Septiembre-2002

 

LA CUMBRE CONTRA EL HAMBRE

 

Si mal no recuerdan, el pasado mes de Junio se celebró una de esas famosas y repetidas Cumbres mundiales en las que los dirigentes del mundo se limitan a alzar la tapadera de la alcantarilla, comprueban el hedor y vuelven a cerrarla. Eso sí, hacen un gran esfuerzo para conseguir dar constancia de que el hedor es real y manifestar sentidamente que sería bueno que esa fetidez dejara de existir. La falta de tiempo y de voluntad les impide llegar a mayores compromisos.

LA CUMBRE CONTRA EL HAMBRE, así se le llamó en los medios de comunicación.

Hace más de cinco años se adoptó solemnemente en esta misma sede de la FAO (Organización de la ONU) el objetivo de reducir a la mitad en dos décadas la cifra de 840 millones de personas que pasaban hambre. De momento tan sólo se ha reducido un 3%.

Según la FAO, cada día mueren de hambre 24.000 personas (en su mayoría mujeres y niños).

Charles Fanuvell de Malawi, un campesino de unos 50 años, cuyo hermano y uno de sus nietos murieron de hambre en marzo, se despidió de su entrevistador: “No llegaremos al año que viene…Me despido de usted, porque estamos condenados”.

A la Cumbre asistieron 4.000 delegados de 184 países y 100 presidentes de gobiernos. De los 29 miembros de la OCDE (los países más ricos) no fue ningún presidente, salvo el español Aznar y el italiano Berlusconi que les tocaba por compromiso, mostrando así su indiferencia sobre el tema.

Hubo palabras duras (precisamente en las Cumbres nunca son palabras lo que faltan) como las del Secretario de la ONU, Kofi Annan: "El hambre es una de las peores violaciones de la dignidad humana. En un mundo de abundancia está a nuestro alcance acabar con esta lacra y fracasar en este empeño nos debería llenar a todos de vergüenza”.

La Cumbre finalizó como todas, con un documento de buenas intenciones. Como si alguien pudiera comer con buenas intenciones. Se quisiera reducir (no desaparecer) el hambre en el mundo antes del año 2015 y para ello tendría que reducirse el número de desnutridos a un ritmo de 22 millones de personas cada año (actualmente es sólo de 6 millones). Se habló del viejo 0,7% del Producto Interior Bruto como aporte de los países pudientes, cuyo compromiso nunca cumplieron. Se habló de asegurar el agua y la comida en las zonas agrícolas, donde se concentra el 70% de la población hambrienta. Se habló de cantidad de cosas,… eso, se habló.

No les importó bajar a detalles: Más de 7.800.000 personas, la mayoría mujeres y niños, mueren por año de desnutrición: una cada cuatro segundos. Se estima que en dos tercios de los países pobres hay más gente hambrienta que hace diez años. Los más afectados son Somalia, Afganistán, Mozambique y Haití; en Latinoamérica, además, Bolivia, Nicaragua, Honduras y Guatemala.

La clausura de la Cumbre se adelantó dos horas para que no coincidiera con el partido de fútbol de Italia-México. El Comisario europeo, el danés Poul Nielsen, afirmó que pedir más dinero a los países desarrollados está fuera de lugar, porque el 80% de los países con escasez de alimentos está en zonas de guerra. La ministra británica para el Desarrollo Internacional, Clare Short, que ni siquiera acudió, se permitió tildar a la FAO de “anticuada”. El punto esencial de la declaración de la cumbre, el derecho de todos los humanos a los alimentos, fue rechazado por Estados Unidos, por temor a hipotéticas reclamaciones judiciales.

Alguien en clave de humor negro podría acabar diciéndoles a los países ricos y desarrollados: ¡QUE LES APROVECHE!. Tal vez alguien que viva en la miseria les diría: ¡OJALÁ REVIENTEN!.

d.t.