Noviembre-2007

Por qué perdieron credibilidad

 

No se sabe por qué, se volvió a sacar el tema de la Iglesia….Nunca damos mucha cancha a estos temas en el grupo…

¿Acaso la Iglesia es tan influyente como en el pasado, acaso importa para la mayoría de la juventud, acaso su poder en el campo ideológico no ha sido arrebatado por los medios de comunicación, acaso el que “se topa con la iglesia” no lo busca directamente en vez de “pasar dos kilos de la jerarquía”, acaso no es una institución desprestigiada por las palabras, actuaciones y omisiones de su cúpula jerárquica romana,…?.

Eso no quita, ciertamente, para que haya cristianos comprometidos con los pobres y marginados, razón por la cual son perseguidos por las autoridades civiles y castigados por la propia jerarquía vaticana. Lo sentimos por ellos…

 

Para colmo hemos tenido que asistir al bochornoso espectáculo de Bush utilizando la religión como escudo para sus salvajadas.

¡Qué útil es mantener la amenaza de condenación eterna, o la gloriosa promesa de salvación como instrumento poderoso para sojuzgar a los pueblos!

El miedo es el medio infalible para dominar a toda una población.

Parece que al pueblo norteamericano siempre le gustó esconderse tras la religión.

Pero lo de ahora es gordo: se están transfiriendo las responsabilidades por las fechorías del régimen actual al dominio del reino de Dios. En otras palabras, hay un rechazo total a la responsabilidad personal y un intento de esconderse tras la creencia (hipócrita o no) de que eso era lo que Dios deseaba. Dios es el castigador de los infieles. Dios le dio al Presidente su poder, por eso el Presidente debe tener razón en lo que está haciendo. 

¡Qué cómodo resulta! ¡Qué cobarde!

Con ánimo santurrón, una multitud de gente proclama, de forma hipócrita o no, que la guerra contra el terror es la respuesta a todas nuestras preguntas sobre la responsabilidad moral en la invasión de Irak, en la multitud de casos de torturas (que incluso han provocado la muerte), en la eliminación de los derechos civiles en la patria, en la ceguera total ante el sufrimiento y el dolor,… 

 

Salieron a colación afirmaciones de gente de Iglesia. Por ejemplo, la carta enviada a Benedicto XVI por R. Díaz-Salazar, J.I. González Faus y J. Vitoria donde hablaban de la defensa de la vida:

            “Las voces oficiales de nuestra Iglesia no condenan con suficiente rotundidad la pena de muerte. Hoy la vida está seriamente amenazada por el comercio de armas, deuda externa, violencia contra las mujeres, y una miseria que lleva a muchos jóvenes a arriesgar la vida en pateras. El hambre y la desigualdad internacional son un auténtico atentado contra la vida”… Pero, en estos temas, esas “voces oficiales” sufren de afonía.

 

Se comentaron las palabras de Leonardo Boff, con motivo de la visita del papa a Brasil.

            “De la Iglesia Católica romana nadie espera novedades. No hay hoy voces "oficiales" que digan la verdad como en su época lo hacían los profetas... 

Siento que predominan hoy burócratas de lo sagrado que repiten las viejas fórmulas que nadie adopta porque poco tienen que ver con la vida y no generan esperanza. Pienso que gran parte de la humanidad siente que no se puede seguir en la misma senda tal como está hoy el mundo. Hay demasiada sangre en los caminos y no existe consenso con respecto a ningún punto esencial. Ni siquiera sobre si queremos realmente salvar la Casa Común con la que contamos, es decir la Tierra…

La iglesia católica romana es uno de los últimos bastiones del patriarcado y del machismo oficial que existe en el planeta. Para el Vaticano, la mujer, eclesialmente hablando, cuenta apenas como una fuerza auxiliar. Las mujeres no tienen, canónicamente, plena ciudadanía eclesial. Ni siquiera pueden recibir los siete sacramentos, porque el del orden les es vetado…

La gran parte de los santos que Roma proclama son santos por intereses políticos, es decir santos que refuerzan posiciones de poder en la institución. Con o sin milagros puede el Vaticano, fácilmente, proclamar la santidad de Juan Pablo II. Por más actitudes contradictorias que encierre su biografía, especialmente su relación estrechamente comprometedora con el Presidente Ronald Reagan y con la Central de Inteligencia Americana, tanto en Nicaragua como en Polonia…

 

Salió otro tema, que sí es más carne de la prensa: la sexualidad de los curas.

¿Por qué el celibato de los curas? ¿Es realmente posible? ¿Cómo alguien que veda voluntariamente, en nombre de una causa superior, su vida sexual terrenal, puede erigirse en guía y consejero justamente en temas ligados a ese campo? ¿Cómo puede no sólo dar consejos, sino imponer conductas a otros en el campo sexual? ¿Cómo varones supuestamente de vida asexuada pueden dictar reglas de su vida sexual a las mujeres? ¿No resulta psicótico, además de injusto?

La sexualidad, no como instinto animal sino como campo simbólico, es constitutiva de lo humano. Es, por tanto, humanamente “difícil” renunciar a ella, aunque se declare la renuncia. ¿Por qué los curas pretenderían haberlo logrado? La prueba de tal imposibilidad se revela en los numerosos hechos sexuales de que están plagadas sus vidas: pederastia, relaciones genitales ocultas, hijos ilegales, novias y novios por doquier, relaciones heterosexuales y homosexuales. ¿Para qué ese martirio del celibato? ¿Acaso Dios lo exige?.

Es curioso que fuera en el Concilio III de Letrán (1179), en el mismo que se pusieron los cimientos de la Inquisición (que terminaría con cinco millones de vidas en su loca caza de brujas), cuando el papa Alejandro III dio al celibato carácter de medida disciplinar. Y en el Concilio de Trento (1546-1563) el celibato ya pasó a considerarse de derecho divino. ¡La iglesia y sus normas y sus “derechos divinos”!

Antes del Concilio de Letrán III hubo numerosos papas casados y con hijos. Después del celibato obligado por el Concilio de Trento,  hubo papas como Pío IV o Gregorio XIII que continuaron su vida sexual.

Hay ciudadanos de a pie que no aguantan y con mala leche preguntan: ¿Cómo es posible que varones intolerantes, misóginos, que no saben nada de la sexualidad femenina, puedan dictaminar qué hacer y qué no hacer respecto al aborto, a la planificación familiar, al divorcio, a cómo criar los hijos?.

Como anécdota, la que se ha organizado en estos días cuando un prelado, Tomasso Stenico, confesó su homosexualidad en un programa de televisión. Un cardenal del Opus Dei, Julián Herranz, se lanzó al degüello: “El Vaticano es el primer interesado en hacer una limpieza interna”. Stenico ha sido inmediatamente suspendido de su cargo.

 

Según parece, la falta de credibilidad en la iglesia no la produjo el laicismo, ni el ateísmo, ni el materialismo, ni el modernismo. La propia jerarquía eclesiástica es el origen de la falta de credibilidad: su aburguesamiento (en medio de sus riquezas y posesiones), su discriminación (de las mujeres y otros colectivos marginados), su distanciamiento de la realidad (metidos en su burbuja virtual y litúrgica), su engreimiento, aislamiento, cerrazón, su miedos, sus pompas y vanidades,… Una jerarquía vaticana que tiene ojos y no ve, oídos y no escucha.

La Audiencia Nacional ha reconocido por primera vez el derecho a que una persona particular pueda cancelar su inscripción en el libro de bautismos. Contradice así al arzobispo de Valencia que se negaba a rectificar el Libro de bautismo a un ciudadano que pretendía apostatar. La sentencia concedió diez días al arzobispo para notificar  la cancelación de dicha inscripción bautismal.

Son varias las personas que confiesan haber perdido, no ya la credibilidad en la iglesia, sino la fe y por eso desean apostatar.

 

Como ven, la conversación estuvo calentita, pero hubo buen rollo y mucha serenidad.

Como colofón, uno de los amigos aportó una intervención de Enrique Castro, el cura de Vallecas:

            “Existe una concepción de iglesia desde el poder y otra desde el pueblo, de base. Posturas que no coinciden entre sí… La iglesia del poder no refleja el espíritu de Jesús en lo que ofertaba al pobre…El Vaticano tiene que desaparecer: allí no pueden ir los pobres, sólo los Jefes de Estado"

 

 

            Apostillando: Iglesia, cúrate a ti misma.