Julio-2006

 

Los hechos revelan, las imaginaciones encubren

 

Hay personas de cierto nivel cultural (entre ellos muchos periodistas) con cierta tendencia a fantasear la realidad nacional y mundial, muchas veces a golpe de imaginación y  prescindiendo de datos y hechos reales.  No es extraño que sus teorías y conclusiones sean tan poco convincentes como sus imaginaciones. ¿Y qué sentido y objetivo tienen esas teorías imaginativas? Uno principalmente, justificar su estatus personal, su posición social, su opción política,… En lenguaje popular, amañan la realidad para quedar bien en la película.

Y en nuestro mundo actual no conviene andar con imaginaciones. La marginación, el dolor, la pobreza que sufre la gran mayoría de la población mundial, no admite juegos imaginarios, exige valor y limpieza de conciencia para mirar esas situaciones de frente y actuar en consecuencia.

 

Un reciente Informe de la ONU refiere que la desigualdad entre los ingresos de los países ricos y los pobres está aumentando y eso, a su vez, puede aumentar la desestabilización mundial. En 1950 la diferencia de ingresos entre un etíope y un europeo o estadounidense era de 16 veces, ahora es de 35. O la diferencia entre un nepalés y un norteamericano en 1950 era de 19 veces, ahora lo es de 27.

“La mayoría de los países más pobres se están quedando atrás en niveles más o menos parecidos”.

“El crecimiento de esta brecha contradice la teoría de que las diferencias entre los ingresos se reducirían a medida que la economía mundial se integrase más”.

"El aumento de la desigualdad en el mundo se puede explicar en parte por el proceso de globalización (...) por imperfecciones que caracterizan a los mercados mundiales y que se tratan de manera ineficaz por las políticas y las leyes mundiales”.

El informe parece retar esa teoría económica liberal, que argumenta que las rápidas aperturas de los mercados y las privatizaciones pueden acelerar la prosperidad de los países.

 

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) informa que la situación de hambruna en África Subsahariana se agudiza por día y habla de 12 millones de personas afectadas.

“A menos que se reciba una ayuda urgente de 185 millones de dólares, corren peligro 9,2 millones de persona, cinco de ellas en Malawi…En Angola, por ejemplo, la mitad de los niños está severamente desnutrida y gran parte de su tierra está minada y por tanto no puede cultivarse… Sólo en Luanda se necesitan 76 millones de dólares para alimentar a 2,9 millones de personas… El cono sur africano enfrenta, además, el resultado del alto índice de contagiados de VIH/SIDA y del creciente número de huérfanos, una carga adicional para las familias que luchan para enfrentar la escasez de alimentos…También se encuentran amenazadas por la hambruna miles de personas en Lesotho, Swazilandia, Mozambique, Zambia y Zimbabwe… En Kenya, según informes del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia, la sequía afecta a decenas de miles de niños y más de 20 mil se encuentran desnutrido…”

 

Y resulta que nos enteramos de que la UE, la ONU, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, INTERPOL y la Commonwealth ofrecieron su ayuda para que África luche con más eficacia contra el terrorismo” (El País, 26.5.06). Cualquier persona podría comprender que el verdadero terror en África lo produce el hambre que afecta a 460 millones de personas, la falta de agua potable de otros 300 millones, los 28 millones y medio de infectados por VIH y los 78 millones de niños sin escolarizar. De esta ayuda no hablaron.

Otra interesante ayuda es “La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) ha repartido varios televisores entre las comunidades más pobres de Haití para que sus habitantes vean juntos el Mundial de Fútbol”. Según el portavoz de dicho Organismo, “esas poblaciones necesitan sentir que juntos forman parte de ese acontecimiento internacional”. (El Mundo, 16.6.06)

El gobierno español ha aprobado créditos de ayuda a Senegal y Mauritania, que se cargarán a los Fondos de Ayuda al Desarrollo. ¿Por qué precisamente a esos países y en este momento? Fue una de las condiciones puestas por el presidente de Senegal para admitir la repatriación de 600 emigrantes supuestamente senegaleses llegados a Canarias. Del mismo modo, Mauritania aceptó hace tres meses a otros dos centenares. Durante la época de la esclavitud se pagaba por esas personas. Ahora ya no nos hacen falta, pagamos para que se los queden, como hacemos a las empresas para que se lleven el cristal, el papel o desperdicios biológicos. (El País, 17.6.06)

Estos son algunos ejemplos de las ayudas de países del Norte a las regiones empobrecidas. ¿Son estas medidas para combatir la hambruna y la pobreza en esas regiones?. Pues, ¡vaya ayuda!, y eso que no hemos hablado de la venta de armas… (1)

 

De nada sirve que andemos imaginando un mundo ficticio para poder ocultar nuestras vergüenzas. Todo lo que no sea mirar de frente y asumirlo no vale.

Nuestro Planeta está como está; su población es la que es, unos pocos viven y unos muchos malviven. De los 6.500 millones de habitantes, 3.000 millones viven en la pobreza y otros 1.200 millones en la absoluta miseria.

Parece natural que cada día mueran de hambre 100.000 personas, de las que 35.000 son niños menores de 5 años. ¿A cuántos derrumbes de torres gemelas equivalen?. Pues eso sucede a diario y sin hacer el menor ruido. Nadie llora ni se conmueve.

“Si el hambre es el principal factor de muerte precoz y vergüenza para la civilización del siglo XXI, ¿por qué no provoca movilización? Por una razón cínica: al contrario del terrorismo y de la guerra, del cáncer y de otras enfermedades, el hambre hace distinción de clase. Sólo alcanza a los miserables. Y en general, apoyamos campañas en beneficio propio. No siempre demostramos sensibilidad cuando se trata de derechos ajenos...

Combatir el hambre es un imperativo ético, un deber de ciudadanía y solidaridad, para que podamos sacar a la humanidad de esta prehistoria en que miles de millones de personas aún no tienen asegurado el derecho animal más elemental: comer.” (2)

 

d.t.

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(1)    Estos datos fueron recogidos y comentados por P. Serrano

(2)    Frei Betto