(Julio/Agosto-2000)

 

LOS BICHOS

El león y la hiena

Los poetas y los artistas del pincel y del cincel aman desde siempre al león, que vibra en los himnos, flamea en las banderas y custodia castillos y ciudades, pero a nadie se le ha ocurrido nunca cantar a la hiena, ni inmortalizarla en la tela o el bronce. El león da nombre a santos y papas y emperadores y reyes y plebeyos, pero no hay noticia de que ninguna persona se haya llamado o se llame Hiena.

Según los estudiosos de la vida de los bichos, el león es un mamífero carnívoro de la familia de los félidos. El macho se dedica a rugir. Las hembras se ocupan de conseguir la comida, un menú de cebras o venados, mientras el macho espera. Cuando la comida llega, el macho se sirve primero. De lo que sobra, comen las hembras. Y al final, si algo queda todavía en el plato, comen los cachorros. Si no queda nada, se joden.

La hiena, mamífero carnívoro de la familia de los hiénidos, tiene otras costumbres. Es el caballero quien trae la comida, y él come último, después de que se han servido los niños y las damas.

Para elogiar, decimos: Es un león. Y para insultar: Es una hiena. ¿De que se ríe la hiena? ¿Se ríe de nosotros?

Adivinanzas

Piaban los niños y los pollitos alrededor de doña María de las Mercedes Marín, que cloqueaba mientras caminaba arrojando granos de maíz a sus muchas gallinas. En eso estaban, aquel día como todos los días, cuando un automóvil emergió, resplandeciente, de una nube de polvo en el camino que venía de Santo Domingo.

Sin saludar, sin presentarse, un señor de traje y corbata y maletín preguntó a doña María de las Mercedes:

–Si yo le digo, exactamente, cuántas gallinas tiene, ¿usted me da una?

Ella no dijo nada.

El señor encendió su computadora Pentium III a 600 Mhz, activó el GSP, el sistema Yahoo de fotos satelitales y el contador de pixels y, enseguida informó:

–¿Usted tiene ciento treinta y dos gallinas –y atrapó una y la apretó entre los brazos.

Doña María de las Mercedes preguntó:

–Si yo le digo en qué trabaja usted, ¿me devuelve la gallina? El señor sonrió:

–Por supuesto.

Pero la sonrisa se le borró de los labios cuando ella adivinó, sin la menor vacilación, que él era un experto de alguna organización internacional.

–¿Có-cómo lo supo? –tartamudeó, mientras dejaba la gallina en el suelo.

Y ella le explicó que era muy fácil. El había venido sin que nadie lo llamara, se había metido en su gallinero sin pedir permiso, le había dicho algo que ella ya sabía y había cobrado por eso.

Los patos

¿Por qué los patos vuelan en V? El primero que levanta vuelo abre camino al segundo, que despeja el aire al tercero, y la energía del tercero alza al cuarto, que ayuda al quinto, y el impulso del quinto empuja al sexto, y así, prestándose fuerza en el vuelo compartido, van los muchos patos subiendo y navegando, juntos, en el alto cielo.

Cuando se cansa el pato que hace punta, baja a la cola de la bandada y deja su lugar a otro pato. Todos se van turnando, atrás y adelante, y ninguno se cree superpato por volar adelante, ni subpato por marchar atrás.

Y cuando algún pato, exhausto, se queda en el camino, dos patos se salen del grupo y lo acompañan y esperan, hasta que se recupera o cae.

Juan Díaz Bordenave no es patólogo, pero en su larga vida ha visto mucho vuelo. El sigue creyendo, contra toda evidencia, que los patos unidos jamás serán vencidos.