Junio-2007

 

¿Te hace una hamburguesa…?

 

Conociendo, como conozco, la guasa de mis compañeros, imaginé que en aquella invitación había “gato encerrado”. ¿Qué pasa con la hamburguesa…?

Enseguida saltó uno de ellos: ¿Cuánto tiempo hace que no hablamos de McDonald’s, de Coca Cola, de la comida basura,…y todo eso que se extiende como la grama hasta los pueblos más ocultos del planeta?.

No hizo falta más introducción.

 

Hasta 1.470 millones de dólares alcanzaron los beneficios de McDonald’s en 2003. La multinacional sigue engordando y haciendo engordar. Es una de las grandes empresas-banderas norteamericanas, una de sus armas civilizadoras.

Esta civilización, que, como dice Eduardo, confunde la cantidad con la calidad, confunde la gordura con la buena alimentación.

La prensa decía en estos días que más del 16% de niños españoles son obesos (se han triplicado en los últimos 10 años). La “obesidad severa” ha crecido un 30% entre la población joven de los países desarrollados, según The Lancet.  Entre los niños norteamericanos, la obesidad creció en un 40%.

El país que inventó las comidas y bebidas Light, tiene la mayor cantidad de gordos del mundo.

 

Mira que suena mal este tema de la gordura, pero lo cierto es que la obesidad ha alcanzado las dimensiones de una epidemia mundial en los países desarrollados. Las cifras de la OMS preocupan: Mil setecientos millones de personas presentan alto riesgo de desarrollar enfermedades como diabetes y cardiopatías, relacionadas con el exceso de peso. El sedentarismo y los malos hábitos alimenticios se consideran las dos causas principales.

El consumidor ejemplar es el hombre quieto. El consumidor ejemplar sólo se baja del automóvil para trabajar y para mirar la televisión. Sentado ante la pantalla chica, pasa cuatro horas diarias devorando comida de plástico.

La OMS recomienda que, en una dieta de 2000 calorías (para un adulto), la proporción de azúcar no debe superar los 30-50 gramos diarios. Sin embargo, no dice a la población que una lata de Coca-Cola (y otros refrescos) contiene 35 gr de azúcar, supera por sí sola la dosis mínima y no aporta ningún tipo de nutrientes. Estas calorías vacías de elementos nutritivos y cargadas de azúcar refinada que ingerimos con los alimentos industriales son la causa principal de la obesidad, que crece como una epidemia, en las sociedades modernas.

 

Sí señor, triunfa la basura disfrazada de comida: McDonalds y Coca-cola llevan más de 50 años colonizando los paladares del mundo y haciendo trizas la cultura y la soberanía alimentaria de los pueblos para imponer su comida y su bebida basura.  

Estamos ante la globalización de la hamburguesa. La plastificación de la comida en escala mundial, obra de McDonald’s, Burger King y otras fábricas, viola exitosamente el derecho a la autodeterminación de la cocina.

Y a propósito de lo que decías de la televisión, efectivamente han comprobado, según The Lancet, que cuanta más televisión ven los niños, más comida basura toman. Los anuncios no trabajan en vano…Las masas consumidoras reciben órdenes en un idioma universal. Cualquiera entiende, en cualquier lugar, los mensajes que el televisor transmite. En el último cuarto de siglo, los gastos de publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a ellos, los niños pobres toman cada vez más Coca-Cola y cada vez menos leche.

 

Hay un informe del Worldwatch Institute que también habla del tema refiriéndose a la sociedad norteamericana: “Nuestra sociedad es más rica, más gorda, pero no más feliz”. Y añade algo muy interesante: "las enfermedades del consumismo, entre ellas la obesidad, han afectado gravemente a los sectores de mayores recursos. El mundo consume productos y servicios a un ritmo insostenible, con resultados graves para el bienestar de los pueblos y el planeta".

 

Y hablando de McDonald’s, estamos ante un signo de los tiempos: La empresa, que encarna las virtudes del mundo libre, niega a sus empleados la libertad de afiliarse a ningún sindicato. McDonald’s viola un derecho legalmente consagrado en muchos países donde opera.

En su haber existen otras cuentas con la Justicia. En Argentina se condenó a McDonald’s por explotar a jóvenes estudiantes de secundaria en sus hamburgueserías. La empresa alegó que los tenía en período de formación. “Recibir pedidos, preparar hamburguesas, limpiar baños y sonreir…son actividades que permiten descartar que su realización pudiera contribuir al enriquecimiento del supuesto educando”, dice el documento judicial.

Hace poco tiempo se organizó un escándalo mediático a propósito del anuncio, por parte de McDonald’s, de una hamburguesa doble que, dicen, incitaba a la obesidad. Hubo personas que aprovecharon para cuestionar: “Se acusa a la multinacional por su anuncio de la hamburguesa doble, pero esos medios y políticos política y dietéticamente correctos ignoran que estas multinacionales de la hamburguesa explotan laboralmente a miles de empleados jovencísimos con salarios hipocalóricos y ridículos, trabajadores que son enfrentados entre sí por un laberinto de jerarquías y de competitividad interna cruel, ni les importa que exterminen la pequeña hostelería familiar de un país y que propaguen una uniforme y simplona manera de entender la vida, las relaciones laborales y hasta el tiempo de sobremesa.” Los medios y los políticos pueden ser críticos con un anuncio, pero siempre son respetuosos con el Mercado.

También para Coca Cola llovieron las denuncias, procedentes de Human Rights, porque, junto con otras empresas, se aprovechan del trabajo infantil en El Salvador.

 

Bueno, por si se os ha abierto el apetito, os cuento que, en 1983, el escritor alemán Günter Wallraff, trabajó en un McDonald’s de la ciudad de Hamburgo.

Wallraff trabajó corriendo sin parar, salpicado por las gotas de aceite hirviendo: una vez descongeladas, las hamburguesas tienen diez minutos de vida. Después, apestan. Hay que echarlas a la plancha sin pérdida de tiempo.

Todo tiene el mismo gusto: las papas fritas, las verduras, la carne, el pescado, el pollo. Es un sabor artificial, dictado por la industria química, que también se ocupa de ocultar, con colorantes, el veinticinco por ciento de grasa que la carne contiene.

Esa porquería es la comida más exitosa de nuestros tiempos.” (*)

Amigos, que os aproveche…yo no pienso entrar, ni una sola vez, en estas hamburgueserías.

 

Apostillando:         Nuestra civilización confunde

                                la cantidad con la calidad,

                                la gordura con la buena alimentación,

                                la modernidad con el consumismo.

 

 

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(*) Refer. a E. Galeano, “Patas arriba”.