Octubre-2005

 

El hambre mata...pero a los pobres

 

No corra, le esperamos”. Así se anuncia una Funeraria en Colombia, “Funeraria La Esperanza”. Parece una broma. En los países, donde la gran mayoría son pobres, suelen utilizar el humor hasta con la muerte. Pero nunca la indiferencia. La indiferencia, ante la muerte de millones de pobres, sólo se da en los países ricos.

 

La gente que vivimos en los países “ricos o desarrollados” nos hemos criado mirando a la televisión y estamos acostumbrados a ver violencia, a ver catástrofes, accidentes, bombardeos, víctimas de todos los colores. Estamos acostumbrados, prácticamente no sabemos distinguir entre las películas y los acontecimientos, entre la ficción y la realidad. Curiosamente, las desgracias siempre parecen suceder lejos, muy lejos, de nosotros.

Pero hay unas imágenes que nos siguen molestando un poco: las de personas hambrientas, las de gente agonizando por hambre. Y es que nos joden profundamente a los que estamos sobrados y más si estamos haciendo régimen para adelgazar.

 

Fastidian las imágenes, los comentarios y los informes que a menudo vuelven a tocar este tema del hambre. ¿Por qué volver a darle vueltas a este tema...?

El otro día, expertos de 16 países de Latinoamérica, reunidos en la Conferencia de Guatemala, describían el impacto del hambre crónica y la pobreza que afecta a 222 de los 500 millones de personas que viven en aquella región.

Días antes, nos hablaban de las hambrunas del Mercado. Durante los pasados meses de agosto y septiembre miles de personas murieron de hambre en Níger. Durante todo el verano hubo comida disponible, pero los pobres no tuvieron dinero para comprarla. La ONU llevaba meses dando la voz de alarma ante la inminente muerte de 800.000 niños en Níger por hambre.  ((Por lo visto, en primavera, el Fondo Monetario Internacional (FMI) presionó al presidente de Níger para que aumentara los impuestos incluyendo a los alimentos, y así lo hizo. Por otra parte, el ganado, principal fuente de ingresos de los nómadas del país, perdió la cuarta parte de su precio. Los pobres no pudieron comprar comida. El Gobierno, siguiendo instrucciones del FMI y de la Comunidad Europea, se negó a distribuir comida gratis entre los más necesitados, para evitar una depresión de los precios del mercado)).

Hace dos veranos, fue Etiopía donde azotó la hambruna. ((Poco después de que instituciones “de ayuda humanitaria”, controladas por gobiernos occidentales, presionaran al gobierno etíope para que dejase de subvencionar al sector agrícola. Los agricultores que producían para vender al exterior disminuyeron su producción. Los alimentos empezaron a escasear y miles de personas murieron de hambre)).

En 2002, algo parecido ocurrió en Malawi. ((El Banco Mundial, el FMI y la Comunidad Europea habían presionado al gobierno de Malawi para que redujera sus reservas de grano de 167.000 toneladas a 30.000 toneladas. Se presionó a Malawi para que vendiera sus reservas de grano para pagar un préstamo al Banco Sudafricano. Los precios momentáneamente cayeron, los agricultores dejaron de producir porque no se costeaba. Las consecuencias fueron mortales)).

Yves Engles describía toda una serie de casos de hambruna en la que han intervenido organismos internacionales. Es aquello de dejar el suministro de alimentos en manos del mercado. La Comunidad Europea y Estados Unidos precisamente evitan eso para sí mismos, a golpe de subvenciones a su producción agrícola, pero exigen a los países empobrecidos eliminar las subvenciones.

Esto significa, que no se puede echar alegremente la culpa a la Naturaleza ni a la atmósfera. Es decir, que más que fastidio por las imágenes del hambre, debería darnos vergüenza y furor por pertenecer a países que también son culpables de esas hambrunas.

 

En los países “desarrollados” no medimos los problemas por el nivel de sufrimiento y perjuicio para las personas, sino por sus índices estadísticos. Eso tiene una ventaja para nuestras conciencias: que de vez en cuando nos dicen que las estadísticas no son del todo verdad, por lo cual tampoco los problemas son del todo verdad.

Somos auténticos consumidores o demoledores de estadísticas. Apenas nos afectan las explicaciones y causas del hambre. Todo son estadísticas: La mitad del mundo sobrevive con menos de 2 dólares diarios (1,64 euros), pero eso es una estadística. O que un norteamericano utiliza 8 veces más energía que un vecino latinoamericano. O que la mortalidad infantil en África es 15 veces mayor que en lo países desarrollados.

O que desde Rangún hasta las áreas fronterizas de Birmania, la desnutrición crónica (así se llama ahora al hambre) afecta a casi el 70% de los niños menores de cinco años. En todo el país birmano, con 53 millones de habitantes, sufren esa desnutrición 1 de cada tres niños menores de cinco años.

O que en África subsahariana el 31 por ciento de los niños menores de cinco años tienen esa desnutrición crónica. Los mismos índices que se dan en toda Asia oriental y el Pacífico, si no contamos China.

 

Tenemos acceso a todos los medios de comunicación del mundo, escuchamos todo tipo de estadísticas, pero el PROBLEMA NÚMERO UNO DEL MUNDO, las muertes por hambre, nos sigue resbalando, al fin y al cabo el hambre sólo mata a pobres.

Difícilmente un pez podrá hacerse una idea sobre un pájaro. ¿Puede una persona saciada hacerse una idea sobre la muerte por hambre?

 

d.t.