Abril-2006

 

No me llamen iluso

 

No me llamen incrédulo porque tenga mi propia fe. Ni me llamen iluso porque tenga una ilusión. No hay “fedímetros”, ni autoridades legitimadas para medir mi fe y mi esperanza.

 

Yo creo en la vida, pero no creo en el Sistema Capitalista y en sus gestores que colocan el mercado y el lucro por encima de la vida de millones de criaturas matándolas de hambre. Un sistema que crea enormes desigualdades. (En nuestro Planeta, capaz de producir para el doble de la población existente, hay una tercera parte, 2.000 millones de personas desnutridas y 850 millones de “muertas de hambre”.)

 

Creo en la justicia, pero no en la que está en manos de los poderosos. (El que robó 6.000 pesetas en un cepillo de una iglesia en Valencia está pagando 7 años de cárcel. El banquero que desvió miles de millones de pesetas ahí sigue vivito, poniendo recursos y entre aplausos).

 

Creo en la dignidad humana, pero no en las leyes, ni en los Organismos y gobernantes que pisotean y discriminan a las personas. No todas las personas disfrutan de iguales derechos y oportunidades. (El SIDA está controlada en Occidente. Pero en África Subsahariana conviven con el SIDA 26,6 millones de seropositivos. Se duplicarán los niños huérfanos por esa causa para el 2010. Mientras las multinacionales les siguen negando los medicamentos).

 

Creo en los derechos humanos, pero no en los libros y Declaraciones, ni en los dirigentes que los hacen publicar, porque no les importa ultrajarlos. (Los países miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, son los mayores productores de armas del mundo). 

 

Creo en los derechos de los pueblos, pero no creo en los Imperios ni en los colonizadores. No acepto que unos pueblos tengan más derechos que otros, que unos condenen a otros y los invadan y los exploten. (El país teóricamente modelo de la democracia y de la libertad, Estados Unidos, es el mayor invasor y más peligroso en el mundo, se intromete en otros países, les presiona, tumba gobiernos, organiza ataques internos y externos, señala y condena a unos (Irak, Irán, Siria, Palestina,…) y ampara a otros (Israel…)

 

Creo en las personas, pero no en quienes desprecian y maltratan sistemáticamente a los demás. (Los chulos o proxenetas, los que comercian con mujeres y niños, los tiranos, los traficantes de esclavos,…)

 

Creo en la libertad, pero no en la impuesta por los invasores y poderosos, ni creo en la libertad de Mercado (que permite libertad de movimientos de las mercancías y de los capitales, pero no de las personas pobres).

 

Creo en la solidaridad, pero no en la solidaridad de “plástico” y limosnera, ni en las ONGs que negocian y se enriquecen con las subvenciones a costa de los necesitados, o convierten los derechos en objetos de beneficiencia.

 

Creo en la organización social, pero no en los Partidos Políticos y organizaciones sociales que, en lugar de servir a la ciudadanía, se aprovechan de ella para sus propios intereses, resultando impunes en medio de la corrupción y el favoritismo.

 

Creo en la información y en el conocimiento, pero no en los Medios serviles del capital, que se dedican a manipular la realidad a través de sus noticias. Ni creo en la publicidad que pisotea nuestros valores más nobles, resaltando nuestros instintos más bajos en su afán de convertirnos en animales consumistas.

Creo en la ciencia y en sus avances,  pero al servicio de la Humanidad y no sólo de unas multinacionales que los controlan y negocian con ellos: unas veces para la destrucción (como las armas), otras para la salud (los medicamentos),…No creo en el llamado “desarrollo” al servicio de los más ricos, que por su beneficio no les importa destruir nuestra naturaleza, nuestro medio fundamental de vida.

 

Creo en mis vecinos, aunque cada día corramos el riesgo de que alguien olvide cerrar el butano,  o resulte muy difícil ponernos de acuerdo para respetar los bienes comunes (bancos, farolas, jardines,…)

 

Creo en los conductores, y por eso conduzco, a pesar de los locos que mantienen las estadísticas  de accidentes y muertos semanalmente en las carreteras.

 

Creo en la enseñanza y en la educación, a pesar de algunos maestros mercenarios que trabajan con los niños como si fueran recipientes o sacos de patatas. A pesar de los planes de formación que valoran más la futura mano de obra, que personas responsables en la sociedad.

 

Creo en los creyentes, pero no en las Instituciones religiosas que ahogan el Espíritu y los valores con doctrinas, que sobreponen sus normas y costumbres a la vida de las personas, que acentúan su poder erigiéndose los jerarcas en cuasi-dioses, que nos venden como sacramentos espectáculos que ya nada simbolizan, que discriminan a las mujeres y a otros colectivos humanos...

 

Creo en otro mundo posible, porque los destructores acabarán destruyéndose a sí mismos, porque los invasores se sentirán invadidos, los tiranos terminarán abandonados…Sí, sí, ríanse, pero morirán de hastío,…ya están muriendo.

 

Creo en muchas cosas, pero no creo en los que nos llaman incrédulos e ilusos.

 

d.t.