Febrero-2006

 

Imperio, la superpotencia sin complejos

 

Hay realidades que ahí están, pero que no se admiran, ni ofenden, ni provocan, porque no se les ve al desnudo y de una manera manifiesta. Son, pero como si no lo fueran.

Algo así ocurre con el Imperio norteamericano: se reconoce a Estados Unidos como la mayor potencia mundial, pero se evita llamarle “imperio”, porque el término lleva connotaciones malsonantes de autoritarismo, dominación, etc. Se le llame o no, la cuestión es si Estados Unidos está actuando con métodos imperialistas o no.

Sectores de la humanidad así lo reconocen actualmente, en tanto que toda la gente que vive del sistema, por su oficio o por sus negocios, rechazan el término y acusan de antiamericanos a los primeros.

 

¿Y qué dicen los propios estadounidenses? ¿Es verdad que asumen ese papel sin complejos? ¿Es verdad que hay élites del país que hacen incluso teoría de ese imperio y aceptan cada vez más su distanciamiento de los ideales democráticos?. ¿Parece una broma?.

Pues, a finales de diciembre de 2005, la Fundación Heritage organizó en sus locales en Washington una conferencia sobre las lecciones que había que sacar del Imperio Romano para los Estados Unidos de hoy  (The Lessons of the Roman Empire for America Today), demostrando así que el imperialismo estadounidense no es una construcción mental de los “izquierdistas” o de los “altermundistas”. Muy por el contrario, las élites cercanas al poder parecen asumir sin complejos las pretensiones imperiales del país. A semejanza de Roma, se invita a los Estados Unidos a desempeñar plenamente su papel de superpotencia, sobre todo mediante la guerra y la devastación. (*)

 

Veamos algo de esa conferencia. Y, ojo, porque no se trata de un grupo insignificante: la Fundación Heritage se define como un centro de pensamiento y promoción de políticas públicas y ejerce una gran influencia en el Partido Republicano de Estados Unidos.

El profesor J.Rufus Fears se dedicó a establecer un paralelismo entre el Imperio Romano y los Estados Unidos, sobre todo en lo que se refiere a la aventura colonial iraquí, basándose en la historia de los Estados Unidos y en la del Imperio Romano durante su fase de expansión al Medio Oriente. Ambos imperios serían las únicas superpotencias absolutas que hayan existido por su dominio militar, político, económico y cultural.

Tras revisar brevemente las magníficas realizaciones de los romanos en materia cultural, arquitectónica y su supuesta economía de mercado que posibilitó la movilidad social, aportó las razones de la decadencia y la caída del imperio que se explicarían por su política en Europa Oriental y en el Medio Oriente.

 

Los romanos comenzaron su fase de expansión en el Medio Oriente en el siglo II a.J.C. para “restablecer el orden y la estabilidad en la región”, donde luego se vieron implicados políticamente, para posteriormente establecer (a partir del siglo I a. J.C.) los Estados Vasallos que disfrutaban de una vasta autonomía. Por último, debieron decidirse por la ocupación militar y la administración directa de la casi totalidad de la región a partir del s.II d.J.C.

La Persia, que Julio César pensaba invadir, permaneció fuera de las aspiraciones romanas, ya que se consideraba difícil de «absorber», y conservó su esfera de influencia reconocida por Roma. No obstante, el Medio Oriente se transformó rápidamente en un atolladero, sobre todo con la guerra civil en Judea y los disturbios en Egipto, lo que puso de relieve rápidamente los límites del ejército romano, a la vez que gravaba las finanzas del Imperio. Las consecuencias no se hicieron esperar con, por una parte, las tribus germánicas que formaron federaciones y otras coaliciones para desafiar al Imperio en el flanco occidental, y, simultáneamente, el expansionismo de Persia que ganó poco a poco las fronteras del Imperio al Este.

En definitiva, para ubicar esos hechos en el contexto actual y extraer las lecciones del pasado, Estados Unidos haría bien en desconfiar de Irán y de los bloques regionales como la Unión Europea.  El imperio debe ser global y ningún frente debe descuidarse.

 

El conferenciante J. Rufus Fears sacó cinco enseñanzas importantes de ello:

 

A esto nos referíamos al principio del comentario. No se trata de ninguna broma, las propias élites norteamericanas hacen teorías sin complejos sobre el imperio estadounidense y aceptan que su país se aleje cada vez más de la democracia, para asumir y reivindicar su papel de superpotencia mediante la guerra y la depredación de los recursos.

 

d.t.

 

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(*) Ref. reportaje de Cyril Capdevielle