Enero-2006

 

Consumo luego existo

 

 

Todavía suenan aquellos datos del Informe “Estado del mundo 2004” elaborado por el  "Worldwatch Institute" y su alerta sobre los graves riesgos que podía acarrear la fiebre consumista mundial. Un ciudadano de Estados Unidos consume ciento cincuenta veces más energía que un nigeriano; los países occidentales gastamos en comida para mascotas 17.000 millones de dólares frente a los 19.000 millones que se destinan a luchar contra el hambre; Occidente gasta 4.000 millones de dólares más en cruceros que en potabilizar el agua de países en vías de desarrollo.

Si se extiende este ritmo consumista, se necesita un planeta tres veces mayor que la Tierra. El consumismo acarrea graves consecuencias para los ricos y no resuelve los problemas de los sectores más indigentes. El mundo consume productos y servicios a un ritmo insostenible con resultados graves para los pueblos y el planeta.

El gasto en bienes y servicios se cuadruplicó desde 1960. En el 2000 fue superior a los 20 billones de dólares.

Además, sólo un 12% de la gente, que es la que vive en Norteamérica y Europa occidental, es responsable del 60% de ese consumo.

El ejemplo clásico de país consumista es Estados Unidos, donde hay más automóviles que personas con carnet de conducir. Pero esto no significa que los estadounidenses sean más dichosos, ya que sólo un tercio de ellos dijo que vive "muy feliz". El creciente consumo en el mundo industrializado y en los países en desarrollo es más de lo que nuestro planeta puede soportar, señala el Informe.


Parece que el consumismo dominara hoy la mente y los corazones de millones de personas, sustituyendo a la religión, a la familia y a la política.

El cambio tecnológico nos permite producir más de lo que demandamos y ofertar más de lo que necesitamos.

Consumismo y pobreza conviven en un mundo desigual, en el que no hay voluntad política para frenar el consumismo de unos y elevar el nivel de vida de quienes más lo necesitan. La clase de los consumidores comparte un modo de vida y una cultura cada vez más uniforme, donde los grandes supermercados y centros comerciales son las nuevas catedrales de la modernidad.

La población crece, pero cada vez menos, y probablemente se estabilizará en las próximas décadas en unos 9.000 millones, como ya ha sucedido en la mayoría de los países industrializados. Pero el consumo sigue creciendo, y las necesidades, como demuestra cualquier manual de economía, son infinitas.

¿Cuánto consumo es suficiente? El consumo, a partir de cierto umbral (13.000 euros anuales por persona, según las encuestas), no da la felicidad. El consumidor trabaja demasiadas horas para pagar el consumo compulsivo, y el poco ocio lo pasa en el automóvil o delante del televisor. Cada vez se ve más atrapado en una espiral de consumo, endeudamiento para consumir y trabajar para pagar un endeudamiento mayor. El consumo se hace a consta de hipotecar el futuro. (1)

 

Sabemos que tenemos a mano datos escandalosos que se convierten en denuncia directa de nuestro consumismo: Es suficiente con recordarnos que el hambre y la malnutrición matan a seis millones de niños al año. La gran mayoría de esos niños mueren a causa de unas pocas enfermedades infecciosas curables, como diarrea, neumonía, paludismo (malaria) y sarampión. Habrían sobrevivido si sus cuerpos y sus sistemas inmunitarios no estuvieran debilitados por el hambre y la malnutrición. (2)

El Informe de Desarrollo Humano 2005, elaborado por PNUD (Naciones Unidas), lo decía con palabras parecidas: “Por el fracaso de los gobiernos del mundo en cumplir su compromiso para reducir la pobreza y la desigualdad, 1.200 niños mueren cada hora. La causa: la pobreza”.

De nada sirven las promesas, los discursos, las Cumbres,... ¿Qué desarrollo es éste que no es capaz de ofrecer un plato de comida?.

La cuestión es grave: no es cuestión de caridad, sino de justicia.

El consumismo se expresa en el derroche, y el derroche es la manifestación más escandalosa de la injusticia.


d.t.


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(1) José Santamarta

(2) Informe FAO: El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo