Junio-2005

 

Liberemos a los nuevos esclavos

En 1832, los empresarios, economistas y ministros ingleses, consideraban que la jornada de trabajo necesaria para los menores de doce años erade doce horas, y los empresarios amenazaban con un cierre de sus actividades si se les impedía hacer trabajar a los menores durante ese tiempo. Cuando tamaña inteligencia junta, la de empresarios, economistas y ministros, se pone a defender un planteamiento, los que se oponen quedan como “soñadores anacrónicos”, gente de buenos sentimientos pero con poca cabeza, y, claro está: la economía, dicen, no funciona con sentimientos. Sin embargo, aquella jornada de trabajo desapareció, también desapareció el trabajo infantil en Inglaterra, y los resultados no fueron los que pronosticaban los representantes de la inteligencia de la época, sino que fueron las previsiones de los soñadores anacrónicos las que se mostraron más reales y certeras.

El próximo 12 de junio se celebra el día mundial contra el trabajo infantil. Casi doscientos años después de que empresarios, economistas y ministros se equivocasen, hoy volvemos a tener la realidad pura y dura del trabajo infantil. Algunos estudios nos hablan de más de 400 millones de niños ocupados en diversas tareas que por la forma en que se realizan más bien deberíamos hablar de niños esclavos que de niños trabajadores. Si las informaciones que se citan en periódicos y estudios son ciertas empresas y grupos tales como Mcdonald´s, Disney, Mattel, Warner Brothers, Nike, Levi Strauss, C&A, Chicco, Wal Mart, Toys & Rus, Hasbro, Inditex (Zara), el Corte Ingles, Mayoral, etc, utilizan productos fabricados por menores. Incluso, la multinacional Inditex, tercer grupo textil del mundo, reconoció que había rescindido contratos con 100 proveedores por prácticas “antisociales”.

Esta lacra de nuestra sociedad moderna y progresista, se basa en dos pilares: el hambre y la miseria de los países del sur, y el nuevo modelo productivo que se está instalando en todo el mundo. El hambre obliga a trabajar por un plato de lentejas; y el nuevo modelo productivo consiste en que las grandes firmas comerciales multinacionales se han quedado con el diseño y la comercialización de sus productos y han dejado la fabricación en manos de subcontratas de los países del tercer mundo que hacen el trabajo sucio empleando mano de obra infantil, adolescente, joven y adulta en condiciones propias del sistema esclavista. Así, las grandes multinacionales obtienen enormes beneficios casi sin mancharse. La situación es más retorcida aún, pues se considera que este tipo de trabajo es el que puede permitir eliminar el hambre en esos países y posibilitarles que emprendan el camino hacia el desarrollo.

¿Qué hacer? Normalmente la respuesta a esta pregunta casi siempre nos deja fuera. Cuando preguntamos ¿qué hacer? casi siempre estamos pensando en otros, en gobiernos, sindicatos, partidos políticos, OIT, ONU, etc, y todos ellos pueden y deben hacer mucho y debemos denunciar y presionar para que lo hagan. Pero el ciudadano normal y sencillo de cualquier rincón del mundo también puede hacer muchísimas cosas: desde no utilizar la tarjeta de crédito para sus compras habituales, hasta no utilizar ningún producto de aquellas empresas o marcas que utilicen este tipo de trabajo. El argumento “¿Yo solo que puedo hacer?” es la mayor falsedad que se ha construido en la historia, porque ha desembocado en que millones de “solos” no puedan hacer nada y no lleguen a darse cuenta de que son millones y de que no están solos.

(Noticias Obreras, núm.1.385)