Febrero-2006

Corrupto o corruptor, la misma cosa

 

Hay asuntos viejos, que todos sabemos que están ahí, o conocemos, o damos por supuesto, pero que, curiosamente, parecen novedosos cuando se les pincha un poquito. Por ejemplo la corrupción o la impunidad. Cuántas sonrisas al escuchar a ciertos políticos escandalizados por la corrupción descubierta en el Ayuntamiento de Marbella…¡Precisamente los políticos!. Mucha gente ha dicho espontáneamente “Marbella somos todos”. Y, de hecho, sabemos que los políticos tienen sus pactos y complicidades para que no se levanten alfombras, ni de unos ni de otros. ¿Recuerdan cuando a Maragal se le ocurrió hablar de unos desvíos del 3% en los presupuestos de la Generalitat? Tanto sus adversarios, como sus partidarios, se lanzaron sobre él y le hicieron tragarse sus palabras. Pidió disculpas y volvió la calma.

 

Un amigo recordó una anécdota que contaba Frei Betto.   El Duque de Charolais (1700-1760), noble francés, al regresar de una cacería vio a un hombre que, desde su casa, observaba el movimiento de la calle; quizás porque aquel día los animales le habían desviado la puntería, Charolais comentó con su cochero: "Veamos si le atino en aquel cuerpo". Apuntó y mató al desconocido.

Al día siguiente el asesino pidió clemencia al Duque de Orléans. Este le advirtió: "Señor, la indulgencia que solicitáis se debe a vuestra distinción y calidad de príncipe de sangre; ella os será concedida por el rey (Luís XV), pero se le concederá mejor todavía a quien haga lo mismo con vos".

 

Efectivamente, la impunidad es una prerrogativa de quien tiene poder. Parece que es una regla universal. Los Duques de Charolais son reiteradamente indultados por el mismo Poder Judicial que se muestra implacable con los pobres. Las leyes fueron hechas para atenuar los crímenes de los Charolais; el sistema penitenciario, para castigar inmisericorde a quien roba una caja de margarina o dos gallinas.

Los políticos se apropian de los recursos públicos y los manejan a su antojo; los diputados se hartan de enmiendas parlamentarias; gozan de impunidades parlamentarias; los grandes empresarios gozan de igual impunidad para burlar al fisco y a la justicia; quienes tienen poder y dinero multiplican los recursos y alegaciones hasta conseguir la prescripción del delito o el sobreseimiento…

 

Otro amigo saltó como un resorte: ¡Coño, fíjate en Botín!. Poco antes de Navidad, la Audiencia archivó el proceso contra Botín por fraude fiscal.

La Asociación para la Defensa  de Inversores y Clientes había solicitado 180 años de prisión y multas de 46 millones de euros para Botín y otros tres altos cargos del Banco Santander en 1989, por su presunta participación en 36 delitos fiscales y cuatro delitos continuados de falsedad documental. Han pasado la friolera de casi 18 años y ahora se descuelga la Audiencia cerrando el caso por  “irregularidades en el proceso”.

En este mes de febrero hemos podido ver a D. Emilio Botín pavoneándose con una excelente noticia: El Grupo Santander consiguió el año pasado un beneficio récord de 7.596 millones de euros, lo que supone un incremento del 22,1% respecto al ejercicio anterior”.

¡Cuánta gente pobrecita se pudre en la cárcel por un insignificante robo!.

En una sentencia llegó a escribir un juez brasileño que la ley está hecha para los pobres, los negros y las putas…

 

Continuó la tertulia con la informalidad y ese bello desorden que nos caracteriza. Se insistió en el tema de la corrupción. Un accidente aéreo mata a 154 personas y nadie va a la cárcel. Se abre un cráter en las obras del metro, o descarrilan dos vagones ocasionando la muerte a varias personas en Valencia, se rompe el dique de una explotación minera contaminando ríos en Sevilla, encallan petroleros en Galicia o en Algeciras inundándonos con chapapote, se agrietan autopistas,…y la culpa es de la lluvia o del mal tiempo, sin que ninguna persona sea responsabilizada y apresada.

 

Acusamos a los jóvenes de inmaduros y de irresponsables con los bienes públicos. Pero ellos pueden  lanzarnos una acusación más grave: ¿vale la pena ser honesto? En vez de virtud y deber, la honestidad se transforma en vergüenza y humillación.

El último informe trimestral del Banco de España confirma “la evolución muy positiva de la actividad económica”. ¿Por qué “evolución” y “muy positiva”? Porque las empresas han obtenido un beneficio hasta septiembre del 32,8%, casi ocho veces más que el incremento salarial de los trabajadores. Se entendería mejor si se dijera: Buenos tiempos para el Capital a costa de la superexplotación de los trabajadores.

Para el Banco de España, cuando engordan los ricos es como si engordáramos todos.

 

Y no hemos hablado de la corrupción del “ladrillo”. Ni de los paraísos fiscales (como Gibraltar, Andorra, Mónaco, Chipre, Malta,…), que son unos instrumentos al servicio de los grandes propietarios de dinero para lavarlo o para evadir impuestos. Son rincones donde no penetra la ley y cobija todo tipo de actuaciones financieras, militares y terroristas.

La amenaza para la democracia no es sólo que existan paraísos fiscales, sino también que las grandes corporaciones financieras estén fuera del imperio de la ley. Miles de bancos y multinacionales hacen sus operaciones sucias. Así que la fiscalidad no es igual para todos, como la ley ni la justicia son iguales para todos. ¡Jode cantidad que, encima, la inmoralidad la barnicen de democracia!

Y ni modo de echar pelotas fuera. El pasado 6 de noviembre, la universidad de Nassau actualizaba el “Indice de corrupción”.  De los países europeos sólo nos ganan en corrupción Grecia, Portugal e Italia.

 

Así continuamos nuestra tertulia que, como todas las veces, se mueve en un excelente ambiente de amistad y de total libertad. Por eso es que siempre acudimos con gusto. Además, no tenemos intereses de brillantez, ni pretendemos vender motos a nadie…

Antes de acabar, alguien apuntaba una explicación: decía que, en estos tiempos, sobresale una pauta social indiscutible, que el TENER ha de ser nuestra aspiración primera. Cuando un liberalismo salvaje borra todos los escrúpulos y nos induce a buscar el máximo de ganancias, sin reparar en los medios; cuando el ganar mucho, pero trabajando poco, es uno de los sueños dorados, vamos tejiendo la estructura de la inmoralidad que da como fruto normal la corrupción.

Eso se extiende por toda la sociedad, pero tiene singular gravedad cuando los casos suceden desde los poderes políticos o económicos y cuando las cantidades tan desorbitadas que se roban a la sociedad suponen un durísimo golpe para todos los ciudadanos, especialmente para las clases más desfavorecidas.

La corrupción económica conlleva la corrupción de valores.

 

            Apostillando: ¿Pueden los corruptores

                        generar leyes honestas y justas?