar noticias falsas, a no querer reconocer los errores a veces y a un cierto distanciamiento de la opinión pública...Hay una tendencia de declive de la prensa, fruto de la aparición de Internet y la competencia de los gratuitos. Es casi más duro mantener el liderazgo que conquistarlo”.

Dice P. Serrano: “Uno antes de abrir un periódico, escuchar una radio o elegir un canal de televisión, debería saber quiénes son sus propietarios, quiénes lo mantienen mediante la publicidad, qué relaciones poseen con gobiernos u otras empresas. Sólo entonces el ciudadano estará, digamos, vacunado para no ser engañado. Y como eso no sucede con ningún gran medio, ninguno merecería ser considerado como fuente de información válida.”

Tenemos el reciente caso de la periodista rusa Anna Politkovskaya, que fue envenenada en el avión en que se dirigía a Beslán a cubrir la masacre de rehenes. Acertadamente, Anna indica “que nos estamos volviendo a precipitar en un vacío informativo que significa nuestra muerte por ignorancia. Sólo nos queda Internet, dice, donde la información todavía fluye libremente. En cuanto al resto, si quiere uno seguir trabajando como periodista, deberá hacerlo servilmente para el gobierno. De lo contrario, le aguarda la muerte, la bala, el veneno, o un proceso judicial, cualquier cosa que nuestros servicios especiales estimen oportuno”.

 

Por eso es que se acogen con simpatía las iniciativas informativas que surgen sin las servidumbres del mercado, los condicionantes de la publicidad ni las presiones de los gobiernos y grupos políticos y económicos.  Los medios llamados alternativos. Un precioso objetivo a largo plazo es que sean estos medios, no comerciales, democráticos y participativos, los que predominen en el panorama informativo de las sociedades democráticas. Las revoluciones informativas deben aspirar a derrocar el modelo vigente de comunicación, dominado por grandes emporios económicos.

Medios alternativos que suelen estar abiertos a la participación de los propios lectores, que aceptan sus comentarios y puntos de vista.

Además, los medios alternativos de Internet realizan funciones de agencia de prensa: pueden seleccionarse los artículos interesantes y copiarlos, o reproducirlos, o enviarlos a los amigos y conocidos.

 

El fenómeno de la información alternativa va creciendo. Periodistas, informáticos, traductores, personas inquietas,…colaborando sin ánimo de lucro están fortaleciendo este esperanzador acontecimiento.

Comienzan a hacerse visibles las fisuras en la “gran pirámide de la información”, donde cinco o seis Agencias deciden las noticias que pueden emitirse en el mundo, y donde grupos empresariales nacionales deciden cuáles noticias y con qué interpretación deben servirse a la opinión pública.

Los medios alternativos suponen una experiencia alentadora. Es cierto que existe una gran proliferación y pluralidad, y que muchos requieren un mayor rigor y calidad en los contenidos. Es preciso superar el estilo panfletero que prioriza  las valoraciones y adjetivos fáciles y deja en segundo término los datos, la información y los argumentos bien elaborados y razonados. No se trata de ser independientes, sino de ser pendientes de un proyecto de transformación social. Es precisa mucha constancia para mantenerlos y mucho ánimo…

 

Ya les decía yo que mi amigo Pascual de todo esto sabe un rato…

 

Apostillando:          Estamos hablando de derechos y no de cualquier cosa,

                               de poder comunicarnos libremente ideas y opiniones

                               y de poder estar bien informados.

 

 

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Referencias diversas a escritos de Pascual Serrano