Abril-2001

De una ENTREVISTA que Carlos Aznárez hizo a E. Galeano.

- ¿Pinochet?.         - Ahí está, un escándalo mundial se ha producido con la detención de Pinochet. Es una prueba de que el mundo está patas arriba, porque un señor que mató a 3.000 personas, a la hora en que la justicia se acuerda de que la justicia existe y actúa para por lo menos someterlo a proceso y quizás condenarlo, tendría que ser una noticia normal, cotidiana, o algo que merecería un par de líneas en los diarios. Si alguien mata 3.000 personas, por supuesto que tiene que ser juzgado y condenado. ¿Por qué si no, con qué criterio se va a mandar a la cárcel a un navajero de suburbio? Este te podría contestar suelto de cuerpo: pero si yo sólo maté a uno o a dos, y este mató a miles y todavía lo aplaude el mundo, y el Papa le asegura un lugar en el paraíso.

-Y lo bendijo...         -Así es. A él y a su familia. Desde ese día pienso que no quiero ir al paraíso, en parte por lo aburrido que debe ser y por otro lado para no encontrarme con gente así. Pero además está todo ese tema del que tanto hablaban, como era "el milagro chileno". Hasta hace muy poquitos años, había que ver aquellos editoriales del "New York Times", laudatorios del milagro que había permitido que Chile dejara de ser una República bananera. O sea, un abierto elogio al crimen, al baño de sangre, al asesinato de la democracia. El mundo celebró a Pinochet. Era un héroe de Occidente.

-¿Coherencia ideológica?.         -Es verdad que ha habido una especie de arrepentimiento universal. No de todos pero sí de mucha gente. En algunos casos, ha sido por oportunismo, pero en otros ha sido un cambio honesto y respetable, gente que ha dejado de creer en lo que creía y se ha mudado de ideas, como quien se cambia de domicilio. Yo sigo siendo leal a las ideas en las que creo y a los amigos que quiero. Son las dos cosas que me ayudan a vivir y a sobrevivir. Esas ideas, provienen a la vez, de la razón y el corazón. Son ideas sentipensantes, no son ideas que pertenecen solamente al dominio de la razón. Están muy vinculadas con lo que se siente en las entrañas, provienen de esas voces misteriosas que la razón a veces no es capaz de entender, pero que es capaz de organizar. La razón te ayuda pero si fuera solo por ella, estaríamos fritos. Se trata de una tentativa de vivir senti-pensantemente. Son ideas que vienen también de la emoción. Yo siento que tengo la misma capacidad de asombro e indignación que hace ya unos cuantos años. Yo sigo creyendo en la identidad entre la ética y la estética, entre la justicia y la belleza.

-¿El "discurso único"?        -Ahora hay una moda de alabanza del mercado que se expresa en todos los campos. Es una suerte de "nueva fe" en el dinero...y aclaro que no tengo nada contra el dinero. Comparto lo que decía un amigo mío, de que "el dinero no hace la felicidad, pero logra algo tan parecido que la diferencia es un asunto de especialistas". El problema es cuando el dinero se convierte en el eje del universo, o cuando los derechos del dinero pasan a ser más importantes que los derechos de las personas. Eso es precisamente el neoliberalismo. Y este tiene sus expresiones literarias. Es curioso: desde el punto de vista de los medios, del desarrollo de la tecnología de la información y la comunicación, nunca tuvimos tantas oportunidades de estar informados. Sin embargo, este es un mundo peligrosamente parecido al de los mudos y los sordos, porque hay una tendencia al mensaje único. Esto viene de la concentración del poder que se da en la economía pero también en la cultura. Por ejemplo, el periodismo independiente era más posible hace 30 años que ahora en que es una aventura loca, que por suerte sigue teniendo gente que se anima a seguir intentándolo.

-¿Asusta el disenso?          -Cada vez es más difícil el discurso disidente. Paradójicamente, en un sistema que se ha impuesto en nombre del rescate a la democracia, con todo el elogio de la disidencia contra lo que era la burocracia y el autoritarismo en los países de Europa del Este, se aplasta la disidencia. Allí está el ejemplo de lo que pasó con Peter Handke, el escritor austríaco-alemán, cuando la reciente guerra contra Yugoslavia. Tuvo la osadía de discrepar y fue condenado monstruosamente. Esto corresponde a lo que podríamos llamar una "macdonaldización" del pensamiento. La metáfora creo que funciona porque la universalización de McDonald's en el mundo del fin de siglo implica una violación de los derechos humanos doble: una violación cultural porque se niega el derecho de autodeterminación de la cocina, que es una de las expresiones de la diversidad cultural del mundo. O sea, se incita a que todos comamos comida de plástico, o basura. La boca es una de las puertas del alma y evidentemente que la cocina es un signo cultural de diversidad. Y además McDonald's comete un atentado sindical, porque prohíbe que sus empleados se agremien, queriendo dar por tierra así con dos siglos de luchas obreras y conquistas. Esto en nombre de la democracia, el doble arco de McDonald's ocupa ahora el centro del altar que antes estaba reservado a la cruz .

-¿Impunidad?        -Creo que hay una suerte de reino de la impunidad que se alimenta de la ignorancia de la opinión pública. Nunca la opinión pública estuvo tan informada y a la vez tan manipulada. Entonces no se formulan las preguntas más obvias: ¿en las guerras quién vende las armas?. Cuando aparecen datos como esta monstruosidad que está ocurriendo en Timor Oriental, ¿quién fue el doctor Frankestein de este monstruo?. Las potencias occidentales anuncian que suspenden la venta de armamento a Indonesia y el mundo llora de la emoción. ¡Qué buenos que son, que corazón tan generoso tienen! Cuando eso equivale a una confesión: nosotros hemos alimentado este crimen, somos los que damos armas y asesoría para que aparezcan estos grupos paramilitares que arrasan países, los que elevamos al poder a la dictadura de Suharto que asesinó -según cálculos conservadores- a medio millón de personas. Por eso, la manipulación otorga impunidad a los dueños del mundo que son los que custodian la paz y al mismo tiempo hacen el negocio de la guerra. Las cinco potencias que tienen derecho de veto en las Naciones Unidas son las principales proveedoras de armas para que sigan las guerras.

-¿Miedo?      -Ahora vengo de Italia, donde el tema de la seguridad es el de primera página de los diarios. La histeria de la seguridad. Hay una especie de pánico colectivo por el auge del delito y el crimen, que hasta cierto punto tiene una relación con la realidad, pero no da para justificar esta suerte de desplazamiento universal del valor justicia por el valor seguridad. Para mi asombro, uno de los dirigentes políticos italianos más prominentes lo dijo con todas las letras: la seguridad es más importante que la justicia. Eso ocurre porque se ha desprestigiado la justicia en la misma medida que esta ideología neoliberal se ha impuesto como la única forma posible de sentir y de pensar. Lo que era injusticia hace 30 años, ahora no lo es. Es el justo castigo que la ineficiencia merece. El mundo no es injusto: castiga a los ineficientes. Y si hay delito, es porque hay una proporción de la población que debe ser enjaulada o exterminada. Lo que nos retrotrae a los tiempos de Cesare Lombrozzo y el derecho penal más reaccionario. Y lo peor es que esos increíbles puntos de vista los veo hoy en boca de algunos que eran antes mis amigos. Hay unas piruetas de circo tan asombrosas en el campo del pensamiento que a mí me dejan bizco y boquiabierto.

-¿Violencia?          -Es evidente que hay un auge del delito, pero es más cierto que la primera causa es la de la injusticia, el reparto escandalosamente injusto de los panes y de los peces. A esto hay que sumarle los ejemplos de la sociedad de consumo que ejerce su dictadura a través de las pantallas de los televisores dando órdenes a los muchachos, diciéndoles: si no tiene un zapato de marca, o tal auto, eres una porquería que no merece existir. Esas órdenes, obviamente, son invitaciones al delito para una franja abultada de la población europea y para una inmensa proporción de la población latinoamericana. Por otra parte, también aparece la impunidad, que se ejercita constantemente desde el poder. Ahora leí el informe que elaboró el Congreso de los Estados Unidos en octubre del año pasado, sobre el lavado que el City Bank hizo de los cien millones de narcodólares de Raúl Salinas, que pasaron además por cinco países. Nada menos que el City Bank, y el informe es del Congreso norteamericano, no del partido del Trabajo de Albania. Cien millones de dólares lavados por un banco que proporcionó a su cliente cuentas e identidades falsas y empresas fantasmas. Lo asesoraron para delinquir, en un país que se confiesa impotente para condenar a los responsables de la operación. Así estamos. El primer banco del mundo queda impune, pero van presos los negros pobres que venden droga en la calle. ¿Por qué la droga es motivo de condenación al infierno a los negros pobres, y es en cambio trampolín al cielo para los banqueros prósperos?

-¿El automóvil?       -Esto corresponde a un mundo donde los fines han sido usurpados por los medios, donde somos instrumentos de nuestro sistema. Y esto vale tanto para Europa como para cualquier sitio. El automóvil te maneja, la computadora te programa, el supermercado te compra y la televisión TV. Somos instrumentos de nuestros instrumentos. Este sistema global de poder está creando unas sociedades babilónicas inmensas donde está prohibido respirar y caminar. Se ha llegado a un extremo tal de violación de los derechos humanos que esos dos derechos básicos no se pueden ejercer en las grandes ciudades. Son lugares donde practicarlos es una hazaña. Yo soy el único ser humano que atravesó Los Angeles y Ciudad de México, caminando. Modestamente creo que merecería una estatua, y en lugar de eso, mis amigos me recomendaron que vaya a un psicoanalista.

-¿EE.UU.?              -Creo que hay que ubicarse frente a un sistema de valores que se ha universalizado y que afortunadamente tiene respondones. Dentro de los propios Estados Unidos hay una conciencia crítica desarrolladísima que me permite saber que esta es una lucha universal contra la imposición global de los valores de la cultura de la violencia y del consumo. Cuando ocurre la guerra de Yugoslavia, esta siniestra operación en que los bombardeadores no han corrido nunca el menor riesgo, el mundo se dividió entre los que arrojan las bombas y los que las reciben, y obviamente quienes tuvieron la total impunidad fueron los primeros, en nombre de los derechos humanos y aplaudidos por buena parte del pensamiento progre del planeta. Entonces me pregunto: ¿qué derecho moral tienen los que hablan contra la limpieza étnica? ¿Alemania e Italia, contra la limpieza étnica? ¿Están escandalizados? ¿Pero no se acuerdan lo que ocurrió hace quince minutos en su historia nacional? ¿Los Estados Unidos, que hicieron la limpieza étnica de los indios y los negros, van a ser ahora los guardianes morales del planeta? Simultáneamente se produce la matanza de Colorado, ese colegio donde dos chicos enloquecidos acribillaron a balazos a doce estudiantes y un profesor. En el discurso mientras los enterraban, el vicepresidente Al Gore dice: este es el resultado de la cultura de la violencia. Es verdad, pero no anuncia que van a dejar de fabricarla. Estados Unidos produce y vende casi la mitad de los armamentos que se consumen en las guerras del mundo. Violencia es también el océano de sangre que se derrama por las pantallas, chicas y grandes, del cine, de las computadoras, del televisor.

-¿Esperanza?        -Hay muchas fuentes de esperanza. Si la esperanza no tuviera agua de beber se moriría de sed. Afortunadamente hay una enorme cantidad de gente, como los zapatistas, los sin tierra brasileños, las Madres de Plaza de Mayo, y muchos otros, que se niegan a aceptar como único destino universal posible la cultura de la violencia y del consumo. Gente que está haciendo cosas por la afirmación de los derechos humanos reales, que no es sólo el derecho de comer -todavía negado a una gran franja de la población mundial-, sino también el de trabajar para vivir, en vez de estar condenados a vivir para trabajar. El derecho a tener una cultura propia, una memoria propia. El derecho de respirar y caminar. Hay una inmensa cantidad de movimientos que en todas partes luchan contra la aniquilación del planeta y el deterioro de la calidad de vida. Hace un siglo la diferencia entre los que tenían y los que necesitaban era de uno a siete, ahora es de uno a setenta. Ese mundo que es cada vez más desigual, también es más igualador. Desigual en las oportunidades que ofrece e igualador en las costumbres que impone. Un mundo que te condena a morir de hambre o aburrimiento. Nosotros no lo aceptamos como destino, no es el único mundo posible. La realidad es un desafío, nace de nuevo cada mañana. ¿Quién iba a decir el 1º de enero del 94, que iban a surgir de las entrañas de la tierra los zapatistas? No lo previó nadie, y saltó el conejo de la galera. Eso quiere decir que todavía hay vida, ganas de no someterse mansamente.