apostillando7  (Febrero/2000)

 

Cuando se trata de dinero,

para el MERCADO no hay barreras ni en las cárceles.

El diario más importante de Chicago, CHICAGO TRIBUNE, ha tenido una iniciativa que es el sueño de cualquier editor de periódico: poner en Internet el contenido de todos los números publicados hasta ahora, desde la cabecera hasta los anuncios por palabras. Imagínense qué grandioso empeño para esta publicación que se fundó ni más ni menos que en 1849.

Los editores del Chicago Tribune contrataron a una empresa, PTFS, especializada en la informatización de textos. Los técnicos se dieron pronto cuenta de que no podían agilizar el encargo empleando las tecnologías más avanzadas de reconocimiento de texto porque los ejemplares más antiguos no están tan conservados como para que un lector óptico sea capaz de reconocer la letra impresa. No quedaba más remedio que interponer a seres humanos entre el papel y la máquina, y se fueron a buscar humanos "baratos", laboralmente hablando: Los ejemplares del Tribune se enviaron a India para que fuera gente de allí, con sueldos de allí, los que mecanografiaran las páginas en los ordenadores.

No debió parecerles bien que fuera en la India donde se pasaran a limpio las historias de la mafia y la depresión de los Estados Unidos, y la empresa PTFS ideó una nueva fórmula laboral para devolver el trabajo a su país sin dejar de pagar sueldos miserables: CONTRATAR A PRESOS.

Llegó a un acuerdo con los responsables de instituciones penitenciarias en Ohio, que reciben 165 millones de pesetas a cambio de devolver a esta empresa 4.000 millones de caracteres informatizados. En la cárcel de Belmont los presos teclean las primeras páginas del diario, en la de North Central se clasifican los artículos y en la de Mansfield han caído las páginas con peores augurios, las necrológicas.

¿Y los sueldos? PTFS no ha fijado esos sueldos. Corresponde a los directores de las cárceles establecer unos salarios que oscilan entre 39 y 47 centavos a la hora (unas 60 ptas.), una auténtica calderilla fuera, aunque alguien se empeñe en decir que es oro detrás de los barrotes. Con jornadas laborales prolongadas pueden llegar a ganar hasta 16.500 pesetas al mes. Además, los presos ni siquiera reciben el dinero en metálico, sino que se acumula en cuentas personales para comprar los pocos productos que se venden en la tienda de la prisión o hacer llamadas telefónicas de larga distancia.

Algún atractivo debe tener este trabajo, ya que han tenido que establecer condiciones de admisión entre los disponibles: Los teclistas tienen que tener acabado el graduado escolar, superar un examen de lectura y ortografía y, sobre todo, tener un historial penitenciario libre de peleas.

Para que el cuadro quede bonito falta un detalle: Los agraciados directores de las cárceles aseguran que así se facilita la resinserción. Y el periódico, que al principio estaba abochornado por la noticia de tener a presos en su nómina, ahora presume de cooperar con una causa social.

APOSTILLA: Se me ocurre un título para el comentario anterior:

¡ EN NOMBRE DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

EXPLOTE A LOS PRIVADOS DE LIBERTAD !