Noviembre-2006

 

 

"Se está perdiendo la pasión"

 

(De una entrevista que la BBC de Londres realizó a Galeano el pasado verano).

 

¿Es posible un periodismo independiente y objetivo en América Latina?

La palabra "objetivo" yo no me la creo. Me parece que es una gran mentira. Creo que los que predican la objetividad en el fondo quieren ser objetos para salvarse del dolor humano, y no creo en la objetividad para nada.

Me parece que la mirada humana es siempre subjetiva, y por lo tanto la literatura que yo práctico y el periodismo también es subjetivo y no se arrepiente de serlo ni tiene vergüenza de ser subjetivo.

Los altos sacerdotes de la objetividad, que son por ejemplo los periodista norteamericanos, nunca supieron explicarme por qué durante la guerra de Vietnam, cuando se suponía que la objetividad obligaba a ofrecer los puntos de vistas de los dos bandos, o sea el invasor y el invadido, en las cadenas de televisión de los Estados Unidos la opinión del invadido ocupaba el tres por ciento y en cambio el punto de vista del invasor ocupaba el 97 por ciento. Esa es la objetividad.

 

¿Y en Irak?

En la guerra de Irak, bueno sí, al principio sí, era abrumadora la diferencia, pero al final la fuerza también de los hechos... A mí cuando yo era chico, mi mamá me decía siempre: "la mentira, la mentira tiene patas cortas". ¡Pobre vieja! Yo la quise mucho pero, involuntariamente, mentía o había sido engañada, la pobrecita. La mentira tiene patas larguísimas.

 

¿Libertad de expresión en Cuba?

Y... Debe ser muy difícil, supongo, porque yo no creo en la propiedad estatal de los medios de comunicación. Creo que la respuesta a la omnipotencia del mercado no está en la omnipotencia del Estado, y eso lo he dicho siempre en relación con Cuba, subrayando siempre mi solidaridad con una revolución que hoy por hoy sigue dando asombrosos ejemplos de dignidad y de solidaridad.

 

¿Qué está leyendo?

De todo, sobretodo libros de historias, que tienen mucho que ver con un proyecto del que prefiero no hablar, porque si hablo mucho de lo que escribo termino perdiendo las ganas de escribirlo... Pero (estoy leyendo) libros que me permiten asomarme a la "contra-historia" jamás contada, hechos que han sido despreciados por la historia oficial.

Porque la historia oficial transmite la historia de los vencedores, como es lógico. Es una historia destinada a bendecir y perpetuar los privilegios heredados por los que en el mundo mandan.

Y a mí siempre me apasionó el rescate, el descubrimiento de la otra historia, de la historia escondida, de la historia mentida, despreciada, secreta, como me apasiona también en la vida cotidiana el descubrimiento de las cosas y las gentes que valen la pena…

Yo no creo en la objetividad de la historia porque no creo en la objetividad de la vida. Creo que los bichitos humanos estamos todos condenados a ser subjetivos, y que en definitiva ésa es la prueba de que vivimos todavía, de que todavía somos capaces de vivir con pasión, y eso no me parece nada malo en un mundo que tiende a la frigidez obligatoria.


¿Se está perdiendo la pasión?

Sí, creo que es casi una obligación para sobrevivir en el mundo de hoy. El fútbol  premia cada vez más la velocidad y la fuerza y desconfía cada vez más de la fantasía, del brío, del juego que nos invita a jugar por el placer de jugar, por la pasión de jugar.

Y lo mismo ocurre en todos los planos de la vida, hay una suerte de dictadura del miedo, que nos obliga a desconfiar de la pasión y a temerla.

Desde el amor (cuidado que porque te viene el Sida), hasta la comida (guarda que tiene colesterol), todas formas de pasión tienden a ser sospechosas, y sobretodo la más linda de las pasiones, que es la pasión humana que te invita a ver al otro, al prójimo, al vecino, como un posible hermano, y no como un competidor o un enemigo.

 

¿Cómo le gustaría ser recordado?

No, yo no quiero ser recordado en absoluto. Pero sí creo que me gustaría seguir vivo en la gente que quiero.

Yo creo que la memoria es la única inmortalidad digna de fe, la memoria de los demás, claro, porque la memoria de uno muere con uno, y que esa suerte de inmortalidad, también condenada a muerte a la larga -no hay que hacerse demasiadas ilusiones- te permite sentir que has sido una brisita nomás de un viento que va a seguir soplando cuando ya no estés.